Bárbara sabe que cruzar la línea sería un error. Carol está dispuesta a probarle que algunos errores valen la pena.
Bárbara Rivas siempre ha tenido el control. En la oficina, en su vida, en cada maldita decisión que toma. Perfeccionista, implacable y con una mirada que podría congelar el infierno, nada ni nadie la saca de su zona segura. Hasta que llega Carol Méndez.
Descarada, encantadoramente insoportable y con una sonrisa que promete problemas, Carol no conoce la palabra “límites”. Y si hay algo que la divierte más que hacer su trabajo, es ver cuánto tarda su jefa en perder la compostura cuando está cerca. Lo que comienza como un juego de miradas y tensión acumulada se convierte rápidamente en algo más. Algo peligroso. Algo que ninguna de las dos esperaba… pero que ambas desean.
Y cuando la tentación es tan fuerte que se vuelve inevitable… ¿Quién de las dos cederá primero?
Esta novela me dejó sin aliento, con el pecho apretado y el alma enredada entre miradas, caricias contenidas y frases que aún resuenan. Me identifiqué profundamente con Bárbara: esa mujer que prioriza su carrera, que esquiva lo que duele, que huye antes de sentir demasiado. Pero hay amores que te confrontan, que no entienden de horarios ni de planes. Amores que, como Carol, llegan a romper todas tus reglas. Y eso me recordó a mi historia. A cuando creí tenerlo todo bajo control… hasta que llegó mi esposa (que es quien me saca de mi zona de confort). Rápida lectura, la leí mientras estaba en el avión y debo decir que no pude parar.
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