David Saavedra es un exnazi. Empezó su camino después de ver en un documental un discurso de Hitler. Era casi un niño. Pasaron veinte años hasta que su venda empezó a caer, luego de leer un libro sobre economía prestado por un amigo, quien también le presentaría al verdadero Marx y no a aquel ser mitificado en contra de cuya ideología luchaba junto con el resto de "radicalizados". Este es un testimonio de cómo una persona llega a convertirse en fanático de una ideología, en lo que Saavedra llama un "negacionista" (en su caso, del Holocausto, al que en su círculo llamaban "Holocuento"), y es también la articulación narrativa del proceso de radicalización y su posterior salida de aquello (aunque para Saavedra es un proceso que aún no termina). Es un documento muy valioso para entender desde la psicología qué es lo que lleva a una persona a actuar de una manera extremista, lo cual sirve para entender fenómenos diversos pero que tienen un mismo origen. Ello se puede ver en cualquier forma de radicalismo ideológico, de hecho Saavedra se identifica con varios de ellos, los cuales obedecen a un mismo mecanismo: relativizarlo todo, creer firmemente que se está haciendo algo bueno, luchando por lo bello, lo bueno y lo justo, que se está del lado correcto de las cosas, de la verdad, y cualquier acto está justificado bajo ese manto de superioridad moral, incluida la violencia. No obstante, en este relato honesto (aunque se nota que hay aún incomodidad y ciertas ideas aún arraigadas profundamente, cosa que en el posfacio el autor acepta), justamente la entrada a la última etapa, la de la acción, fue lo que quizás orilló a Saavedra y empujó a salir de lo que el llama "la burbuja". Estuvo veinte años deseando pasar del discurso a la acción, pero cuando vio lo que aquello conllevaba en su vida y la de sus allegados, entendió que ese no era el camino... Pero ese entendimiento le costó sangre, sudor y lágrimas, y casi hasta su vida...
Una crónica testimonial ampliamente interesante que aporta mucho conocimiento sobre el funcionamiento de estos grupos e individuos radicalizados, pero sobre todo de la lógica que usan para afincar sus ideas basadas específicamente en la creencia de una conspiración internacional que lo controla todo (llámese judíos o marxismo cultural) y que quiere orillar al hombre blanco occidental, europeo, heterosexual para quitarle su poder y soberanía, e instaurar un mestizaje físico y cultural. De ahí que se ataque a la izquierda y al marxismo pues, según ellos (al igual que el poder judío internacional) quieren diezmar a la cultura blanca europea debilitando al hombre, a la raza blanca, feminizandolo o estrogenizándolo, y mezclándolo con razas inferiores (según ellos, tendientes al mal, a lo torcido, a lo delincuencial) y ese sería el motivo por el que la izquierda promueve la migración, el feminismo y el lobby LGBTI. Es por ello que la extrema derecha promueve la familia tradicional, el rol tradicional de la mujer, lo femenino en vez de feminismo y el nacionalismo anti-inmigración, en contraposición a lo que promueve la izquierda. Saavedra identifica el discurso neonazi con los mismos preceptos y supuestos valores que hoy por hoy difunden los grupos y partidos de extrema derecha como VOX y los supremacistas blancos de los EEUU. Es más, aclara que para todos sus coidearios fue una sorpresa ver cómo el discurso que ellos durante décadas repetían en voz baja y con miedo, de repente empezó a normalizarse gracias al surgimiento de VOX de España y a las redes sociales que se hacen eco de ese discurso. Creo que este es el aporte más valioso de este libro.
Toda esa campaña, que muchos activistas de extrema derecha llaman "batalla cultural" sale en realidad de ese discurso subterráneo extremista que defendía ideas y "valores", racistas, xenófobos, machistas, misóginos, antifeministas, homofóbicos, fascistas y nacionalistas, ahora normalizados bajo la excusa de tratarse de una lucha en contra de la "agenda" marxista de la izquierda. Saavedra es claro en definir a VOX como el centro en el confluyeron todas las facciones de extrema derecha de España, incluidas algunas neonazis (no todas, claro, pues los más radicales no se sumaron, quizás sí los más oportunistas). Pero Saavedra aclara que, incluso quienes no se sumaron, aunque ven con envidia ese ascenso de uno de sus pares, también sienten cierto beneficio al ver más pequeño ese escalón que les separaba de la normalización social. Y eso es lo más alarmante de las conclusiones de Saavedra. La normalización de estos discursos que un día fueron subterráneos es algo que entraña un peligro aún no tan estimable, dado que es un fenómeno reciente, pero que ya tiene fuerte resonancia en la mayoría de países donde ya se ven marcadas polarizaciones ideológicas irreflexivas basadas en ideas que se transmiten y cimientan a través de redes sociales.