Fatalidad:
1.- Cualidad de fatal.
2.- Desgracia, desdicha, infelicidad.
3.- Hado, destino
Con ‘Fatalidad’, Rosa Blasco cierra la trilogía protagonizada por la doctora Simonetta Brey, forense inhabilitada reconvertida en médico de atención primaria. En esta última entrega, la autora vuelve a llevarnos a Menorca, donde Simonetta se enfrentará a un nuevo caso que pondrá a prueba no solo su perspicacia profesional, sino también sus límites personales. Blasco culmina así una saga que ha sabido conjugar con acierto la tensión narrativa del thriller y la complejidad psicológica de una protagonista marcada por su pasado.
Simonetta Brey y su enfermero Sergi acuden a un funeral que debería oficiar el padre Eladio, pero este no se presenta. Empieza entonces una búsqueda que encuentra su punto de partida en Lithica, la antigua cantera menorquina, donde aparece el coche del religioso. En la habitación del sacerdote hay indicios sobre una supuesta relación entre él y un joven. Con el comisario Darío Ferrer de baja, Simonetta deberá hacer equipo junto al subinspector Mendieta en una investigación que parece tener sus orígenes en Sevilla, y unas relaciones desconcertantes con una conocida familia aristocrática.
Simonetta Brey, una vez más, asume un rol central en la investigación. Más allá de su rigor profesional, destaca por una intuición que ha ido puliendo a lo largo de la saga, y por una evolución emocional que la humaniza y la acerca al lector. Lejos de ser una heroína infalible, muestra sus contradicciones y una clara evolución respecto a la primera entrega de la serie. Este caso marca un punto de inflexión para ella, no solo por la complejidad de los hechos, sino también porque le obliga a cerrar un ciclo de su propia historia personal.
Junto a ella, Sergi, su fiel enfermero, actúa como contrapunto emocional: sencillo, empático y siempre presente, aporta humanidad y calidez al relato. También entra en escena el subinspector Mendieta, un policía que colabora estrechamente con Simonetta mientras el comisario Ferrer permanece ausente. La dinámica entre todos estos personajes forma un núcleo sólido que permite que la trama avance con fluidez, combinando profesionalidad con la complejidad emocional que exige el caso.
Uno de los grandes aciertos de la novela es la forma en que Blasco confronta temas delicados sin caer en el morbo ni el sensacionalismo. En vez de recrearse en la violencia, la autora apuesta por un enfoque introspectivo: la psicología criminal se convierte en el verdadero terreno de juego, y los personajes se revelan en capas, mostrando que la maldad puede camuflarse con facilidad tras una fachada de aparente normalidad. Es en este terreno donde la novela se vuelve más inquietante, al mostrar cómo el horror puede convivir con la rutina, cómo ciertas dinámicas de poder y abuso pueden instalarse en lo cotidiano sin levantar sospechas. Esta perspectiva enriquece la lectura y dota al relato de una inquietud que no necesita de escenas explícitas para incomodar.
La idea de la fatalidad recorre toda la historia, y la novela gira en torno a una serie de preguntas que van más allá de la resolución del caso. ¿Somos dueños de nuestras decisiones o estamos condenados a repetir errores por circunstancias que escapan a nuestro control? Blasco introduce el tema del destino como una fuerza ambigua, capaz de arrastrar a los personajes hacia situaciones límite por el mero hecho de estar donde no deberían, en el momento menos indicado. Pero al mismo tiempo, no exime a nadie de su responsabilidad: hay decisiones que tienen consecuencias, y la novela se encarga de mostrarlo con crudeza. La autora consigue así una narrativa que no solo entretiene, sino que también invita a la reflexión.
La ambientación vuelve a ser un elemento clave. Menorca, con su luz mediterránea, su mar y sus paisajes de piedra, contrasta poderosamente con la oscuridad de los crímenes investigados. La cantera Lithica, con su laberinto pétreo y su atmósfera silenciosa, resulta tan simbólica como visualmente poderosa: un espacio donde lo enterrado —en todos los sentidos— sale a la luz. La historia también se desplazará a Sevilla, donde el pasado se hace presente, ampliando el hilo narrativo sin perder cohesión.
Blasco combina con eficacia el ritmo del thriller con la introspección emocional. La trama avanza con dinamismo, pero no sacrifica profundidad en los personajes ni en los temas tratados. La trama avanza con agilidad, y aunque el argumento exige atención, la lectura nunca se vuelve pesada. La autora sabe dosificar la información, mantener el suspense y resolver con coherencia, sin dejar cabos sueltos.
‘Fatalidad’ es una despedida a la altura de la trilogía de Simonetta Brey, saga que ha sabido crecer entrega a entrega, profundizando en sus personajes y en los temas que los atraviesan. Con un misterio que atrapa sin necesidad de artificios, ‘Fatalidad’ demuestra que el crimen no siempre necesita de callejones oscuros y nos recuerda que, a veces, lo más peligroso no son los crímenes, sino las verdades que preferimos no ver.