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Moderaditos (Serie ENDEBATE): Una defensa de la valentía política
En estas páginas, Diego S. Garrocho no arma una defensa de la prudencia ni de las buenas maneras en política, sino la constatación de cómo en un contexto atravesado por irracionales identitarismos y juegos de posición, la moderación es, sobre todo, un acto de valentía.
112 pages, Paperback
Published June 5, 2025
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Community Reviews
Displaying 1 - 19 of 19 reviews
September 9, 2025
Un amiguete viene un día y me dice que tiene un regalo para mí.
Como viejo zorro que soy, advertí que no se acercaba ninguna efeméride reseñable, así que desconfié... ¡Éste me va a pedir algo!
Con la esperanza de que mi amigo no me anunciara una inminente mudanza, quedé con él y apareció con el libro "𝗠𝗼𝗱𝗲𝗿𝗮𝗱𝗶𝘁𝗼𝘀" de Diego S. Garrocho Salcedo, un breve ensayo político muy interesante.
En él, el autor eleva la moderación a un acto de valentía en los tiempos actuales, entendiéndola no como tibieza, equidistancia o simple decoro en la argumentación de una idea, sino como contraste frente al actual fanatismo identitario que impera en la sociedad.
Un mundo cada vez más ausente de rigor y reflexión, donde el exceso —en este caso de información— nos ha llevado al 𝘀𝗲𝗱𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 y, de ahí, a la polarización.
Ya no se aplaude el conocimiento, sino el 𝗧𝗥𝗘𝗠𝗘𝗡𝗗𝗢 𝗭𝗔𝗦𝗖𝗔.
Ni es la política actual el lugar donde encontrar consensos y espacios comunes entre intereses contrapuestos. No. Es la imposición de unos sobre otros.
Pese al bajón de los tiempos actuales (que no invitan mucho al optimismo), es importante seguir reivindicando el 𝑺𝒂𝒑𝒆𝒓𝒆 𝑨𝒖𝒅𝒆 Kantiano: ¡Atrévete a pensar!
Pues eso, que os hagáis una infusión y os lo leáis.😊
Si no respondo, es que tengo que ayudar a mi amigo a subir un sofá a un tercero sin ascensor... 🥲
Como viejo zorro que soy, advertí que no se acercaba ninguna efeméride reseñable, así que desconfié... ¡Éste me va a pedir algo!
Con la esperanza de que mi amigo no me anunciara una inminente mudanza, quedé con él y apareció con el libro "𝗠𝗼𝗱𝗲𝗿𝗮𝗱𝗶𝘁𝗼𝘀" de Diego S. Garrocho Salcedo, un breve ensayo político muy interesante.
En él, el autor eleva la moderación a un acto de valentía en los tiempos actuales, entendiéndola no como tibieza, equidistancia o simple decoro en la argumentación de una idea, sino como contraste frente al actual fanatismo identitario que impera en la sociedad.
Un mundo cada vez más ausente de rigor y reflexión, donde el exceso —en este caso de información— nos ha llevado al 𝘀𝗲𝗱𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 y, de ahí, a la polarización.
Ya no se aplaude el conocimiento, sino el 𝗧𝗥𝗘𝗠𝗘𝗡𝗗𝗢 𝗭𝗔𝗦𝗖𝗔.
Ni es la política actual el lugar donde encontrar consensos y espacios comunes entre intereses contrapuestos. No. Es la imposición de unos sobre otros.
Pese al bajón de los tiempos actuales (que no invitan mucho al optimismo), es importante seguir reivindicando el 𝑺𝒂𝒑𝒆𝒓𝒆 𝑨𝒖𝒅𝒆 Kantiano: ¡Atrévete a pensar!
Pues eso, que os hagáis una infusión y os lo leáis.😊
Si no respondo, es que tengo que ayudar a mi amigo a subir un sofá a un tercero sin ascensor... 🥲
September 7, 2025
Es un ensayo interesante y útil en el contexto que vivimos hoy donde la polarización de la sociedad impera. La moderación es un acto de valentía, más allá de las buenas formas, el escepticismo sano, el respeto por el diferente y el abrazo a la incertidumbre, son herramientas imprescindibles para alejarnos de esta tendencia, tan dañina como tenemos hoy.
September 18, 2026
Me ha gustado bastante. El año pasado escribí un articulillo para el periódico de mi instituto en el que defendía la equidistancia con los mismos argumentos (pero menos referencias) que Garrocho presenta en su libro. Ahora me doy cuenta de que yo no quería equidistancia, sino moderación.
December 19, 2025
Diego Garrocho es un portento tanto como escritor como orador. Este ensayo, no obstante lo anterior, se queda un poco corto lo que no quita que lo haya disfrutado y me haya aportado mucho. Recomendable.
November 14, 2025
Lectura obligatoria para todo aquel que pretenda una contribución positiva a nuestra sociedad, para todo aquel que se sienta tentado por las musas del populismo, para todo aquel que pretenda llamarse a sí mismo periodista o político, o simplemente ciudadano comprometido con el futuro de la sociedad. Lectura obligatoria porque nos va la libertad y, sin ánimo de exagerar, también la vida en ello.
September 24, 2025
Una fantasía! Muy necesario, y muy sencillo de leer. Diego nos ha dado una lección que deberíamos aplicarnos a diario y en cualquier contexto de la vida cotidiana, profesional, personal, etc., pensamiento crítico y humildad!
February 2, 2026
Es un libro muy bien argumentado, filosofía, a la que yo no recurro muy a menudo.
Hay reflexiones y contrapuntos muy interesantes. Las dos estrellas es porque me cuesta pensar en la moderación como una opción política, quien no se posiciona es porque vive en el privilegio.
Aunque hay que reconocer que el segundo capítulo es bueno, sobre todo entorno a las referencias de la desinformación y la falta de criterio en general. Acertado y actual para dar pie a un debate que trata de ser profundo pero ignora el motor de la historia.
Hay reflexiones y contrapuntos muy interesantes. Las dos estrellas es porque me cuesta pensar en la moderación como una opción política, quien no se posiciona es porque vive en el privilegio.
Aunque hay que reconocer que el segundo capítulo es bueno, sobre todo entorno a las referencias de la desinformación y la falta de criterio en general. Acertado y actual para dar pie a un debate que trata de ser profundo pero ignora el motor de la historia.
September 23, 2025
Un ensayo muy oportuno y elocuente por su elegante argumentación a favor de la autocrítica, la discrepancia racional y la disidencia sensata. Frente al sectarismo y la polarización sobre los que no se puede construir nada estable, tolerancia valiente de formas diversas de entender la realidad, con el debate constructivo como premisa. Excelentemente escrito.
September 17, 2026
Interesante punto de vista, presenta una postura diferente ante la radicalización y polarización hacia la que va la sociedad actual.
September 18, 2026
Moderaditos é um ensaio pequeno que conseguiu uma coisa bastante irritante: fiz imensas anotações, discuti mentalmente com o autor durante quase todo o livro e, quando cheguei ao fim, fiquei com mais perguntas do que respostas. Talvez seja precisamente por isso que, apesar das muitas reservas, lhe dou três estrelas.
Concordo bastante com o diagnóstico de partida de Diego S. Garrocho. O debate público está profundamente degradado e seria demasiado cómodo culpar apenas as redes sociais, os algoritmos ou meia dúzia de magnatas tecnológicos. Os próprios meios de comunicação tradicionais e muitos dos seus protagonistas contribuíram para transformar a discussão pública num concurso de volume, certeza e indignação. Pensei imediatamente em certos espaços de comentário televisivo onde falar mais alto parece conferir uma estranha autoridade intelectual, cof cof Ireneu Teixeira cof cof Morgado cof cof. A ideia de que a polarização também é um negócio parece-me particularmente importante. Há dinheiro, audiências, votos e cliques a ganhar com uma sociedade permanentemente dividida em campos adversários.
Também concordo com Garrocho quando reconhece que existem momentos em que a moderação serve de desculpa para a cobardia. Há dilemas perante os quais a equidistância se torna moralmente muito difícil de justificar. Muita gente refugia-se numa suposta moderação para evitar assumir uma posição quando as circunstâncias exigem precisamente o contrário.
É a partir daqui que começo a afastar-me bastante do autor.
Garrocho propõe a moderação como princípio metodológico e percebo o que pretende: ouvir o adversário, admitir a possibilidade de erro, desconfiar das certezas absolutas e conservar alguma capacidade de mudar de opinião. Tudo isso me parece desejável. A minha dúvida é se, em determinados momentos, o livro não exige também uma espécie de moderação das próprias convicções. E aí já tenho mais dificuldade em acompanhá-lo.
Para mim, duas posições profundamente antagónicas podem coexistir e discutir de forma perfeitamente ordeira. Aliás, é precisamente aí que existe uma discussão interessante. Se todos chegarmos previamente moderados às nossas posições, limamos uma parte importante do conflito político e intelectual antes de a conversa sequer começar. Posso acreditar radicalmente em determinada ideia e, ainda assim, ouvir quem pensa o contrário, reconhecer bons argumentos, admitir dúvidas e tratar essa pessoa com respeito. A moderação que me interessa está no método, na escuta e na forma de argumentar. Não exige necessariamente que as conclusões a que chegamos sejam moderadas.
Por vezes, ao ler Moderaditos, fiquei com a sensação de que para ser verdadeiramente moderado seria necessário ter menos crenças ou mantê-las sempre numa espécie de estado provisório. Isso parece-me excessivo. Uma pessoa pode ter pensado demoradamente sobre uma questão, confrontado posições contrárias e acabado por formar uma convicção muito forte. Essa convicção não prova, por si só, qualquer incapacidade de reflexão.
Por isso, uma das passagens que mais me incomodou foi aquela em que Garrocho afirma que quem se define como militante de uma causa jamais poderá tornar-se um bom pensador ou um bom jornalista porque o militante, supostamente, já não duvida. Discordo profundamente. Um militante não deixa automaticamente de questionar, discutir ou rever as suas próprias ideias. Pode fazê-lo repetidamente e continuar a concluir que a participação numa determinada causa é a posição que considera mais justa. A militância pode produzir dogmatismo, evidentemente. Também pode ser precisamente o resultado de alguém ter pensado, duvidado e, depois disso, decidido que ficar de fora deixou de lhe parecer aceitável.
O mesmo acontece quando o autor escreve que o antifascismo ou o anticomunismo são acontecimentos subsidiários daquilo que procuram combater. É uma formulação que me parece excessivamente redutora. Uma posição política construída em oposição a determinada ideologia pode conter princípios próprios, valores positivos e uma conceção autónoma da sociedade. A origem relacional de uma ideia não a condena necessariamente a viver intelectualmente dependente daquilo que combate.
Garrocho questiona também a capacidade do tradicional eixo esquerda-direita para explicar a política contemporânea e dá exemplos de posições que podem surgir em campos ideológicos diferentes. A observação é interessante, mas também aqui fiquei com algumas reservas. Um socialista e um cristão-social podem, por exemplo, chegar à mesma posição sobre o aborto e isso pouco nos diz, isoladamente, sobre a proximidade política entre ambos. Podem defender exatamente a mesma conclusão por razões morais, religiosas, sociais ou filosóficas completamente diferentes. E essas razões importam. Olhar apenas para a posição final corre o risco de transformar coincidências de voto em proximidades ideológicas que talvez não existam. As categorias esquerda-direita podem ser insuficientes para explicar tudo, mas a alternativa também não pode ignorar os sistemas de valores que levam duas pessoas ao mesmo ponto por caminhos quase opostos.
Ao mesmo tempo, Garrocho acerta em questões que me parecem cada vez mais inquietantes. O facto de conseguirmos identificar quase instantaneamente um meio de comunicação, um jornalista ou um comentador como conservador ou progressista revela até que ponto esperamos já um determinado enquadramento antes sequer de ouvirmos o argumento. Essa previsibilidade partidária corrói inevitavelmente a confiança. É assustador abrir um jornal, ligar um canal ou ouvir determinado comentador e conseguir antecipar quase palavra por palavra a interpretação que fará do acontecimento do dia.
Há ainda uma questão sugerida pelo livro que me ficou na cabeça: continuamos a interpretar um mundo completamente transformado recorrendo a categorias políticas herdadas de séculos anteriores. Continuamos com Maquiavel, Hobbes, Voltaire e conceitos criados para realidades profundamente diferentes da nossa. Evidentemente que continuam a ter valor, mas talvez precisemos também de uma nova linguagem política para compreender sociedades atravessadas por algoritmos, plataformas digitais, concentração mediática e novas formas de poder. Talvez precisemos até de uma nova ciência política, ou pelo menos de admitir que algumas das nossas velhas grelhas já explicam menos do que gostamos de pensar.
Talvez a passagem que mais me tenha ficado seja, porém, a referência a Tucídides e à ideia de que uma cidade é, antes de tudo, feita pelas pessoas que a constituem. Fechei o livro a pensar nisso. Se uma comunidade política é fundamentalmente o seu povo, dou por mim a olhar para o nosso debate público, para a forma como discutimos, para aquilo que premiamos e para aquilo que já toleramos, e a perguntar: afinal, o que somos?
Não sei se Moderaditos me convenceu da tese de Garrocho. Sei que me obrigou a discuti-la durante cento e poucas páginas e continuei a discuti-la depois de fechar o livro. Irritou-me várias vezes, convenceu-me noutras e deixou-me sem uma conclusão confortável. Para um ensaio deste tamanho, já é bastante.
Concordo bastante com o diagnóstico de partida de Diego S. Garrocho. O debate público está profundamente degradado e seria demasiado cómodo culpar apenas as redes sociais, os algoritmos ou meia dúzia de magnatas tecnológicos. Os próprios meios de comunicação tradicionais e muitos dos seus protagonistas contribuíram para transformar a discussão pública num concurso de volume, certeza e indignação. Pensei imediatamente em certos espaços de comentário televisivo onde falar mais alto parece conferir uma estranha autoridade intelectual, cof cof Ireneu Teixeira cof cof Morgado cof cof. A ideia de que a polarização também é um negócio parece-me particularmente importante. Há dinheiro, audiências, votos e cliques a ganhar com uma sociedade permanentemente dividida em campos adversários.
Também concordo com Garrocho quando reconhece que existem momentos em que a moderação serve de desculpa para a cobardia. Há dilemas perante os quais a equidistância se torna moralmente muito difícil de justificar. Muita gente refugia-se numa suposta moderação para evitar assumir uma posição quando as circunstâncias exigem precisamente o contrário.
É a partir daqui que começo a afastar-me bastante do autor.
Garrocho propõe a moderação como princípio metodológico e percebo o que pretende: ouvir o adversário, admitir a possibilidade de erro, desconfiar das certezas absolutas e conservar alguma capacidade de mudar de opinião. Tudo isso me parece desejável. A minha dúvida é se, em determinados momentos, o livro não exige também uma espécie de moderação das próprias convicções. E aí já tenho mais dificuldade em acompanhá-lo.
Para mim, duas posições profundamente antagónicas podem coexistir e discutir de forma perfeitamente ordeira. Aliás, é precisamente aí que existe uma discussão interessante. Se todos chegarmos previamente moderados às nossas posições, limamos uma parte importante do conflito político e intelectual antes de a conversa sequer começar. Posso acreditar radicalmente em determinada ideia e, ainda assim, ouvir quem pensa o contrário, reconhecer bons argumentos, admitir dúvidas e tratar essa pessoa com respeito. A moderação que me interessa está no método, na escuta e na forma de argumentar. Não exige necessariamente que as conclusões a que chegamos sejam moderadas.
Por vezes, ao ler Moderaditos, fiquei com a sensação de que para ser verdadeiramente moderado seria necessário ter menos crenças ou mantê-las sempre numa espécie de estado provisório. Isso parece-me excessivo. Uma pessoa pode ter pensado demoradamente sobre uma questão, confrontado posições contrárias e acabado por formar uma convicção muito forte. Essa convicção não prova, por si só, qualquer incapacidade de reflexão.
Por isso, uma das passagens que mais me incomodou foi aquela em que Garrocho afirma que quem se define como militante de uma causa jamais poderá tornar-se um bom pensador ou um bom jornalista porque o militante, supostamente, já não duvida. Discordo profundamente. Um militante não deixa automaticamente de questionar, discutir ou rever as suas próprias ideias. Pode fazê-lo repetidamente e continuar a concluir que a participação numa determinada causa é a posição que considera mais justa. A militância pode produzir dogmatismo, evidentemente. Também pode ser precisamente o resultado de alguém ter pensado, duvidado e, depois disso, decidido que ficar de fora deixou de lhe parecer aceitável.
O mesmo acontece quando o autor escreve que o antifascismo ou o anticomunismo são acontecimentos subsidiários daquilo que procuram combater. É uma formulação que me parece excessivamente redutora. Uma posição política construída em oposição a determinada ideologia pode conter princípios próprios, valores positivos e uma conceção autónoma da sociedade. A origem relacional de uma ideia não a condena necessariamente a viver intelectualmente dependente daquilo que combate.
Garrocho questiona também a capacidade do tradicional eixo esquerda-direita para explicar a política contemporânea e dá exemplos de posições que podem surgir em campos ideológicos diferentes. A observação é interessante, mas também aqui fiquei com algumas reservas. Um socialista e um cristão-social podem, por exemplo, chegar à mesma posição sobre o aborto e isso pouco nos diz, isoladamente, sobre a proximidade política entre ambos. Podem defender exatamente a mesma conclusão por razões morais, religiosas, sociais ou filosóficas completamente diferentes. E essas razões importam. Olhar apenas para a posição final corre o risco de transformar coincidências de voto em proximidades ideológicas que talvez não existam. As categorias esquerda-direita podem ser insuficientes para explicar tudo, mas a alternativa também não pode ignorar os sistemas de valores que levam duas pessoas ao mesmo ponto por caminhos quase opostos.
Ao mesmo tempo, Garrocho acerta em questões que me parecem cada vez mais inquietantes. O facto de conseguirmos identificar quase instantaneamente um meio de comunicação, um jornalista ou um comentador como conservador ou progressista revela até que ponto esperamos já um determinado enquadramento antes sequer de ouvirmos o argumento. Essa previsibilidade partidária corrói inevitavelmente a confiança. É assustador abrir um jornal, ligar um canal ou ouvir determinado comentador e conseguir antecipar quase palavra por palavra a interpretação que fará do acontecimento do dia.
Há ainda uma questão sugerida pelo livro que me ficou na cabeça: continuamos a interpretar um mundo completamente transformado recorrendo a categorias políticas herdadas de séculos anteriores. Continuamos com Maquiavel, Hobbes, Voltaire e conceitos criados para realidades profundamente diferentes da nossa. Evidentemente que continuam a ter valor, mas talvez precisemos também de uma nova linguagem política para compreender sociedades atravessadas por algoritmos, plataformas digitais, concentração mediática e novas formas de poder. Talvez precisemos até de uma nova ciência política, ou pelo menos de admitir que algumas das nossas velhas grelhas já explicam menos do que gostamos de pensar.
Talvez a passagem que mais me tenha ficado seja, porém, a referência a Tucídides e à ideia de que uma cidade é, antes de tudo, feita pelas pessoas que a constituem. Fechei o livro a pensar nisso. Se uma comunidade política é fundamentalmente o seu povo, dou por mim a olhar para o nosso debate público, para a forma como discutimos, para aquilo que premiamos e para aquilo que já toleramos, e a perguntar: afinal, o que somos?
Não sei se Moderaditos me convenceu da tese de Garrocho. Sei que me obrigou a discuti-la durante cento e poucas páginas e continuei a discuti-la depois de fechar o livro. Irritou-me várias vezes, convenceu-me noutras e deixou-me sem uma conclusão confortável. Para um ensaio deste tamanho, já é bastante.
October 12, 2025
Un libro escrito desde la honestidad intelectual. O sea, desde el amor a la verdad y el compromiso con su búsqueda.
August 24, 2025
Librillo donde se defiende la moderación como revolucionaria entre tanto extremismo de distinto signo. Interesante.
February 8, 2026
Diego S. Garrocho firma en ‘Moderaditos’ un breve y afilado ensayo que reivindica la valentía política a través de lo que muchos llaman, con sorna, “moderadito”. Porque la violencia verbal y la adhesión ciega a una ideología no son más que formas sofisticadas de gestionar el miedo al cambio, al disenso, a la contradicción. La moderación, en cambio, es una virtud que solo practican quienes tienen suficiente confianza en sus propias ideas como para someterlas al escrutinio ajeno sin ponerse a temblar.
Moderno y moderado comparten raíz etimológica, y no es casualidad: remiten a quien avanza con fuerza, a quien se atreve a pensar por sí mismo, en el sentido kantiano más puro. El moderado no se retira de la política; la habita, pero con razón en vez de con gritos. Frente al radical que cree resolverlo todo a base de consignas y trincheras, el moderado aporta datos, escucha lo bueno que pueda haber en la posición contraria y, sobre todo, acepta discutir sus propias premisas sin miedo a que se le caiga el mundo encima.
Estas páginas son una apología de los valientes de verdad: los que cada día se exponen a campo abierto, practican el disenso ordenado, afable y civil, y corren el riesgo de no caer bien en ningún bando. Porque lo fácil es esconderse detrás de una bandera y lanzar piedras desde ahí; lo difícil —y lo meritorio— es plantarse en medio, sin escudo tribal, y seguir pensando. Los que han decidido, en definitiva, “ser moderados en política para poder ser radicales en todo lo demás”.
Moderno y moderado comparten raíz etimológica, y no es casualidad: remiten a quien avanza con fuerza, a quien se atreve a pensar por sí mismo, en el sentido kantiano más puro. El moderado no se retira de la política; la habita, pero con razón en vez de con gritos. Frente al radical que cree resolverlo todo a base de consignas y trincheras, el moderado aporta datos, escucha lo bueno que pueda haber en la posición contraria y, sobre todo, acepta discutir sus propias premisas sin miedo a que se le caiga el mundo encima.
Estas páginas son una apología de los valientes de verdad: los que cada día se exponen a campo abierto, practican el disenso ordenado, afable y civil, y corren el riesgo de no caer bien en ningún bando. Porque lo fácil es esconderse detrás de una bandera y lanzar piedras desde ahí; lo difícil —y lo meritorio— es plantarse en medio, sin escudo tribal, y seguir pensando. Los que han decidido, en definitiva, “ser moderados en política para poder ser radicales en todo lo demás”.
January 3, 2026
Hace algo menos de un siglo las sociedades del momento fueron exquisitamente moderadas con un señor con bigotito que había en Alemania.
La moderación y el disenso que tanto reclama el autor no son posibles ante planteamientos fascistas y violentos, que justifican invasiones unilaterales de un país por motivos espurios y hacen la vista gorda ante el genocidio de miles de personas. Ni entonces ni ahora.
Se puede dialogar y buscar puntos de entendimiento sobre muchas cosas: la economía, la riqueza y la pobreza, la corrupción, la inmigración, la ciencia y la religión, la mentira, el respeto y el civismo, las libertades, los derechos y las obligaciones, la Justicia y las injusticias... Claro que sí.
Pero siempre con la premisa de construir una sociedad donde la vida de las personas sea cada vez mejor. Para todas ellas, en especial para las que peor punto de partida y condiciones objetivas tienen.
Y por ello el argumento del autor de "los mejores sistemas políticos no son lo que nos permiten vivir con más comodidad o convertirnos en ciudadanos felices" sino que es preciso contar con "un cuerpo ciudadano con vidas maduras, responsables y solventes que podrá hacer aportaciones más prudentes y desprejuiciadas sobre la realidad" me suena más a rancio y clasista que a moderadito.
La moderación y el disenso que tanto reclama el autor no son posibles ante planteamientos fascistas y violentos, que justifican invasiones unilaterales de un país por motivos espurios y hacen la vista gorda ante el genocidio de miles de personas. Ni entonces ni ahora.
Se puede dialogar y buscar puntos de entendimiento sobre muchas cosas: la economía, la riqueza y la pobreza, la corrupción, la inmigración, la ciencia y la religión, la mentira, el respeto y el civismo, las libertades, los derechos y las obligaciones, la Justicia y las injusticias... Claro que sí.
Pero siempre con la premisa de construir una sociedad donde la vida de las personas sea cada vez mejor. Para todas ellas, en especial para las que peor punto de partida y condiciones objetivas tienen.
Y por ello el argumento del autor de "los mejores sistemas políticos no son lo que nos permiten vivir con más comodidad o convertirnos en ciudadanos felices" sino que es preciso contar con "un cuerpo ciudadano con vidas maduras, responsables y solventes que podrá hacer aportaciones más prudentes y desprejuiciadas sobre la realidad" me suena más a rancio y clasista que a moderadito.
June 27, 2025
Interesante, bien escrito y corto, se lee en poco más de una hora.
Temas que toca:
- Moderación como una actitud fruto de aceptar contrastar nuestras convicciones y de admitir que los demás pueden tener una cuota de razón.
- Papel de las redes sociales a la hora de fomentar la polarización.
- Disenso ordenado como ideal de la democracia más que consenso ficticio.
- Critica, sin mencionarlo, a ZP y la ley de memoria histórica y abiertamente a Sánchez y al muro frente a la derecha.
- Identitarismo como refugio ideológico y remedio para la soledad.
- Ideología como nueva religión.
La última referencia es todo un guiño a ...
Temas que toca:
- Moderación como una actitud fruto de aceptar contrastar nuestras convicciones y de admitir que los demás pueden tener una cuota de razón.
- Papel de las redes sociales a la hora de fomentar la polarización.
- Disenso ordenado como ideal de la democracia más que consenso ficticio.
- Critica, sin mencionarlo, a ZP y la ley de memoria histórica y abiertamente a Sánchez y al muro frente a la derecha.
- Identitarismo como refugio ideológico y remedio para la soledad.
- Ideología como nueva religión.
La última referencia es todo un guiño a ...
September 4, 2026
Tenía muchas cosas apuntadas pero son tantas que ni me entran. Creo que es recomendable para cualquiera sobretodo para reflexionar desde qué punto afrontas las ideas políticas que se te presentan, o en las que ya crees.
No defiende que tus ideas sean moderadas, sino que la moderación como forma de intercambio de ideas permite la crítica y la pluralidad, evitando caer en los “paquetes ideológicos”. Como siempre, mención a la polarización y todo lo que ya sabemos. No es que crea que es lo mejor que he leído pero definitivamente sí es bueno para replantear si sientes tus ideas como tu identidad, de dónde vienen y los peligros del contexto actual.
No defiende que tus ideas sean moderadas, sino que la moderación como forma de intercambio de ideas permite la crítica y la pluralidad, evitando caer en los “paquetes ideológicos”. Como siempre, mención a la polarización y todo lo que ya sabemos. No es que crea que es lo mejor que he leído pero definitivamente sí es bueno para replantear si sientes tus ideas como tu identidad, de dónde vienen y los peligros del contexto actual.
January 3, 2026
Se agradece su defensa de la moderación y la concordia en tiempos de polarización política, pero tiene un tufillo demasiado aleccionador. Es un ensayo cortito y aún así se hace demasiado repetivo: no desarrolla un discurso más allá de lo que presenta en su introducción y primeros párrafos. Es un contenido más propio de una conferencia, una pieza de vídeo subida a redes, una columna de opinión recortada...
March 6, 2026
Un ensayo lúcido y necesario. Garrocho reivindica la moderación como una forma exigente de pensamiento y, en tiempos de extremos y ruido, también como un acto de valentía. Una invitación a matizar, escuchar y pensar con calma.
April 12, 2026
3,5. Contiene ideas interesantes que vale la pena leer, pero la redacción se me hizo un tanto recargada y facilitaba perder el hilo.
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