Incluso en las escuelas ya no se sabe estimular de otra manera el pensamiento de los niños si no es invitándolos a tomar partido a favor o en contra de algo. Se cita la frase de un gran autor y se les "¿Están de acuerdo o no? Desarrollen sus argumentos". Los desgraciados, en el examen, deben terminar su exposición al cabo de tres horas, pero no pueden dedicar más de cinco minutos a preguntarse si están de acuerdo. Cuánto más fácil sería "Mediten sobre este texto y expresen las reflexiones que les lleguen al espíritu". Casi por todas partes, e incluso a veces por problemas puramente técnicos, la operación de tomar partido, de tomar posición a favor o en contra, ha sustituido a la obligación de pensar. Es una lepra que ha tenido origen en los ambientes políticos y se ha extendido, a través de todo el país, casi a la totalidad del pensamiento. Es dudoso que se pueda remediar esta lepra que nos mata si no se comienza por suprimir los partidos políticos.
Simone Weil was a French philosopher, Christian mystic, and social activist. Weil was born in Paris to Alsatian agnostic Jewish parents who fled the annexation of Alsace-Lorraine to Germany. Her brilliance, ascetic lifestyle, introversion, and eccentricity limited her ability to mix with others, but not to teach and participate in political movements of her time. She wrote extensively with both insight and breadth about political movements of which she was a part and later about spiritual mysticism. Weil biographer Gabriella Fiori writes that Weil was "a moral genius in the orbit of ethics, a genius of immense revolutionary range".
A grandes rasgos, se tiene un libro del cual constan dos artículos particulares, uno relativo a la supresión general de los partidos políticos y notas sobre la rebelión.
Respecto del primero, es muy buen texto, con sus debidos matices, tales como la falta de claridad en la expresión de ideas, el desarrollo aleatorio de las líneas argumentales, y la inclusión de metafísicas innecesarias, pero que no obstante, encierran diversidad de temas relevantes para la política general, la filosofía y las ciencias sociales. Creo, incluso, que podría considerarse a Weil como una de las primeras intelectuales deliberativistas, una vez se le presta atención a sus posturas.
Respecto del segundo, puedo decir que es bueno, pues atiende a la falta de espíritu de rebelión en la Francia post Segunda Guerra Mundial, donde no había ánimos, ni líderes o directrices claras para la reconstrucción política, y que fuera resultado de la ingenuidad e inocencia de los operadores políticos respecto de las invasiones ocurridas a su alrededor. Su crítica, válida y clara, atiende principalmente al carácter de estado y de la sociedad ante la guerra, reivindicando la necesidad de un espíritu popular en las rebeliones frente a invasiones externas.
Reitero, es bueno. Creo yo, el primero es infinitamente mejor que el segundo, no obstante que el segundo no es malo.