3,5 ⭐️
‘Grial’ de Jesús M. Sánchez se inscribe de lleno en el territorio del thriller histórico de corte religioso, combinando acción, tradición y misterio para adentrarse en uno de los símbolos más estudiados, venerados y reinterpretados de la tradición cristiana: el Santo Cáliz custodiado en la Catedral de Valencia. El autor combina una investigación minuciosa, escenarios reales y elementos legendarios para construir una trama donde el rigor académico convive con la intriga contemporánea y el poder simbólico del Grial.
Valencia, 2023, la historiadora Sonia Fabrat recibe del arzobispado el encargo de localizar el cáliz desaparecido de la catedral de Valencia. Una sociedad secreta alemana también lo busca y varios investigadores han desaparecido. Con la ayuda de un sacerdote experto en exorcismos y una agente del CNI, Sonia emprende una peligrosa investigación que la llevará por España, Italia e Israel. Sin embargo, pronto descubrirá que los alemanes no son los únicos que buscan la reliquia y que no puede fiarse de nadie.
La premisa parte del magnetismo que envuelve el Grial desde hace siglos: un objeto cuya historia se ha construido entre leyendas, estudios arqueológicos, tradiciones religiosas y un sinfín de teorías que han alimentado el imaginario colectivo a lo largo del tiempo.
Sonia Fabrat combina la minuciosidad investigadora con un impulso personal que la arrastra más allá de los límites de la disciplina académica. Su perfil es el motor central del relato: combina curiosidad científica, dudas éticas y un creciente conflicto entre lo demostrable y lo intangible. Esta tensión interna, bien explotada a lo largo del relato, resulta uno de los elementos más interesantes de su personaje: Fabrat no solo persigue una reliquia, sino que se enfrenta a la fragilidad de las certezas históricas, envueltas en tradición, fe y manipulación.
Junto a ella encontramos al padre Guillermo Llorens, un sacerdote con una trayectoria marcada por experiencias extremas y por un conocimiento profundo de los rituales y conflictos internos de la Iglesia. Es un personaje que introduce la dimensión religiosa y espiritual de la historia, actuando como contrapunto a la perspectiva académica de Fabrat. La relación entre ambos permite explorar debates sobre autenticidad, mito y verdad religiosa, sin imponer conclusiones tajantes. La tercera pieza del equipo, la agente del CNI Bárbara Selfa, encarna la vertiente más pragmática de la narración, añadiendo a la narración un componente de espionaje moderno: vigilancias, protocolos y una frialdad estratégica que equilibra las emociones del resto del grupo. Esta combinación de perfiles consigue que la investigación avance desde varios frentes, manteniendo la tensión
En el lado opuesto se encuentran los miembros de la Sociedad Thule, una sociedad secreta alemana cuyos intereses en el Grial transforman la historia en una carrera contrarreloj. Representan el interés oscuro por la reliquia y encarnan la vertiente conspirativa del libro. Aunque cumplen con su función narrativa como antagonistas, su caracterización me resultó un poco plana, respondiendo a patrones reconocibles del género.
La acción se despliega en una sucesión de escenarios que refuerzan su tono cinematográfico: pasadizos subterráneos, los archivos vaticanos, enclaves arqueológicos en Jerusalén… Cada escenario se presenta con detalle, fruto de una sólida investigación. La exhaustiva labor de documentación es uno de los puntos fuertes del libro, sin embargo, esa rigurosidad histórica, a veces se impone al ritmo: la profusión de datos y referencias puede entorpecer la fluidez, generando pausas que afectan a la tensión narrativa. Es un equilibrio delicado que no siempre se mantiene, aunque sí contribuye a dotar al conjunto de verosimilitud y facilita una inmersión convincente en el contexto histórico.
La novela aborda cuestiones que han acompañado al mito del Grial durante siglos: la eterna disputa entre verdad y creencia, el poder simbólico de los objetos sagrados, la instrumentalización política de las reliquias y la línea tenue que separa el fanatismo de la devoción. ‘Grial’ recupera estas ideas y las proyecta sobre el presente, invitando al lector a reflexionar sobre el significado de la tradición y la vigencia de los grandes enigmas medievales en la sociedad actual.
El estilo narrativo combina un ritmo ágil —alimentado por persecuciones y giros continuos— con pasajes más densos dedicados a contextualizar históricamente los elementos de la investigación. Esta estructura mantiene el interés, pero puede llegar a generar una sensación de desequilibrio. El desenlace, resuelto con cierta rapidez, responde a las exigencias del género, pero puede dejar la impresión de que se resuelve de manera más funcional que orgánica.
‘Grial’ es una lectura atractiva para quienes disfruten de los enigmas religiosos, del cruce entre historia y aventura y de las tramas que plantean interrogantes sobre la autenticidad de reliquias y tradiciones. Su combinación de rigor documental, escenarios reales y tensión constante convierte la lectura en un viaje apasionante por los secretos, misterios y símbolos que han marcado el cristianismo.