Sonia, Nata, ya no es la chica marginada y olvidada de la clase. Tras superar su timidez y hacerse valer ante sus compañeros, sabe que este curso será muy distinto. Además, en su clase estará Juan, Chocolate, su gran amigo. Pero los problemas volverán al aula, en este caso para Pedro, otro de los compañeros de Sonia. El chico falta mucho a clase y llega desaseado y sin libros. Nata decidirá investigar y descubre que Pedro y su madre sufren malos tratos por parte del padre de este. La niña pedirá ayuda a su padre, que intervendrá junto a la madre de Juan para tratar de salvarlos antes de que sea demasiado tarde.
En esta segunda parte, cambiamos de enfoque. Ya no se tratan temas como el bullying o la discriminación, sino que nos centramos en la vida de Pedro, compañero de Sonia y Juan (Nata y Chocolate), cuya madre está sufriendo violencia de género por parte de su padre y él sufre una especie de violencia vicaria en consecuencia. Utilizo la palabra “especie” pues, en ningún momento, se especifica que los maltratos del padre a su hijo sean con el objetivo de herir a su madre.
¿El problema? Todo se toca de manera superficial. Entiendo que no sé especifiquen ciertas situaciones o aspectos porque es un libro dirigido a niños y niñas del tercer ciclo de Educación Primaria. Pero llega a perder el sentido y no logras conectar ni con la historia, ni con los personajes, a diferencia del primer libro.
A mis alumnos, les ha gustado muchísimo menos que el anterior. Creen que ciertas situaciones las han metido con calzador, hay personajes que no llegas a entender por qué se han incluido (Pierre) y, sobre todo, han mostrado un descontento unánime hacia ese final tan abierto.
Ha sido un verdadero chasco, porque queríamos ver como avanzaba la relación de amistad de Nata y Chocolate y nos hemos encontrado una historia totalmente distinta, donde casi todo lo anterior parece quedar en un segundo plano.