“Tú también te has hecho pequeña, y yo me he hecho grande. Te has vaciado. Ya no queda nada dentro de ti. Como un depósito que se vacía de afecto, y del que yo quiero exprimir las últimas gotas. Así de egoísta soy. Tú pequeña, y yo grande, henchido de un amor que nunca doy. El amor no se acumula. Si se acumula no es amor. Es tan sólo aire. Tengo el cuerpo saturado de viento, de brisa, de nada. Estoy vacío. Soy un avaro. Acumulo afecto, no lo dejo fluir, y por eso desaparece.”
Ama: “madre” en euskera. Ama: tercera persona del presente del verbo amar.
Esta novela son las dos cosas. Es una madre: la de Jose. Y es un amor: el que existe entre ellos.
A partir de la figura de su madre y del amor que siente su hijo por ella, se construye este libro. Un libro que podríamos decir que ha sido escrito, asimismo, en forma de catarsis. Pura. Literaria. Humilde. Vivamente emocional.
Me ha parecido tan real, tan sincero, tan profundo y tan expresivo, que puedo decir, sin ningún tipo de duda, que es uno de los libros más bonitos que he leído jamás.
En su conjunto, me he ido imaginado a Jose, como hijo y náufrago, deshacer el camino de su vida. Lo he imaginado recorriendo el pasado y recordando a su madre. Lo he imaginado en su casa, escribiendo, de corrido, para explicarnos todo lo que precisamente va recordando de ella.
Y estoy segura de que su madre estaría tan orgullosa. Porque lo importante no es lo que se dice, sino lo que esto significa.
Y creo que lo he entendido.
Lo que significa.
Y es tan bello.