Íntima, sobrecogedora, abrasadora, en Una nota de fuego y nada más —ópera prima de Elena Piedra— se exponen las dolorosas motivaciones de un crimen, más trágico aún pues se asienta en el seno familiar y en el espinoso lazo de la maternidad.
Desde que la palabra incendio irrumpió en su cabeza, Fernanda —una joven que nunca pudo tener una relación sana con su madre— no ha podido pensar en otra cosa. Avivado por una historia familiar de silencios y rencores, un ímpetu homicida poco a poco cobra forma dentro de su cabeza y el fuego se revela como el único camino hacia la libertad. Años atrás, abuela, madre, tías y primas eran su mundo entero, pero ahora urdir el modo más efectivo para acabar con ellas no le genera ningún cargo de conciencia. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar para arrancar de raíz el dolor que nos provocan las acciones de quienes más queremos?
Esta novela se centra en varias generaciones femeninas, temas de abandono y miedos, crudeza y violencia, toca fibras sensibles, situaciones que te confrontan, representan las diferentes maternidades, es un libro muy reflexivo sobre las relaciones familiares que te mantiene pensando en qué va a pasar. 100%recomendable. Vale la pena leerlo.
Esta novela es un tríptico: la trama de la ideación y la planeación de un incendio que pretende ser liberación, un conjunto de retratos de varias mujeres de una misma familia, un boche de cartas con una destinataria que se va desdibujando.
Hablar sobre la violencia en las relaciones entre mujeres familiares es un arrojo. Una piedra en el zapato. Incómoda, pero necesaria. Es poner el dedo en la llaga. Este libro lo hace. La autora utiliza varios recursos formales para darnos una mirada trenzada sobre el paso del tiempo en la CDMX y su desgaste en los cuerpos que la habitan y en las relaciones que entre ellos se forman.
Nos invita a pensar en las sombras que heredamos, de los dolores, los enojos, los silencios. Nos hace mirar hacia adentro y preguntarnos si incendiarlo todo no es la única solución para lo que somos.
Nuestro comportamiento y nuestras actitudes en la vida vienen determinadas por unas condiciones genéticas pero sobre todo por las experiencias vividas y aprendidas de nuestro entorno, hay en ellas una historia natural que se arrastra desde a saber cuantos cientos de años. Perpetuamos esas infelicidades familiares, repetimos los errores de nuestras madres, de nuestras abuelas, y en general culpamos a la vida y a los demás de todo lo que nos pasa. La autora, la protagonista de esta historia ha detectado en su familia las heridas que las mujeres una detrás de otra se han ido pasando de generación en generación y han repetido conscientes o no de hacerlo, y culpando a la vida de su mala suerte. Detectar, aprender y cambiar el rumbo es algo complicado, nuestra mente busca los caminos conocidos, no le gusta enfrentarse a la incertidumbre, ni a lo nuevo, en general. Aceptar que está en nosotros corregir la trayectoria es mas complicado que quemarlo todo. El fuego purifica, limpia, convierte en ceniza y hace desaparecer la presencia de lo que alguna vez ha sido.
Lo arriba expuesto es más o menos lo que quiere poner de relieve la autora en el libro. Las historias de las mujeres de su familia son como pequeños relatos independientes enlazados todos ellos por un código genético, o tal vez, simplemente por un patrón comportamental tan enraizado que solo el fuego que un miembro familiar consciente es capaz de provocar para purificar o eliminar y que no se propague más en el tiempo. Liberar a futuras generaciones de las herencias pasadas. Coincido con la autora en las apreciaciones del tema. Me parece un libro muy interesante para invitar a la reflexión y analizar en nuestras familias de donde vienen ciertas conductas y aunque lo del fuego me parece extremo en su sentido literal, solo el fuego en su sentido figurativo puede aniquilar para volver a empezar de cero .
Las mujeres, y también los hombres como no, deberían leer este tipo de libros para ser conscientes de donde vienen las conductas, las tristezas, las lágrimas, los comportamientos que no se entienden. Es una anamnesis que deberíamos conocer para corregir la trayectoria a tiempo .
Muy difícil es romper los paradigmas y las costumbres con las que nos hemos formado en nuestra vida; incluso muchas veces se viven situaciones familiares que pueden llegar a sobrepasar nuestra tolerancia y provocan un sentimiento de impotencia, decepción, dolor, coraje y hasta rencor, pero... ¿De qué es capaz una persona para eliminarlas de su vida?
Todos estos sentimientos y más, son los que tiene Fernanda hacia su familia, en especial hacia las féminas de la misma, al reconocer en ellas actitudes que le han hecho daño.
Buscando sanar sus heridas, la protagonista organiza una reunión para celebrar el Día de la Candelaria, junto a su madre, su abuela, sus tías y sus primas, para darle solución al dolor y distanciamiento que existe entre ellas y así librarse de la toxicidad del pasado.
Destacando la complicada relación que tiene Fernanda con su madre, la autora nos recuerda la complejidad en las relaciones maternofiliales y lo que mucho se dice de que a veces es necesario romper con los lazos familiares, aunque duela, para poder evadir la destrucción personal que pudiera generarse por estas relaciones y avanzar y crecer como persona.
El elemento fuego que incluye la autora, en esta que es su ópera prima, podría interpretarse como destrucción, pero también como purificación y reconstrucción.
Una historia fuerte, triste y desgarradora que refleja la complejidad de la maternidad, el deseo de liberarse del peso de las heridas de la infancia y de los rencores albergados que destruyen el alma.
he tenido la fortuna de encontrarme con historias que resuenen en lo más profundo de mi ser, historias que no sólo me incomoden o provoquen alguna reacción viceral en mi, sino que en verdad me destruyan cada parte de mi ser y esta es una de ellas. Esta es una historia demasiado personal, así que puede que no resuene de la misma manera para todos, pero lo que más me gustó y destruyó al mismo tiempo, fue que la protagonista (Fernanda) todo el tiempo se está cuestinando la relación que tiene con las mujeres de su familia: la vida de la abuela, la relación que la abuela tiene con sus hijas, la dinámica que siempre existió entre Fernanda con sus tías y la comida, pero sobretodo, la relación de Fernada con su madre y quizás esto sea la clave de todo. Qué es lo que pasa con tu mente y tu cuerpo cuando comienzas a cuestionarte la forma en la que fuiste criada, cuando te percatas que las mujeres que decías conocer no son realmente como creías ser, que la maternidad no es un privilegio que cualquiera deba tener y que la "realidad" que conocías nunca existió. Para mí esta historia me hizo ver una realidad que, posiblemente siempre estuvo ahí, pero que mi ceguera selectiva ignoraba profundamente. Insisto en que es una historia muy personal que puede o no reduene contigo, pero que definitivamente debes leer.
Esta novela explora la violencia familiar a través de generaciones y la búsqueda de la libertad mediante el fuego, un símbolo de destrucción y de renovación. La novela aborda temas profundos: violencia familiar, maternidad, búsqueda de libertad, el dolor y el rencor. la historia de Fernández también una reflexión sobre la construcción de la identidad personal a partir de las experiencias vividas y las memorias familiares
me gustó muuuucho el elemento de fuego en toda la novela, la escritura de Elena también, sin embargo sentí muchos huecos en la historia y poca claridad en el desarrollo de los traumas y las heridas en torno a la familia.
Una nota de fuego y nada más cayó en mis manos como recomendación: “lectura ágil y nutrida, de una autora contemporánea con alto potencial”. Puedo decir que no encontré ninguna objeción contra dicho juicio.
De entrada, el libro resulta atractivo por su sinopsis —¿quién no ha tenido la tentación de prender fuego a su familia?—, claro está, en sentido figurado, como sin duda lo pensó Elena Piedra.
El relato expone con acierto el trauma generacional y muestra cómo éste se inmiscuye, tanto vertical como horizontalmente, en los recovecos de la estructura familiar. A través de relatos aislados se muestra la corrosión que las heridas, principalmente maternales, han causado en cada personaje y en sus interrelaciones. Si bien la temática es abordada desde una perspectiva preponderantemente femenina, considero que su esencia es extrapolable al lector masculino.
Aplaudo una narrativa que incorpora recursos estilísticos notables y anotaciones precisas acerca de la psicología de la protagonista. Sin embargo, pienso que el texto falla en retratar la complejidad del conflicto interno y la fuerza pasional que debió llevarla a tomar una decisión de tal calibre. Algunos detalles mermaron también mi percepción de verosimilitud en la historia; por ejemplo, la gasolina puede extraerse directamente del tanque de un automóvil.
Mi balance: un libro que disfruté y que me permitió conocer a una autora con la que espero reencontrarme en próximas lecturas.
La autora tiene un gran tallereo con esta novela que no tiene ni un error. Tan bonito está trabajada que para mi se le olvidó ponerle corazón, entraña, rabia, venganza. Una protagonista poco confiable en todo lo que cuenta porque solo escuchamos la versión de una adulta que no puede perdonar a a es mamá llena de frustraciones por las infidelidades de un papá, de una familia disfuncional, pero no tan disfuncional como para ser extraordinariamente disfuncional...
Hay una promesa de venganza, de cometer un crimen contra todo ese linaje femenino que a ella, en su cabeza, le ha hecho tanto daño, la autora nos va contando la historia de cada una de las tías sin que ninguna historia tenga nada relevante ni tampoco nos da muestra de las debilidades o pasiones de cada tía. Yo terminé de leer el inre y me pregunté ¿bueno, pos qué pasó, por qué las odiaba tanto, qué le hicieron? y me lo seguiré preguntando porque nunca lo respondió.
Este libro tiene muchos temas que pudieron ser explotados y quemados (como la casa) de diferente manera.
Una protagonista plana, sin personalidad y tomando una decisión que cambia el futuro de todo un linaje y siento yo que sin razones tal reales como para hacer lo que hizo.
Gracias al Club de Lectura escuchamos a la autora y entendí razones por las cuales la historia es de este modo. Aunque como bien lo externamos muchas... esperábamos ver arder y que el final de este libro nos diera más detalle e información del desenlace de estas mujeres
La premisa me atrajo mucho, pero debo aceptar que no terminé de conectar con la protagonista, con sus motivaciones, hasta cierto punto la sentí exagerada en sus razones, entiendo las imperfecciones de las relaciones familiares y como eso genera resentimiento pero al final no sentí que eso justificara nada. Me gustó la escritora y espero ver su futuro trabajo que yo creo irá mejorando bastante
Esta novela es la ópera prima de Elena Piedra, la conocí sin tener una referencia anterior, y al dedicarme su libro me escribió lo siguiente: “… espero que esta historia les incendie y les mueva hacia nuevas formas de entender la familia y el cuidado.”
“Una nota de fuego y nada más”, no es simplemente una novela sobre el dolor familiar: es una combustión emocional, escrita con una prosa íntima y abrasadora, Piedra nos introduce en la mente de Fernanda, una joven atrapada en una red de vínculos maternofiliales que, lejos de nutrir, asfixian. El fuego, en esta historia, no es solo literal: es símbolo, es método, es lenguaje.
Piedra se suma a una corriente de autoras latinoamericanas que utilizan la autoficción para explorar lo íntimo como espacio político. Como lo hiciera Lucia Berlín en los años 90, Piedra convierte lo cotidiano en universo literario, porque esta novela no busca héroes ni villanos; más bien, muestra cómo las mujeres de distintas generaciones son producto de una sociedad que impone roles y vínculos no siempre sanos. La relación entre Fernanda y su madre, paralela pero distante, es reflejo de muchas relaciones reales que se sostienen más por la costumbre que por el afecto.
La novela cuestiona los vínculos familiares desde una perspectiva femenina, como lo hicieran autoras como Sylvia Plath o Elena Ferrante solo que Piedra lo hace desde una óptica mexicana contemporánea, donde el fuego purifica en vez de destruir, Fernanda, la protagonista, planea un incendio en Ciudad de México, sí, pero es un acto de liberación.
No es que descubra el hilo negro, en muchas cosmovisiones mesoamericanas, el fuego era un elemento de renovación, como en el rito del “Fuego Nuevo” de los mexicas, que marcaba el fin de un ciclo y el inicio de otro. Me imagino que este incendio literario tuvo su costo, Elena Piedra confesó que fue físicamente agotador sumergirse en la mente de Fernanda, resaltar el carácter poético y simbólico del fuego como nota, como marca, como cicatriz, debe dejar sus cenizas en la mente de la escritora y Elena Piedra no escribe: incinera.
Una nota de fuego y nada más es como una cerilla encendida en una habitación llena de recuerdos húmedos: no busca iluminar, sino evaporar. Es una novela que no se lee, se quema, el fuego es metáfora, herida y redención. Y en sus cenizas, el lector encuentra algo más que literatura: encuentra la posibilidad de empezar de cero.
Parte de mí deseaba ver el encontronazo, pero creo que así estuvo mejor. Este se ha convertido en uno de mis libros favoritos sobre cargar traumas que no nos pertenecen, particularmente los que provienen de los miembros femeninos de la familia. El coraje reprimido en la voz de la protagonista fue muy real, la desesperación entrelazada con una infinita necesidad de amor y ternura.
Relacions familiars i traumes i ferides hetetats. Una història ben muntada amb un ritme molt ràpid. Com interpretam que l'única que hagi quedat fora de la traca final sigui la mare?
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