Qué libro tan decepcionante.
[----- spoilers a continuación ------]
Hay demasiados elementos en esta novela que no parecen tener ningún tipo de sentido, de lógica, y otros tantos que dan la impresión de haber sido puestos allí con el único objetivo de avanzar la trama sin dificultad (el inverosímil accidente de avión, por ejemplo).
Tan solo algunas de las cosas que me parecieron ridículas:
-los nombres.
-Max y su agencia de detectives.
-la estadía permanente de Nicole en España.
-que Eusebio le tenga que pagar a un profesor un fajo de billetes para que le ayude a desbloquear un portátil (y que al final no lo haga él, sino el propio Eusebio, con un USB mágico).
-que Guillermo haya apuntado el número de su amante en un papel, con nombre incluido, en plena era digital. Solo le faltó el corazón, o el beso con el pintalabios.
-el hecho de que todos los enfermos mentales y camellos de Madrid se encuentren en un chat público y compartan sus historias, números, direcciones y fotografías al primero que pregunte. El camello incluso admite haber violado. Debe de ser un paraíso policiaco. ("Pasaste la prueba". Venga ya, señor Martín.)
La mayoría de los personajes están como hechos de cartón. Lo único que les diferencia realmente es el nombre —cambiante un número absurdo de veces—. No tienen motivación alguna.
¿Eran realmente necesarias las descripciones explícitas de la zoofilia o la pedofilia? ¿Eran importantes para la trama? ¿Contribuían en algo? No.
Por último, pero no menos importante, están las acciones repetitivas. El autor parece tener un marcado fetiche con los pies y los pezones de TODOS los personajes femeninos en este libro. Sobre todo con los pies. Me ha recordado a Tarantino, pero sin el talento de este, por supuesto.
Querida Anagrama, puedes aspirar a algo mejor.