Pienso en Amélie Nothomb y la palabra que me viene a la mente es "penetrante". “Metafísica de los tubos”, que en mi humilde opinión no es biografía, ni ensayo, ni siquiera una novela al uso. Es una creación extremadamente original, en la que esta nipona medio belga combina filosofía y fontanería en una alquimia de metáforas que sirven para dar rienda suelta a sus obsesiones.
La protagonista es una niña superdotada que, no conforme con su entorno, adopta la forma de tubo como condición existencial. Opta por vegetar al principio, y autoproclamarse un ser divino (Dios) más adelante, hasta que descubre el sentido de su vida en una barrita de chocolate. No os soprendais, ya os he avisado en el párrafo anterior de su extrema originalidad. Y eso que he intentado resumir al mínimo la sinopsis.
Con su peculiarísimo estilo, uno lee y se siente absorbido como una aspiradora por la profundidad de las reflexiones de la pequeña. Habla de la vida, de la muerte, de la maldad, de lo accidental y de lo esencial, del descubrimiento de las cosas, de placeres intelectuales, de la identidad, de las trincheras del alma y, sobre todo, de la metamorfosis que experimenta el espíritu de los seres humanos en este recorrido que es andar por la vida. En tan amplio abanico, indaga y explora el mundo, a través del catalejo de una niña que piensa, eso sí, con más imaginación que el resto de niñas.
Lo de Amélie Nothomb es un narrar con el acento puesto en la expresión creativa. Su prosa es rebelde, arriesgada, libérrima. Con un barniz de humor que lustra o escuece. Se diría que lleva dentro una manera de contar lo cotidiano sacando brillo al lenguaje. Mira las cosas de un modo literario, esa es la cuestión.
La autora dota a los personajes de intensa carga humana. De razón y de emoción. No habla de la muerte, sino de muertos. No habla de la vida, sino de vivos. De sus pensamientos, de sus emociones, de sus sentimientos. Así que sus reflexiones, que tienen aquí el afán de ser metafísicas, son tan palpables como la misma tierra que pisamos.
En esta novela me he encontrado con varios párrafos literariamente perfectos. Muy bellos. Por ejemplo, cuando habla de la utilización inofensiva que podemos darle a nuestras frases, (justo ahí está el efecto metafísico de la novela). Como una niña con una pistola de agua en la mano, nos advierte de cosas importantes que, al mismo tiempo, son tan ciertas como si la munición que la carga fuese la razón de un adulto. Aquí todas las cosas sobre las que fantasea Nothomb son verdades que pueden alumbrar nuestras conciencias... y de qué manera.
Cada vez que leo a esta autora experimento algo similar a una hibernación interior. El alivio de atravesar la membrana de la realidad y participar de un festín fabulativo tapizado de imágenes, que son tentadoras y terribles al mismo tiempo. Así que lo de menos es lo que nos cuenta. Leer a Amélie Nothomb me hace gozar de una literatura diferente, próxima a esa literatura en estado puro con la que cuesta tanto tropezarse. Tiene algo que está dentro del libro, que no puede extraerse de sus entrañas porque perdería su esencia.
“Metafísica de los tubos” está escrita para aquellos que amamos la palabra sin preocuparnos demasiado por la anécdota, esos cuantos que quedamos a quienes no nos importa tanto lo que pasa, sino cómo se nos cuenta.