Julio Cortázar siempre fue un escritor no convencional.
Como todo lector sabe, "Rayuela", su obra maestra, rompe los cánones normales de escritura y lectura para legarnos un libro único, con tres historias en una y desordenadas en aleatorios capítulos que se entrelazan por un tablero de navegación, aunque también se puede leer en forma lineal, pero que todos dejan para una segunda lectura, porque, ¿quién quiere leer un libro en la manera tradicional cuando el autor nos lo propone abordarlo a modo de un original juego infantil? Tomamos el cuadro de navegación (aunque si quisiéramos no seguir ningún orden, también podríamos obviarlo) y comenzamos a leer la novela.
Este es un sistema utilizó con algunos cambios para escribir otra novela innovadora: "62/Modelo para armar". Y siempre experimentó.
Escribió "Historias de Cronopios y Famas", ese maravilloso de seres imaginarios con total conexión directa a la realidad y también “El libro de Manuel”, en el que enlaza la literatura y la política a fuerza de narraciones y recortes periodísticos.
En el caso de "Un tal Lucas", su ánimo de explorar en la literatura sigue expandiéndose y lo desarrolla en este libro que puede leerse de cualquier manera, sin necesidad de un tablero de navegación, de atrás hacia adelante o desde la mitad o como uno quiera.
Y en eso reside lo maravilloso de la literatura de Cortázar. Esa forma maravillosa de jugar "con" el lector y no "a costa del" lector.
Otro aspecto único en la prosa de Julio es incluir los díalogos en medio del texto, a medida que va narrando una situación y sin guionarlo ni encomillarlo para que uno lea todo de corrido en el mismo cuerpo del párrafo: "Amarillo, reflexiona Lucas en voz alta, y eso al mismo tiempo es una orden, mejor con el amarillo que es un color dinámico y entrador, y vos qué estás esperando. Sí señor en seguida."
Algunos apartados son realmente hilarantes, ocurrentes, originales, irreverentes. El libro es un flujo constante de pensamientos desordenados, historias de lo cotidiano que llevó a la perfección, de filosofía porteña bien de barrio, desnudador de intimidades familiares, narrador de aspectos fragmentarios de la vida de Lucas que me hicieron reír, interesarme o detenerme a releer algunos como "Lucas, su nuevo arte de pronunciar conferencias", "Destino de las explicaciones", "Lazos de familia" (me hizo reír a carcajadas), "Un pequeño paraíso", "Amor 77", "Diálogo de ruptura" (una invención literaria maravillosa de Cortázar) y "Lucas, sus sonetos". En éste último, Cortázar inventa el "Zipper Sonnet", un soneto "cierre relámpago", porque puede leerse de arriba hacia abajo y viceversa.
Lo transcribo porque es maravilloso:
De arriba abajo o bien de abajo arriba
Este camino lleva hacia sí mismo
Simulacro de cima ante el abismo
Árbol que se levanta o se derriba
Quien en la alterna imagen lo conciba
Será el poeta de este paroxismo
En un amanecer de cataclismo
Náufrago que a la arena al fin arriba
Vanamente eludiendo su reflejo
Antagonista de la simetría
Para llegar hasta el dorado gajo
Visionario amarrándose a un espejo
Obstinado hacedor de la poesía
De abajo arriba o bien de arriba abajo.
Ahora, léanlo desde la última línea hasta la primera. Éste fue Julio Cortázar. Único, distinto, original, que no transó nunca con los convencionalismos y que desacralizó la literatura, la hizo divertida e irreverente y generó esta legión de fieles cronopios que tanto lo leemos y admiramos.
Un escritor fuera de serie que me recuerda mucho a Nestor Fuertes, un escritor amigo mío, de lustrosa reputación…