No se bien como llegué a que quería leer este libro, creo que fue una mezcla de una publicidad en Facebook de Anagrama, una publicación de un amigo recomendándolo, una combinación de amabas, pero se que la descripción me compró totalmente, una novela frenética que toca el calentamiento global, la inutilidad del capitalismo para solucionar problemas sistémicos, pero que estos son tangenciales en sí a la trama del libro, son parte del espacio lógico donde se desarrolla el concepto, la idea que originó esta historia, pero el libro en sí es un delirio de body horror, ciencia ficción y una evidente influencia del new weird, todo con un toque de humor negro y ácido que hacen que la lectura sea una experiencia particularmente disfrutable.
Nadie quería al niño dengue. No se si por su largo pico, o por el zumbido constante, insoportable, que producía el roce de sus alas y desconcentraba al resto de la clase, lo cierto es que, en el recreo, cuando los chicos salían disparados al patio y se juntaban a comer un sánguche, conversar y hacer chistes, el pobre niño dengue permanecía solo, adentro del aula, en su banco, con la mirada perdida, fingiendo que revisaba con suma concentración una página de sus apuntes, para disimular el inocultable bochorno que le producía salir y dejar en evidencia que no tenía ni un solo amigo.
La historia del Niño Dengue, un niño mosquito mutante que vive en el Caribe Pampeano, en una zona mugrienta e infecta cerca de lo que queda de Argentina, luego de las inundaciones causadas por el calentamiento global. Su decisión de vengarse de aquellos que el asume como culpables de su miseria y de la de su madre, historia que se va volviendo cada vez mas extraña y retorcida a medida que avanzamos, pero también más cómica y bizarra.
Un libro cargado de sexualidad que puede ser incómoda por lo poco convencional y extrema, con muchísima violencia pero con una prosa tan delirante, picaresca, que se mueve entre el horror corporal, al horror cósmico, de la ciencia ficción a un estilo que parece sacado de un manga de Junji Ito.
La Infancia del mundo es un libro incómodo, que se burla de los problemas que más carcomen a nuestra sociedad con una voracidad implacable, de ahí nace su humor, de el presentar lo ridículo del mundo real y contrastarlo con lo ridículo de la premisa, para así volver más amena la violencia que nos va a envolver momento a momento.
Empecé a leer hoy y no pude parar hasta terminarlo, es rápido y ágil, pero se queda en tu cabeza, zumbando, como las alas de la niña dengue, acercandote lentamente al límite racional de la realidad, a medida que vas perdiendo la cordura y te dejas llevar por lo indescriptible, por las nubes de mosquitos, el enjambre cósmico, que mezcla la realidad con lo imposible y pliega una sobre otra, para volverlas indistinguibles una de otra.