Una obra claustrofóbica que, jugando constantemente con las posibilidades del lenguaje del cómic, en ocasiones requiere de una lectura tan compleja como innecesariamente dura. Quiero decir, Raphaël ha intentado ser tan indie y underground que en muchas ocasiones la interpretación, creo, acaba perdiéndose en una vorágine de color y formas y manchas que, sin ponernos gafapasta, no acaban diciendo absolutamente nada. Ahora bien, la historia tiene su interés, aunque ya nos suena como a muy trajinado. Sin embargo, el contexto es lo suficientemente interesante como para que no se haga repetitiva.
Lo mejor, el tramo final, sin duda. Con una Hannah que explota y revela su verdadero rostro, su auténtico cometido.
Eso sí, tanto espacio abierto, tanta charla tóxica, requiere de santa paciencia y cierto esfuerzo por el lector.
Pese a todo, una obra recomendable que, por lo menos, trata de ofrecernos algo distinto en el panorama comiquero. Y eso, oye, siempre hay que aplaudirlo.