He de decir que soy una gran fan del género dramático. También he de confesar que el 95% de mis lecturas son novelas. Que Gare haya conseguido una fusión tan lograda de ambos géneros en Comedia Española es, sin duda alguna, lo que más me ha gustado de su obra. Con un índice típico del teatro, así como una lista inicial de personajes principales y secundarios, Gare inicia la historia de Concha y de varios adolescentes, todo girando en torno a un IES en Granada. La trama se desarrolla en actos y entreactos, con prosa que alterna con diálogos puramente teatrales. La estructura está perfectamente armada, los actos genialmente hilados, y los saltos en el tiempo y en las voces funcionan muy bien, haciendo que la lectura enganche de principio a fin. Quizás, cuando comencé a leer, me costó un poco la falta de profundización en los personajes, pero creo que se debe a la inercia de leer como si se tratara de una novela más o menos tradicional y a las expectativas que este tipo de texto genera. En primer lugar, hay que destacar que Comedia Española es una obra polifónica. Aunque al principio parezca más centrada en Concha, madre y gestora del AMPA, la narrativa se extiende a su familia, a su amiga Céleste, y a toda una coral de voces adolescentes, con los miedos, inseguridades, y groserías propias de la edad. Hay muchas voces y muchas perspectivas, girando todo en torno a un instituto. Todos los personajes tienen sus problemas y traumas y, de esta manera, Gare abre la puerta a muchas temáticas, desde la depresión y la salud mental, hasta el suicidio, el machismo, la culpa, la solidez (o falta de ella) de los vínculos y las preocupaciones personales. Pero al final se desprende una gran solead de cada uno de los personajes. La soledad, a mi parecer, permea toda la obra, que juega con ironía al representar a una supuesta comunidad – un instituto – compuesto por subcomunidades de madres, de AMPA, de profesorado, de estudiantes, de amigues… unas redes que, sin embargo, en lugar de generar un sentimiento de pertenencia y seguridad, aíslan a todas y cada una de sus integrantes.
Los toques de humor constantes son lo que le dan a la obra, en nuestro (mi) afán por clasificarlo y darle un nombre a todo, su lugar en la tragicomedia. Lo dicho: es muy trágica, hay amargura y soledad, pero también muchos toques de humor en la voz narrativa que denotan ironía y que quizás podamos pensar que relativizan, o que equilibran, una obra que de otro modo sería del todo trágica y pesimista. Sin embargo, a mí me parece que subrayan y acompañan esa visión amarga de las relaciones y de los espacios que habitamos y en los que se desarrollan nuestros vínculos. También funcionan como un elemento distanciador: la lectora puede sumergirse en los problemas y tragedias de los personajes, pero los comentarios irónicos y humorísticos generan una especie de distancia que nos devuelve la conciencia de que estamos leyendo, de que el texto es ficción, una construcción, funcionando así como un recurso metanarrativo. Este elemento sirve para destacar la performatividad, de lxs actorxs/personajes de la obra. Son voces estridentes, performáticas, sencillas, con opiniones claras dentro del universo narrativo, y también performativas fuera de él. Con esto último me refiero a que los personajes funcionan simbólicamente, como en muchas obras teatrales, y de ahí su profundidad, pues cada lectora puede atribuirles tanto como quiera y construir un background más abierto que el que puede ofrecer una descripción sólida y cerrada. Aún así, Comedia Española no carece de descripciones o reflexiones: la descripción del estudio de yoga y de sus clases, es muy buena, y la descripción del abandonado Neptuno también completamente on point. Creo que, al final, al menos en mi caso, esta obra me deja con ganas de vivir más, de empatizar, de ser consciente de las redes que creamos y deshacemos a nuestro alrededor, de comprender que muchos de los miedos que tenemos también los comparten otras personas – o quizás tengan otros completamente distintos, pero en cualquier caso, me deja con ganas de entender y de conectar con la vida real. Quizás por eso la novela de Gare se podría decir que se inscribe en esta nueva ola de la New Sincerity, que busca menos complejidad y juegos literarios, y más empatía, más conexión con la realidad en la que vivimos, y particularmente con la realidad granadina, que Gare pinta exquisitamente y que deja con ganas de leer más.