Con cada chiste, con cada dibujo, con cada palabra, Sala nos desafía a mirar el mundo como no quisiéramos verlo: grotesco, insano y ridículo. Pero ese mundo está alrededor nuestro aunque queramos mantener la elegancia, así que mejor leer su trabajo y morirse de risa mientras el pelo se nos cae, la comida se pudre en la heladera y las cucarachas planean en silencio como dominar el mundo. ORDINARIO es solo otro paso más de Gustavo Sala para destruir lo establecido. Acompañémoslo sin prejuicios y dispuestos a reírnos de absolutamente todo.
Ideal para la cabeza quemada de fin de año, capaz de sacar unas cuantas sonrisas socarronas. Es de los últimos trabajos de los zarpados y en blanco y negro, hay mucho chiste fácil grotesco, repeticiones de estilo y clichés de un autor tan peculiar. El balance es bueno, la edición es rara, hay dibujos que ocupan una pagina entera dejando mucho espacio libre,, a ver, o dibujo más grande centrado o acomodado en proporción para que entren dos. Raro de Llanto de mudo de tan buen catalogo y criterio editor.
Diego Cortés no sabe nada, por eso no le crean cuando dice Con cada chiste, con cada dibujo, con cada palabra, Sala nos desafía a mirar el mundo como no quisiéramos verlo: grotesco, insano y ridículo. Pero ese mundo está alrededor nuestro aunque queramos mantener la elegancia, así que mejor leer su trabajo y morirse de risa mientras el pelo se nos cae, la comida se pudre en la heladera y las cucarachas planean en silencio como dominar el mundo. ORDINARIO es solo otro paso más de Gustavo Sala para destruir lo establecido. Acompañémoslo sin prejuicios y dispuestos a reírnos de absolutamente todo., ya que claramente este librito de historietas es un catálogo de papeles higiénicos disimulado como historieta. Piensenlón.
Libro raro, este extraordinario. Hasta la página 34 me pareció una libro vacuo, vulgar, casi búlgaro. Pero después, de la 35 a la 45 y ½ más o menos, me resultó recontra ácido y esclerótico, salvo por un par de bajones básicos y pupilares. De ahí hasta el final, una seguidilla de subibajones irregulares que me sacaron las suficientes sonrisas como para promediar para arriba. Y si bien no me encontré con las mil maravillas que me prometió la introducción, los agradecimientos me resultaron muy llenadores y un lindo consuelo.