3,5 ⭐️.
«—Pero tú siempre has dicho otra cosa, Grisha. Que aquel que se acercaba a la belleza, se moría.
—Oh, no... —Grigori se emocionó—. No sé nada. No me hace falta pensar y reflexionar. No me hace falta ninguna teoría ni conclusión... ¿Qué más da que me haya contradicho? Me da igual. ¿Acaso no siento y me alegro del sol y quiero a mis amigos, y el alcohol? ¿Acaso el temblor de los árboles bajo la lluvia no me conmueve? No me hace falta nada más... nada de nada. ¡¿Entiendes lo que significa «nada»?!
»Víctor, ¡vive! Seremos descuidados, viajaremos, seremos alegres, estaremos ebrios. Y si no, trabajaremos...»