Tres cosas:
1) ¡Demonios, lo ha vuelto a hacer! ¡No sé cómo, pero Laura Fernández lo ha vuelto a hacer!
2) Cómo será esta novela que, aunque trata de un escritor de ciencia ficción que, luego de salir de la ducha y fingir frente al espejo que su secador de pelo era una pistola de rayos láser, muere electrocutado, y que, por algún asunto sin resolver, vuelve de Ahí Arriba y se pasea por el mundo de la mano de la desesperadamente soltera Miranda Sherikov, azafata Manderlan y representante de fantasmas, vestido únicamente con una toalla de microdelfines, mi cerebro piensa: «No, esta novela es evidentemente REALISTA».
3) De nuevo tengo unas ganas horribles de que leer esas novelas que Laura Fernández se inventa dentro de sus novelas. ¿Quién no querría leer una novela sobre un astronauta que, en su día libre, lleva a su familia a un planeta en el que (OH, DIOS, POR QUÉ NO HABRÉ CONSULTADO EL FOLLETO TURÍSTICO) unos edificios que caminan ponen en peligro ese, en principio, maravilloso día en familia? La novela, por cierto, se llama "Excursión a Delmark-O". Y lo mismo me pasa con "Si no existiera Perky Pat", y con "El Santa Claus oficial de Wyoming Pete", o como demonios se llame esa maravillosa novela que planea escribir Jubb Renton. ¡Dios, hasta querría leer "Caballero Dama"! ¡Y, que Denver nos ayude, las novelas de Chrissie Cattcher también!