Tenía una deuda pendiente con este libro, que me fue regalado por los tutores en el curso 2010-2011 y al que no presté atención alguna durante estos seis años. Es fácil, muy fácil de leer y siempre lo tuve ahí, cogiendo polvo y sin abrirlo, a saber por qué. Quizá fuese porque mi intuición es sabia y veía venir que no me iba a gustar.
Libro inverosímil, que comienza muy, muy bien, prometiendo, con una trama que se urde bien y luego poco a poco va perdiendo fuelle. Un niño traidor más repelente que un insecticida le fastidia la vida a un alumno promedio que no sufre discriminación en una Al-Ándalus que se pinta como un paraíso que realmente no era y donde moría más gente que la que aquí sale dando palmas por ser de otra religión. De la nada se lo llevan a Cataluña como quien no quiere la cosa, donde monjes y monjas se dan fiestorros del quince juntos -hablamos del año 960 aproximadamente- y él conoce a una monja descendiente de los condes catalanes que odia su vida (xd) y se prenda. Él, obviamente, enseña todo lo aprendido con los musulmanes en Córdoba y nadie le dice nada (con un buen par). De la nada, aquellos de quienes se hablaba en Córdoba y con quienes coincidió el personaje aparecen en el mismo monasterio de los cientos que había en el que destinan al protagonista. Allí más o menos se granjea la amistad de los colegómenos hasta que un tío peor que Hitler y por el que casi le meto un cerillazo al libro se pone a despotricar porque (ALERTA TOPICAZO), los números están mal y la ciencia peor y la Iglesia es buena porque (!) y no existe más ciencia que DIOS. De la nada surge la figura del rey de los francos que quiere joder a nuestro personaje y su amada -como si no tuviese guerras que librar- y cuando se soluciona, a las diez páginas, está Míster Hitler dando la brasa al Arzobispo de Narbona (que aparece por arte de magia). Como solución, el protagonista decide raptar en pleno monasterio a su amada (nadie hace nada, qué curioso) y convencerle a su abad de que lo case con dos pelotas. Y de ahí el abad ya le tiene preparado un mapa para irse de Cataluña al Reyno (entiéndase la ortografía) de Navarra. Aquí ya todo se ha tornado psicodélico y esperas ver qué pasará, porque a todas estas, los padres del protagonista siguen en Córdoba sin catarse de qué chichas le está pasando al vástago. Y ves 'epílogo'. Celebras porque por fin te enterarás de algo, pero ¡SORPRESA! Solo te dicen que la palma el abad, el ayudante, que fracasan trayendo las matemáticas a Roma, sale de la nada Fibonacci (no, si de Míster Jagger es digno el libro) y después su colega se hace Papa.
El peor libro que pude leer este año. Una mezcolanza extrañísima de historias que duran cinco páginas y cada vez más imprevisibles. Endulzado por los profesores y derribado en un día.