Un libro que te sumerge emocionalmente desde el minuto uno y con su intensidad logra que inevitablemente te pongas en la piel de Werther.
"Las amarguras del joven Werther" es considerada por muchos la novela que inicia el Romanticismo, donde se superponen los sentimientos a la razón. Al parecer es una novela relevante dentro del movimiento "Sturm und Drang" de la literatura alemana, en castellano "Tormenta e ímpetu", y pocas palabras son tan acertadas como estas para describir la historia. Es semibiográfica, parece estar inspirada en las vivencias del propio Goethe al conocer a una mujer llamada Carlota (al igual que el personaje) y a su marido.
La narración se lleva a cabo en primera persona mediante las cartas que envía nuestro personaje principal, Werther, a su íntimo amigo Guillermo. Werther es un artista, un joven sensible y romántico que viaja a un pueblo ficticio y conoce a la dulce Carlota, y enseguida queda prendado de ella dando pie a un intenso enamoramiento, a un amor tan sagrado que duele, pero que no es correspondido y el dolor que provoca es tan profundo que lleva a nuestro joven al fin más triste que se pueda imaginar.
Es la primera vez que leo una novela romántica escrita por un hombre y me he quedado maravillada de cómo alguien, cuyo género no suele estar asociado con el romanticismo (por constructos sociales), puede escribir sobre una mujer, sobre el amor con tanta delicadeza pero sin perder intensidad. La respiración se te corta al pasar cada página, te sumerge en los sentimientos más humanos que un ser enamorado, esperanzado, desesperado, dolido pueda tener. Habla del amor sin vergüenza y sin ataduras, de la necesidad de entregarlo todo al objeto de las mayores pasiones, de cómo cada acto de Carlota contiene una belleza mística que embelesa a Werther, habla de cómo es tener al amor de tu vida cerca. Habla de la naturaleza, de conocer nuevas tierras y escuchar las historias de la gente, habla de la pureza de los niños (de mis partes favoritas), me maravilla contemplar cómo expresa el afecto que tiene un joven hacia los infantes, y habla de la necesidad de la ayuda de Dios sin ser creyente. De un muchacho que siente todo lo que ve (el autor tenía 24 años de edad cuando escribió el libro). Pero también transmite cómo se vive el duelo de un amor no correspondido, del hambre que provoca la falta de afecto, la necesidad constante de cercanía, el sentimiento de incomprensión, de la fragilidad cuando conviertes al otro en el centro de tu existencia, de cómo el amor y el rechazo toman el cuerpo y el alma de uno.
Me llamó la atención el tema del suicidio, cómo lo romantizaba que incluso llegabas a comprender porqué se ve como una solución clara ante el dolor del corazón (que por supuesto no lo es realmente), cómo lo convierte en un acto de amor, de sanación, de paz. En relación a este tema, durante la época surgió el fenómeno Werther-Fieber (Fiebre de Werther), en el cual los jóvenes simulaban al protagonissta vistiéndose cómo él, pero esta influencia literaria en algunos casos no se enfocó bien y hubo casos de suicidio imitando así al protagonista.
Otra cosa que me llamó la atención fue la introducción de los Cantos de Ossian que dan más fuerza a al estado emocional de Werther. Al principio me costó un poco entenderlos porque no los conocía y no esperaba que el fragmento fuera tan largo, pero cuando el joven los terminó de leer pude entender la relación que tiene con su mundo emocional y con su relación con Carlota.
De cualquier forma, esta novela te hace sentir, te hace sufrir también y cuestiona el equilibrio entre emoción y razón. Y lo mejor es que toca todos estos temas tan profundos embelleciendo el lenguaje pero sin llegar a sobrecargarlo, con un lenguaje poético pero claro, un pensamiento elaborado sin llegar a la pedantería.
Por darle un cierre más cercano, por el momento personal por lo que estoy pasando me reconforta leer a quien ha vivido una situación parecida a la mía, a quien no teme amar y sufrir con intensidad. Te habla desde la comprensión cuando te sientes incomprendida. Va a ser de mis lecturas favoritas y personales. Gracias por crear a Werther, J.W. Von Goethe. Gracias por sentir y no temer al escribir.