Aunque la historia está bien construida y el relato resulta entretenido gracias a una producción sonora de calidad y una narración envolvente, el audiolibro "Secuestros en San Miguel" cae en una peligrosa tendencia de revisionismo ideológico que distorsiona hechos históricos y éticos fundamentales.
A lo largo de varios capítulos, se percibe un sesgo pro-revolucionario evidente, que no solo minimiza los delitos de un asesino confeso como Raúl Escobar Poblete, sino que además desprestigia sistemáticamente a las instituciones chilenas mediante falacias narrativas y omisiones estratégicas. El tratamiento del asesinato de Jaime Guzmán, por ejemplo, se presenta con una ambigüedad moral que raya en la justificación, lo cual resulta inaceptable desde cualquier estándar ético o periodístico serio.
Más grave aún, se plantea la pregunta de si a Escobar se le han "robado siete años de libertad", ignorando por completo el historial criminal que lo vincula con secuestros, homicidios y terrorismo. ¿Libertad? ¿Para quién? ¿A costa de cuántas víctimas?
Este tipo de narrativa no es periodismo investigativo, sino una derivada ideológica del periodismo progresista conspirativo, que busca desvirtuar la realidad y sembrar dudas sobre hechos probados. En lugar de aportar a la memoria histórica o al entendimiento social, el audiolibro parece más interesado en reconstruir la imagen de un criminal bajo una luz romántica y revolucionaria.
En resumen, "Secuestros en San Miguel" es un producto técnicamente bien logrado, pero éticamente cuestionable, que utiliza el formato de audio para disfrazar propaganda ideológica como relato documental.