La inmigración se ha convertido en un tema trascendental de nuestra sociedad. Constituye el eje central sobre el que versan los debates políticos, económicos y sociales en la actualidad; bien como arma arrojadiza contra las políticas de tolerancia e igualdad, bien como pretexto para justificar actitudes xenófobas.
Ya sabes, todos somos diferentes. Existen diferencias en el seno de una misma familia, entre hombres y mujeres, entre pobres y ricos, entre fuertes y débiles, entre culturas y tradiciones, entre maneras de vivir y de morir. La diferencia en sí no constituye realmente un problema, pero llega a serlo cuando se olvida la tolerancia, la igualdad, la solidaridad entre los seres humanos.
Sami Naïr, filósofo y sociólogo francés de origen argelino, expone sus reflexiones acerca de la inmigración en forma de diálogo, con un cierto matiz pedagógico. Este ensayo surge a raíz de la primera experiencia migratoria importante en Francia, que sacudió todo el panorama político y social en la primera década de los 2000. No obstante, para su publicación en España decidió enfocarlo a nuestra situación y especificidad pues, las circunstancias, las leyes, la sociedad, así como el perfil de los inmigrantes difieren de la vivida en el país vecino.
En esta reseña, me gustaría destacar los pasajes reflexivos que más me han gustado. El primero gira en torno al concepto de "integración" en el país de acogida. Esta resulta más difícil si uno permanece en su "comunidad de origen"; aunque cada sociedad reacciona según su historia y visión del presente. Por ejemplo, Estados Unidos favorece el "comunitarismo", fomentado por el racismo y la etnicidad:
Esa sociedad nació de un etnocidio, el de los indios. Y se construyó sobre una opresión, la de los esclavos negros. Estos dos actos fundadores siguen determinando el inconsciente colectivo norteamericano. Y el hecho de que en la actualidad se desarrolle una especie de "respeto agresivo" hacia el Otro constituye una reacción de los norteamericanos más tolerantes contra ese pasado, contra ese inconsciente colectivo. No está ni bien ni mal. No puedo juzgar desde el exterior.
La segunda idea versa sobre la diferencia entre generaciones migrantes. Se trata de un tema que podemos apreciar en nuestra sociedad. Por un lado, la primera generación llega al país, no para instalarse definitivamente, sino para ganar dinero y enviarlo a su país de origen con el fin de regresar y vivir mejor. Sin embargo, en la práctica casi nunca ocurre y hace venir a su familia núcleo (en España la Ley de Extranjería permite la reagrupación familiar). Acaban replegándose en su comunidad de origen, como una especie de búnker, siendo la religión una "frontera sagrada". Por otro lado, la segunda generación plantea el verdadero problema. Han nacido en el país de acogida y tienen la misma educación, las mismas fiestas y juegos y hablan la misma lengua y jerga que sus conciudadanos; es decir, poseen la misma "identidad". El problema estriba en que Ellos no vienen del exterior, están dentro, pero quieren hacerles salir. La sociedad pues, no comprende que digan "mi casa", "mi lengua", "mi país". Enarbola su origen ("puro") para diferenciarlos y excluirlos de su propia casa. Del mismo modo, si regresan al país de sus padres, serán marginados: hablamos de un claro desarraigo interno.
La tercera idea (y la que más me ha llamado la atención) es sobre el "comunitarismo" de los inmigrantes musulmanes residentes en Occidente. En un contexto de rechazo y desprecio por parte del país de acogida, se encierran en sí mismo y hacen de su religión un "refugio identitario". Según Sami Naïr, los Estados de donde proceden intentarán controlarlos por medio de la religión. Financiarán la construcción de mezquitas, enviarán a ministros de culto que estarán a sueldo del país de origen. E impondrán su propia visión del islam en el país de acogida. Se aprovechan del desasosiego de los inmigrantes no integrados, del racismo, de la marginación, para propagar su fanatismo religioso y transformar la confesión en ideología política. Cada cual que reflexione sobre este pasaje.
La cuarta y última idea, para finalizar esta reseña, es sobre el futuro de los inmigrantes. El autor no brinda una visión utópica y fantástica en la que todo es de color de rosa. Introduce el concepto de "codesarrollo", en el que los Estados sobre los que se instalan los inmigrantes pueden ayudar a construir Estados de derecho en su país de origen: El futuro de los países de origen de los inmigrantes depende principalmente de ellos. Nosotros no solventaremos sus problemas en su lugar. Es interesante la ayuda a esas naciones a acceder al progreso tecnológico y al desarrollo económico (aunque eso no interesa ni a EEUU ni Europa). Asimismo, Naïr aporta una serie de propuestas, como la inversión de empresas privadas en la formación de obreros que allí necesitan, una cooperación "descentralizada". Hay que ayudar a los países a fin de que la gente ya no tenga necesidad de huir de la miseria.
En conclusión, me gustaría señalar que, pese a ser publicado en el año 2001, escrito desde una interpretación y perspectiva de hace veinte años, las ideas expuestas sobre la concepción de los inmigrantes en Occidente, la manipulación de los medios y la ignorancia que estriba en la mente de la sociedad, permanece intacto en la actualidad. Da mucho qué pensar.