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Melodías de Auschwitz
«Éste no es un libro sobre la música. Es un libro sobre la música en un campo de concentración nazi.» Simon Laks
«Hombres que son capaces de llorar escuchando música, ¿pueden ser capaces de cometer tantas crueldades sobre el resto de la humanidad? Hay realidades en las que no podemos creer. Y sin embargo... »
Simon Laks, compositor y violinista profesional, se convirtió en director de una orquesta... la de Birkenau-Auschwitz II. Su relato es una punzante interrogación acerca del papel de la música en la infernal empresa de exterminio. ¿Cómo «la más sublime expresión del alma humana» ha precipitado activamente a los prisioneros a su fin?
Un capítulo de la historia de la música que ningún historiador escribirá nunca. Únicamente esos dedos durante mucho tiempo estirados sobre el arco que tiembla pueden, sesenta años más tarde, coger una pluma para expresar ese drama.
«Hombres que son capaces de llorar escuchando música, ¿pueden ser capaces de cometer tantas crueldades sobre el resto de la humanidad? Hay realidades en las que no podemos creer. Y sin embargo... »
Simon Laks, compositor y violinista profesional, se convirtió en director de una orquesta... la de Birkenau-Auschwitz II. Su relato es una punzante interrogación acerca del papel de la música en la infernal empresa de exterminio. ¿Cómo «la más sublime expresión del alma humana» ha precipitado activamente a los prisioneros a su fin?
Un capítulo de la historia de la música que ningún historiador escribirá nunca. Únicamente esos dedos durante mucho tiempo estirados sobre el arco que tiembla pueden, sesenta años más tarde, coger una pluma para expresar ese drama.
140 pages, Paperback
First published January 1, 1979
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Displaying 1 - 3 of 3 reviews
January 7, 2023
“Los hombres que aman tanto la música, los hombres que lloran al escucharla, ¿acaso son capaces de hacer tanto mal, de hacer el mal simplemente?” ~ Música en Auschwitz de Simon Lark.
¿Cómo se puede compaginar en la misma frase música y Auschwitz? La verdad es que difícilmente se me pasa por la cabeza cómo se puede sobrevivir al horror de los campos de concentración nazis pero aun me resulta más complicado visualizar un entorno musical en ellos.
Simon Laks, compositor y violinista, fue un superviviente de Auschwitz y en su caso considera que fue gracias a la música. Gracias a sus conocimientos musicales recaló en la orquesta del campo de concentración –sí, los nazis montaron orquestas en medio de aquel horror– pero aun así, pertenecer a la misma no le eximía del riesgo de acabar en una cámara de gas. Pero la música le permitió alejarse del trabajo físico que erosionó tantos cuerpos mal alimentados y enfermos.
Este libro, que realmente son dos, recopila Músicas de otro mundo, escrito con René Coudy, y Melodías de Auschwitz del que Simon Laks es autor. Los dos cuentan la historia de la orquesta en el campo, con ligeros matices y también en distinto tono –el primero más ligero, tanto que parece que peca de difuminar la dureza de los hechos que allí se vivieron–.
Además incluye la aclaración de su hijo sobre ambos libros, otra explicación del propio Simon Laks y su biografía. Una obra que, aunque por momentos me ha resultado un poco repetitiva, aflora esa controversia que he querido reflejar en la frase escogida para encabezar esta reseña. ¿Es posible amar la música hasta el punto de necesitarla para vivir y cometer semejantes horrores?
Para mi es, además, una nueva visión de la IIGM. Me pregunto qué sentirían los presos escuchando la música de la orquesta, ¿lo tomarían como un regalo?, ¿como una burla?, ¿como un factor más al sinsentido que estaban viviendo? Un libro más para reflexionar sobre esa capacidad de creación y destrucción del ser humano, el ser de las dos caras.
¿Cómo se puede compaginar en la misma frase música y Auschwitz? La verdad es que difícilmente se me pasa por la cabeza cómo se puede sobrevivir al horror de los campos de concentración nazis pero aun me resulta más complicado visualizar un entorno musical en ellos.
Simon Laks, compositor y violinista, fue un superviviente de Auschwitz y en su caso considera que fue gracias a la música. Gracias a sus conocimientos musicales recaló en la orquesta del campo de concentración –sí, los nazis montaron orquestas en medio de aquel horror– pero aun así, pertenecer a la misma no le eximía del riesgo de acabar en una cámara de gas. Pero la música le permitió alejarse del trabajo físico que erosionó tantos cuerpos mal alimentados y enfermos.
Este libro, que realmente son dos, recopila Músicas de otro mundo, escrito con René Coudy, y Melodías de Auschwitz del que Simon Laks es autor. Los dos cuentan la historia de la orquesta en el campo, con ligeros matices y también en distinto tono –el primero más ligero, tanto que parece que peca de difuminar la dureza de los hechos que allí se vivieron–.
Además incluye la aclaración de su hijo sobre ambos libros, otra explicación del propio Simon Laks y su biografía. Una obra que, aunque por momentos me ha resultado un poco repetitiva, aflora esa controversia que he querido reflejar en la frase escogida para encabezar esta reseña. ¿Es posible amar la música hasta el punto de necesitarla para vivir y cometer semejantes horrores?
Para mi es, además, una nueva visión de la IIGM. Me pregunto qué sentirían los presos escuchando la música de la orquesta, ¿lo tomarían como un regalo?, ¿como una burla?, ¿como un factor más al sinsentido que estaban viviendo? Un libro más para reflexionar sobre esa capacidad de creación y destrucción del ser humano, el ser de las dos caras.
December 24, 2022
Cómo reseñar un libro como este.
Simon Larks, músico de profesión, estuvo en cinco campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, hasta que llegó a Auschwitz II - Birkenau. Durante su permanencia en este último campo, sobrevivió como pudo pero tuvo la "suerte" de ingresar en la orquesta del campo, de la que llegó a ser su director durante un tiempo, lo que le proveyó una vida (dentro de las condiciones del campo) más llevadera que la de los presos comunes. A mí me ha resultado muy interesante leerlo porque me ha enseñado una dimensión de los campos que desconocía, como la importancia de la música (fundamentalmente para los alemanes). No podía de ninguna manera imaginar esto, me ha sorprendido muchísimo.
Pero si algo me ha interesado de este libro es la forma en la que Larks describe la forma en que ser músico le ayudó a sobrevivir. Los campos de concentración estaban divididos, según cuenta, entre los presos que vivían en condiciones deplorables, trabajaban hasta la muerte y pasaban un hambre y una sed indescriptibles... y los presos prominentes, de los que él tuvo la (relativa) fortuna de formar parte. En ninguno de los libros sobre la Segunda Guerra Mundial que he leído hasta ahora he visto una descripción tan clara de esta diferencia. Los presos prominentes eran aquellos que tenían unas condiciones más o menos dignas, no pasaban tanta hambre y no tenían que deslomarse en las minas o trabajos en el exterior, sino que tenían trabajos más livianos. Los músicos (algunos) formaban parte de ellos.
Esta obra consta de dos libros y de tres pequeños ensayos sobre los mismos. El primero de los libros - a mi juicio el que mejor se lee - fue escrito por el autor una vez abandonó el campo de concentración, con los hechos muy recientes. Por causas en las que no me detendré, Larks escribió un segundo libro en el año 1979 en el que narraba los mismos hechos que en el primero, pero centrándose más en la función de la música en el campo. El primer libro me sobrecogió. Hay que tener en cuenta que Larks soslaya prácticamente en su totalidad los horrores del campo para centrarse en otros aspectos pero, a pesar de ello, todo lo que cuenta es terrible.
Tengo que reconocer que el segundo libro me pareció un poco repetitivo. al fin y al cabo, cuenta la misma historia con algunos matices diferentes o cambiando algunos datos. Pero se me hizo un poco pesado leer prácticamente el mismo libro dos veces.
Por otra parte, comenta su hijo en el ensayo incluido al final que el primer libro no fue publicado porque se consideró que dulcificaba en exceso la imagen de los nazis y porque se presentaba a los presos como seres fríos desprovistos de sentimientos. Su hijo no está de acuerdo en absoluto con que el libro transmita esta visión. Sin embargo, tengo que reconocer que durante la lectura en muchas ocasiones tuve la sensación de que estaba "blanqueando" a los SS. La imagen que transmite de ellos no es, en general, la imagen a la que estamos habituados. El hecho de que su amor por la música les humanice y de que evite narrar los horrores cometidos, está presente a lo largo de todo el libro. En algunos momentos los describe demasiado amablemente. Me preguntaba durante la lectura si no tendría algo de Síndrome de Estocolmo, pero quién soy yo para juzgar.
El que presente a los presos como seres carentes de sentimientos (me horrorizó especialmente cuando describe que la llegada de nuevos presos que eran dirigidos directamente a la cámara de gas se veía entre los comandos que se encargaban de las maletas y los bienes como una oportunidad para obtener más objetos de valor con los que "organizar") entiendo que deriva de una necesidad pura y dura de supervivencia. Supongo que en un lugar así, o te olvidas de que eres un ser humano o mueres. Tienes que dedicar tus energías completas a sobrevivir a toda costa, y tener sentimientos complica la supervivencia.
En general, me ha resultado un libro interesante porque transmite un punto de vista para mi desconocido hasta ahora. Pero también me ha parecido un formato un poco repetitivo, por el hecho de que los dos libros que incluye son muy similares.
Simon Larks, músico de profesión, estuvo en cinco campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, hasta que llegó a Auschwitz II - Birkenau. Durante su permanencia en este último campo, sobrevivió como pudo pero tuvo la "suerte" de ingresar en la orquesta del campo, de la que llegó a ser su director durante un tiempo, lo que le proveyó una vida (dentro de las condiciones del campo) más llevadera que la de los presos comunes. A mí me ha resultado muy interesante leerlo porque me ha enseñado una dimensión de los campos que desconocía, como la importancia de la música (fundamentalmente para los alemanes). No podía de ninguna manera imaginar esto, me ha sorprendido muchísimo.
Pero si algo me ha interesado de este libro es la forma en la que Larks describe la forma en que ser músico le ayudó a sobrevivir. Los campos de concentración estaban divididos, según cuenta, entre los presos que vivían en condiciones deplorables, trabajaban hasta la muerte y pasaban un hambre y una sed indescriptibles... y los presos prominentes, de los que él tuvo la (relativa) fortuna de formar parte. En ninguno de los libros sobre la Segunda Guerra Mundial que he leído hasta ahora he visto una descripción tan clara de esta diferencia. Los presos prominentes eran aquellos que tenían unas condiciones más o menos dignas, no pasaban tanta hambre y no tenían que deslomarse en las minas o trabajos en el exterior, sino que tenían trabajos más livianos. Los músicos (algunos) formaban parte de ellos.
Esta obra consta de dos libros y de tres pequeños ensayos sobre los mismos. El primero de los libros - a mi juicio el que mejor se lee - fue escrito por el autor una vez abandonó el campo de concentración, con los hechos muy recientes. Por causas en las que no me detendré, Larks escribió un segundo libro en el año 1979 en el que narraba los mismos hechos que en el primero, pero centrándose más en la función de la música en el campo. El primer libro me sobrecogió. Hay que tener en cuenta que Larks soslaya prácticamente en su totalidad los horrores del campo para centrarse en otros aspectos pero, a pesar de ello, todo lo que cuenta es terrible.
Tengo que reconocer que el segundo libro me pareció un poco repetitivo. al fin y al cabo, cuenta la misma historia con algunos matices diferentes o cambiando algunos datos. Pero se me hizo un poco pesado leer prácticamente el mismo libro dos veces.
Por otra parte, comenta su hijo en el ensayo incluido al final que el primer libro no fue publicado porque se consideró que dulcificaba en exceso la imagen de los nazis y porque se presentaba a los presos como seres fríos desprovistos de sentimientos. Su hijo no está de acuerdo en absoluto con que el libro transmita esta visión. Sin embargo, tengo que reconocer que durante la lectura en muchas ocasiones tuve la sensación de que estaba "blanqueando" a los SS. La imagen que transmite de ellos no es, en general, la imagen a la que estamos habituados. El hecho de que su amor por la música les humanice y de que evite narrar los horrores cometidos, está presente a lo largo de todo el libro. En algunos momentos los describe demasiado amablemente. Me preguntaba durante la lectura si no tendría algo de Síndrome de Estocolmo, pero quién soy yo para juzgar.
El que presente a los presos como seres carentes de sentimientos (me horrorizó especialmente cuando describe que la llegada de nuevos presos que eran dirigidos directamente a la cámara de gas se veía entre los comandos que se encargaban de las maletas y los bienes como una oportunidad para obtener más objetos de valor con los que "organizar") entiendo que deriva de una necesidad pura y dura de supervivencia. Supongo que en un lugar así, o te olvidas de que eres un ser humano o mueres. Tienes que dedicar tus energías completas a sobrevivir a toda costa, y tener sentimientos complica la supervivencia.
En general, me ha resultado un libro interesante porque transmite un punto de vista para mi desconocido hasta ahora. Pero también me ha parecido un formato un poco repetitivo, por el hecho de que los dos libros que incluye son muy similares.
July 21, 2016
Otra de las tantas perspectivas de esa atrocidad, buen libro!
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