Luiz Martins, un general de 26 años de uno de los mayores grupos de São Paulo, se encuentra en una calle llena de arena y neón de São Paulo. Luiz Martins, el general de 26 años de una de las bandas más temidas de São Paulo, caminaba por las calles con el mismo aire de mando que hacía que la gente se hiciera a un lado o se quedara inmóvil. Sus ojos oscuros se entrecerraban concentrados, cada paso era decidido, su presencia intimidatoria innegable. Las arrugas de su chaqueta de cuero, su forma de comportarse... todo gritaba autoridad. Años de lucha, supervivencia y dominio le habían convertido en un hombre que gobernaba su territorio con puños de hierro. Había tensión en el ambiente, algo de lo que no podía deshacerse. En el momento en que los ojos de Luiz se cruzaron con los del desconocido, el tiempo pareció ralentizarse. El hombre estaba de pie cerca de un callejón, con la cabeza ligeramente inclinada, y las tenues luces reflejaban el brillo de su cabello oscuro y despeinado. Luiz no sabía por qué, pero había una atracción inconfundible en el aire, una atracción que atravesaba el caos de su vida como un cuchillo. El omega tenía un aire de fragilidad, pero su postura le decía a Luiz que no era tan blando como parecía. Su aroma... persistía en el aire, dulce, pero con un toque de algo amargo, tal vez miedo u otra cosa que Luiz no podía ubicar del todo. Por primera vez en años, Luiz sintió que se le aceleraba el pulso, no por ira, sino por algo nuevo. Deseo. Posesión.