En estas páginas, Diego S. Garrocho no arma una defensa de la prudencia ni de las buenas maneras en política, sino la constatación de cómo en un contexto atravesado por irracionales identitarismos y juegos de posición, la moderación es, sobre todo, un acto de valentía.
Un amiguete viene un día y me dice que tiene un regalo para mí.
Como viejo zorro que soy, advertí que no se acercaba ninguna efeméride reseñable, así que desconfié... ¡Éste me va a pedir algo!
Con la esperanza de que mi amigo no me anunciara una inminente mudanza, quedé con él y apareció con el libro "𝗠𝗼𝗱𝗲𝗿𝗮𝗱𝗶𝘁𝗼𝘀" de Diego S. Garrocho Salcedo, un breve ensayo político muy interesante.
En él, el autor eleva la moderación a un acto de valentía en los tiempos actuales, entendiéndola no como tibieza, equidistancia o simple decoro en la argumentación de una idea, sino como contraste frente al actual fanatismo identitario que impera en la sociedad.
Un mundo cada vez más ausente de rigor y reflexión, donde el exceso —en este caso de información— nos ha llevado al 𝘀𝗲𝗱𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝘂𝗮𝗹 y, de ahí, a la polarización.
Ya no se aplaude el conocimiento, sino el 𝗧𝗥𝗘𝗠𝗘𝗡𝗗𝗢 𝗭𝗔𝗦𝗖𝗔.
Ni es la política actual el lugar donde encontrar consensos y espacios comunes entre intereses contrapuestos. No. Es la imposición de unos sobre otros.
Pese al bajón de los tiempos actuales (que no invitan mucho al optimismo), es importante seguir reivindicando el 𝑺𝒂𝒑𝒆𝒓𝒆 𝑨𝒖𝒅𝒆 Kantiano: ¡Atrévete a pensar!
Pues eso, que os hagáis una infusión y os lo leáis.😊
Si no respondo, es que tengo que ayudar a mi amigo a subir un sofá a un tercero sin ascensor... 🥲
Es un ensayo interesante y útil en el contexto que vivimos hoy donde la polarización de la sociedad impera. La moderación es un acto de valentía, más allá de las buenas formas, el escepticismo sano, el respeto por el diferente y el abrazo a la incertidumbre, son herramientas imprescindibles para alejarnos de esta tendencia, tan dañina como tenemos hoy.
Diego Garrocho es un portento tanto como escritor como orador. Este ensayo, no obstante lo anterior, se queda un poco corto lo que no quita que lo haya disfrutado y me haya aportado mucho. Recomendable.
Lectura obligatoria para todo aquel que pretenda una contribución positiva a nuestra sociedad, para todo aquel que se sienta tentado por las musas del populismo, para todo aquel que pretenda llamarse a sí mismo periodista o político, o simplemente ciudadano comprometido con el futuro de la sociedad. Lectura obligatoria porque nos va la libertad y, sin ánimo de exagerar, también la vida en ello.
Una fantasía! Muy necesario, y muy sencillo de leer. Diego nos ha dado una lección que deberíamos aplicarnos a diario y en cualquier contexto de la vida cotidiana, profesional, personal, etc., pensamiento crítico y humildad!
Es un libro muy bien argumentado, filosofía, a la que yo no recurro muy a menudo.
Hay reflexiones y contrapuntos muy interesantes. Las dos estrellas es porque me cuesta pensar en la moderación como una opción política, quien no se posiciona es porque vive en el privilegio.
Aunque hay que reconocer que el segundo capítulo es bueno, sobre todo entorno a las referencias de la desinformación y la falta de criterio en general. Acertado y actual para dar pie a un debate que trata de ser profundo pero ignora el motor de la historia.
Un ensayo muy oportuno y elocuente por su elegante argumentación a favor de la autocrítica, la discrepancia racional y la disidencia sensata. Frente al sectarismo y la polarización sobre los que no se puede construir nada estable, tolerancia valiente de formas diversas de entender la realidad, con el debate constructivo como premisa. Excelentemente escrito.
Diego S. Garrocho firma en ‘Moderaditos’ un breve y afilado ensayo que reivindica la valentía política a través de lo que muchos llaman, con sorna, “moderadito”. Porque la violencia verbal y la adhesión ciega a una ideología no son más que formas sofisticadas de gestionar el miedo al cambio, al disenso, a la contradicción. La moderación, en cambio, es una virtud que solo practican quienes tienen suficiente confianza en sus propias ideas como para someterlas al escrutinio ajeno sin ponerse a temblar.
Moderno y moderado comparten raíz etimológica, y no es casualidad: remiten a quien avanza con fuerza, a quien se atreve a pensar por sí mismo, en el sentido kantiano más puro. El moderado no se retira de la política; la habita, pero con razón en vez de con gritos. Frente al radical que cree resolverlo todo a base de consignas y trincheras, el moderado aporta datos, escucha lo bueno que pueda haber en la posición contraria y, sobre todo, acepta discutir sus propias premisas sin miedo a que se le caiga el mundo encima.
Estas páginas son una apología de los valientes de verdad: los que cada día se exponen a campo abierto, practican el disenso ordenado, afable y civil, y corren el riesgo de no caer bien en ningún bando. Porque lo fácil es esconderse detrás de una bandera y lanzar piedras desde ahí; lo difícil —y lo meritorio— es plantarse en medio, sin escudo tribal, y seguir pensando. Los que han decidido, en definitiva, “ser moderados en política para poder ser radicales en todo lo demás”.
Hace algo menos de un siglo las sociedades del momento fueron exquisitamente moderadas con un señor con bigotito que había en Alemania.
La moderación y el disenso que tanto reclama el autor no son posibles ante planteamientos fascistas y violentos, que justifican invasiones unilaterales de un país por motivos espurios y hacen la vista gorda ante el genocidio de miles de personas. Ni entonces ni ahora.
Se puede dialogar y buscar puntos de entendimiento sobre muchas cosas: la economía, la riqueza y la pobreza, la corrupción, la inmigración, la ciencia y la religión, la mentira, el respeto y el civismo, las libertades, los derechos y las obligaciones, la Justicia y las injusticias... Claro que sí.
Pero siempre con la premisa de construir una sociedad donde la vida de las personas sea cada vez mejor. Para todas ellas, en especial para las que peor punto de partida y condiciones objetivas tienen.
Y por ello el argumento del autor de "los mejores sistemas políticos no son lo que nos permiten vivir con más comodidad o convertirnos en ciudadanos felices" sino que es preciso contar con "un cuerpo ciudadano con vidas maduras, responsables y solventes que podrá hacer aportaciones más prudentes y desprejuiciadas sobre la realidad" me suena más a rancio y clasista que a moderadito.
Interesante, bien escrito y corto, se lee en poco más de una hora. Temas que toca: - Moderación como una actitud fruto de aceptar contrastar nuestras convicciones y de admitir que los demás pueden tener una cuota de razón. - Papel de las redes sociales a la hora de fomentar la polarización. - Disenso ordenado como ideal de la democracia más que consenso ficticio. - Critica, sin mencionarlo, a ZP y la ley de memoria histórica y abiertamente a Sánchez y al muro frente a la derecha. - Identitarismo como refugio ideológico y remedio para la soledad. - Ideología como nueva religión. La última referencia es todo un guiño a ...
Se agradece su defensa de la moderación y la concordia en tiempos de polarización política, pero tiene un tufillo demasiado aleccionador. Es un ensayo cortito y aún así se hace demasiado repetivo: no desarrolla un discurso más allá de lo que presenta en su introducción y primeros párrafos. Es un contenido más propio de una conferencia, una pieza de vídeo subida a redes, una columna de opinión recortada...