La figura del Don Juan, uno de los arquetipos más trabajados dentro de la literatura española, si bien autores extranjeros como Lord Byron, Pushkin o Molière también han puesto el foco en él y lo han convertido en protagonista de alguna de sus obras; incluso el personaje se ha paseado por otros géneros artísticos, como la ópera, de la mano de Mozart en su “Don Giovanni”. Si buscas en esa suerte de panacea light universal para el desconocimiento que es Wikipedia, encontrarás al personaje descrito como “ un seductor valiente y osado hasta la temeridad que no respeta ninguna ley divina o humana.” Dentro de la literatura española, ha protagonizado varias obras de teatro. Las dos más importantes son “El burlador de Sevilla”, atribuida a Tirso de Molina; y la que ahora nos ocupa y vamos a reseñar, el “Don Juan Tenorio” del dramaturgo y escritor vallisoletano José Zorrilla. Como curiosidad, ambas obras suelen ser representadas por los días de la festividad de Todos los Santos de la misma forma que ocurre con el “Macbeth” de Shakespeare en el mundo anglosajón. Y es por eso que tenía muy pendiente leer la obra de Zorrilla en estos días, por su relación con lo sobrenatural. Además, tenía curiosidad por leer uno de los máximos exponentes de la literatura romántica española. Y es que “Don Juan Tenorio” fue publicado y representado por primera vez delante del público en 1844, si bien está ambientada durante el reinado del emperador Carlos V. Circunstancias que para bien o para mal han repercutido bastante en mi lectura y en la percepción que he tenido de ella.
Sevilla. Reinado de Carlos V. Don Juan Tenorio vuelve a su ciudad natal para cumplir la apuesta que tenía con don Luis de Mejía. Consistía en que ambos hombres cometerían todo tipo de tropelías y conquistas, y pasado el plazo de un año ambos se reunirían para descubrir quien había sido el más pendenciero y vil. Sin embargo, el reencuentro solo consigue que la apuesta se vuelva más dura. Así que para hacerse con la victoria total, don Juan tendrá que conquistar a dos mujeres más, una de las cuales es la hija del comendador del Sevilla, doña Inés. Sin embargo, a lo largo de la noche, don Juan descubrirá el amor, y la tragedia se cebará sobre él y quienes tienen la desgracia de estar a su alrededor. Una tragedia que será cobrada cinco años más tarde en un escenario sobrenatural.
Como os he dicho antes, lo que más me interesaba de esta lectura era su relación con el romanticismo. Y me ha parecido un ejercicio muy interesante para echar un vistazo a la literatura y dramaturgia española del siglo XIX y la percepción que en esa época tenía el mito del don Juan. Zorrilla Compuso una obra en la que no falta ninguno de los elementos típicos del romanticismo: un héroe complejo y lleno de claros oscuros que se enfrenta al mundo en solitario;una historia de amor trágica e imposible; un destino cruel que se ceba, sin piedad con los personajes; venganzas y apariciones del ultratumba; diálogos trágicos y que desbordan pasión; un ambientación de raíces fuertemente históricas; predominio del sentimiento sobre el raciocinio, personajes calaveras y duelos con espadas a borbotones; una heroína modosita que representa todo lo bueno (según los estándares de la época, claro), escenarios y escenas tétricas y sobrenaturales, y una moraleja final que cuaja en un desenlace en el que triunfan el amor que todo lo puede y supera, el arrepentimiento y el perdón. Y Zorrilla usa todos estos elementos para componer una obra bastante dinámica, que prácticamente en ningún momento pierde el ritmo.
Ya la primera escena del Drama empieza pisando fuerte, y poco a poco el argumento va desarrollándose de una manera implacable, con un grupo de personajes que se mueve con soltura entre sus páginas. Puede parecer una obviedad si hablamos de una obra de teatro, en la que no hay espacio para momentos de recogimiento y tranquilidad, como si ocurre las novelas. Pero la verdad es que yo no las tenía todas conmigo con este “Don Juan Tenorio”. Y le reconozco a Zorrilla, que sabe meterle a la historia sus buenas dosis de misterio, salseo Y escenas con espadas que hacen que todo el conjunto sea muy interesante y te lo tragues bien. Y es que verdad que si bien en cuanto a fondo y argumento, la historia me ha parecido anticuada y rancia (pero ya iremos más adelante a eso. Y quizás en todo esto haya tenido que ver, que ya sabía, más o menos, de que iba todo el asunto). Pero en cuanto a forma y la manera en que se trabaja la composición y todo lo que contiene, no tengo ninguna queja. No he llegado a engancharme en ningún momento a la historia, pero tampoco se me ha hecho un suplicio cada vez que cogía el libro para leerlo. Los diálogos de Zorrilla son ágiles, elegantes y apasionados y llenos de florituras, con momentos realmente poderosos. Y sí, hay muchas cosas que pasan de una manera precipitada, no, precipitadisima, y basicamente se dan porque sí, (instalove lo llaman ahora). Pero hay que tener que en el mundo del teatro, eso es así, no hay tiempo para que las cosas se ven de una manera reposada, los hechos pasan en un corto espacio de tiempo y de una manera que resulta casi agresiva en otras circunstancias.
A lo largo de la lectura encontramos algunas de las citas y frases más emblemáticas de la literatura española (aún estoy en shock por haberme encontrado con que el "¿no es verdad ángel de amor...?" en realidad es "¿no es cierto, ángel de amor…?”) que te meten totalmente en la historia y en los personajes, en los estereotipos que representan y en su papel dentro de la obra. en ese sentido, también tengo que reconocer que me esperaba que la parte sobrenatural durase más, y eso es algo que me ha fallado en esta lectura, porque es justamente lo que buscaba cuando la inicié. Que toda esa parte del principio y el salseo romántico y varonil que monta Zorrilla en los primeros actos me han gustado, pero echo en falta más apariciones sobrenaturales y escenas de dantescas, la verdad.
Y por supuesto, inevitablemente el personaje mejor construido y caracterizado es el del protagonista, que para algo es quien pone nombre a la historia. Zorrilla nos muestra un don Juan arquetípico, pero no existente de matices y humanidad. Su personalidad, sus actuaciones y sus diálogos rellenan totalmente la historia y las páginas que la componen, y el dramaturgo, explora por medio de todas las facetas del mito. El Tenorio es un personaje sumamente complejo, que durante el 90 % de la lectura a mí me ha caído bastante mal, para que mentir. Pero también tiene algo magnético que creo que atrae a lectores de todas las generaciones y épocas, y eso hay que reconocérselo. Don Juan es pendenciero, vil, descarado, orgulloso y ambicioso en extremo. Siempre dispuesto a salirse con la suya y a conseguir lo que se proponga, pisando a quien tenga que pisar y sin sentir ni un ápice de compasión por sus víctimas, de hecho regódeanse en las desgracias que les infringe. Es el héroe que se enfrenta a todos y todos por conseguir su santa voluntad, y que, pese a su villanía, los autores se empeñan en ponerle una estela trágica que acaba haciéndole medianamente aceptable para el público. O por lo menos, bastante interesante. Y a la vez, a lo largo de la obra, descubre lo que es el amor, los remordimientos y, el perdón. Lo más interesante de la historia es como su persona se contrapone frente a la trágica figura de su amada, doña Inés; la joven, que se ha criado en un convento y no conoce nada del mundo exterior y quienes lo pueblan, bondadosa hasta la extenuación, tan crédula que es fácil llevarla por donde se quiera, tan buena que es anodina, y que en poco tiempo y con toda la pasión. Ya se sabe cómo eran las cosas en el siglo de oro español y en el siglo XIX, las mujeres solo podían ser dos arquetipos: la mujer tentadora o malvada o la joven espiritual por cuya bondad absoluta de corazón el héroe se redimía. Y doña ines está totalmente inscrita en este segundo arquetipo, su aportación a la obra es ser únicamente el objeto de los amores y sufrimientos de don Juan, más papel activo no tiene ni se le espera. Quizás para esta historia podríamos añadir un tercer rol, el de la mujer caída en desgracia por algo superior así misma. En ese sentido, tengo que decir que doña Ana de Pantoja me ha parecido el personaje más interesante y también más desaprovechado de todos, me quedo con ganas de saber más de ella, que queréis que os diga. Porque seamos sinceros. “Don Juan Tenorio” es una dramaturgia que muchos aspectos ha envejecido mal, muy mal. Es interesante por su relación con el Día de Difuntos y su importancia dentro del romanticismo español, y como ya os dije antes por eso me interesaba leerla, sobre todo en estas fechas. Pero siempre digo (y esto es una opinión personal) que las obras que se consideran “clásicos” lo son porque siguen siendo imperecederas, porque tratan temas y presentan personajes que tienen algo atemporal, manejan problemas y circunstancias que siguen resultando interesantes y válidos para el lector moderno, independientemente de las generaciones que hayan pasado desde su confección. Hay obras que quizás argumentalmente puedan parecer muy viejunas, pero que luego te encuentras con ideas, personajes y situaciones bastante actuales y potentes, y eso las hace imperecederas. Y sí, todas y todos tenemos alguna amiga o conocemos a alguna chica cuyo enamorado o novio se haya burlado de ella de una manera estrepitosa, hay ciertas cosas que por lo visto nunca cambian. Pero siento que muchos de los temas y conceptos que el “Don Juan Tenorio” de Zorrilla maneja se han quedado anticuados. La importancia que se le da a la honra y el honor puede manejarse ahora como el orgullo propio o el deseo de no ser insultado o burlados de cara a la galería, pero nunca ya de la manera en que es representada aquí. También resultaría impublicables la forma en que las mujeres son retratadas y los roles pasivos que adoptan en esta historia (con la excepción del aya de doña Inés, más relacionada con la figura de las alcahuetas o la celestinas que de las heroínas, y quizás por eso más interesante que su protegida y doña Ana) y como son vistas y tratadas (¿ cuando don Gonzalo se encuentra con don Juan después de que engañarse a Doñana y le suelta sobre la chica “imposible la has dejado para vos y para mí”? Que mal me sento) Y, aunque ya os he dicho antes que hombres malos sigue habiéndolos, la figura del don Juan ha quedado bastante anticuada y rancia, ahora genera más hastío y rechazo que respeto. soy totalmente consciente de que lo que voy a decir es absolutamente anacrónico e imposible, que las cosas no eran así para las mujeres ni en la época en que está ambientada la obra ni cuando fue escrita. Pero me quedo con muchas ganas de que doña Inés y doña Ana se hubieran juntado bien agarraditas del brazo y hubieran pasado de todos los varones que las rodeaban para i irse de pinos largos por la noche sevillana. La parte woke que hay en mí y que intenta que nunca se cierre a las circunstancias y el contexto histórico en que las obras fueron escritas, no puede evitarlo.