Sley es una bioquímica y una profesional de pies a cabeza. Por eso cuando el destino pone al que era (y sigue siendo) el amor de su vida dentro de su laboratorio casi no entra en pánico. Timothée Calascione ha vuelto, pero ahora es borde, distante, frío y de lo más contradictorio porque alguien que ha pasado página no te mira de esa forma. Sley recuerda exactamente lo que dijo, lo que la obligó a alejarse de él, pero aún así Timothée sigue cubriéndole las espaldas. ¿Por qué? No logra entenderlo. Pero esta bioquímica no sabe hacer otra cosa que llegar al fondo de los asuntos. Y este, sin duda, no será una excepción. _ _ _ _ _ _ _ _
«Resumen en audio ahora, andrajosa bioquímica traicionera, o te disecciono», ordenó Dásya.
Obedecí porque quería preservar la vida.
«¡Madre mía! Vas a convertirte en una científica famosa, estoy segura», concluyó Bloom.
«Como la Melindren Cohen esa», escribió Vívica.
«Mildred Cohn», escribí mientras mis hombros se movían de la risa.
«Eso he dicho», escribió Vívica.
«Nos alegramos mucho de que haya ido tan bien, Sley, pero esta es una amenaza si vuelves a desaparecer tanto tiempo teniéndonos expectantes de noticias, enviaré a mis matones a domicilio», dijo Dásya.
«Que vienen siendo unas cabras furiosas», soltó Vívica.
«Lo tendré en cuenta», me grabé en audio para que vieran lo que me hacían.
Estas cambian el estado de ánimo de cualquiera y lo mejoran por mil.
«Yo tengo una pregunta, cabras aparte», dijo Bloom.
Aburrido. No pasa nada en todo el libro. Él la deja sin explicación, pasa el tiempo y ella no está con nadie, no avanza y aunque le dijo que mantenga las distancias porque estaba en pareja con otra, ella sigue babeando por él. Insoportable. Que si que al final había una explicación, pero se descubre recién al final y en el mientras tanto no pasa nada. En el final pasa todo junto y termina de repente.
—Te quiero, Sley, eres mi maldita luz. Lo mejor que me ha pasado en la vida. Y por ti sería capaz de cualquier cosa, incluso aunque me rompiera por dentro.