En 1955 un joven francés formaliza la adquisición de una finca en Formentera. De este modo, la vieja casa de Can Majoral des Torrent se convertirá en el refugio de los primeros hippies que se instalan en la isla.
El desamor impulsa a Rose a abandonar sus estudios botánicos y el ambiente beat de San Francisco para trasladarse a Europa. Bert huye de los recuerdos que le atormentan desde la guerra de Vietnam. Raymond, tras las revueltas estudiantiles de mayo del 68, conduce su coche desde las calles de París hasta la isla. Santi deja atrás los círculos de la lucha contra la dictadura franquista en Madrid buscando un destino tranquilo en el Mediterráneo.
Los códigos y costumbres que habían regido la isla durante los dos últimos siglos, cambiarán para siempre en apenas dos décadas.
No quedan flores en Formentera es una novela histórica. Once noticias publicadas en la prensa estructuran la trama de un relato coral que convierte a sus protagonistas, ficticios, en actores de hechos reales que, por su notoriedad, perviven en la memoria colectiva de la isla.
El descubrimiento de Formentera como destino turístico, la generación beat, los hippies, yippies y la guerra de Vietnam, el mayo del 68 parisino, el concierto de Raimon en la facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, la demarcación de la notaría de Formentera, las primeras redadas contra las drogas prohibidas y sus usuarios, el concierto de Bob Marley en Eivissa, los conflictos políticos y sociales de la transición y el boom del turismo italiano, son los acontecimientos históricos que ambientan los once capítulos del libro.
Esta historia, deliciosamente contada, habla de un tiempo pasado que ahora parece ficticio, de la utopía, de la constante guerra contra los opresores. Un momento y un lugar que está más vigente que nunca.