En 1975 el municipio costero de Castro Urdiales fue aterrorizado por un asesino en serie apodado «El Asesino de la Cruz». La pesadilla terminó cuando la inspectora Amaia Molina logró capturarlo.
Veinticinco años después, dos cadáveres aparecieron con un patrón similar al de aquellos asesinatos. ¿Se tratará de un cómplice que nunca fue descubierto o de un imitador obsesionado con revivir el horror del pasado?
De nuevo, la autora ha conseguido que me sumerja de lleno en la obra, narrada en dos épocas también, consigue a través de sus muy bien construidos personajes y una buena ambientación, trasladarte a Castro Urdiales y vivir de primera mano la resolución de un crimen que ya se creía cerrado. Con un giro final de lo más refrescante. Recomendadísimo.