Hoy he terminado la novela “Una gota de afecto” de José María Guelbenzu y justo llega la noticia de su fallecimiento en Madrid. No ha tenido tiempo de ver la buena acogida que está teniendo su última novela.
Trata sobre una estirpe familiar enraizada en un municipio del norte de España, a escasos kilómetros de la costa cantábrica. Blas Herrera vuelve de América después de hacer dinero mediante la administración y explotación de un fundo azucarero. Se casa con una mujer perteneciente a una familia de alto nivel, llamada Cecilia de Lara y construye una gran casona, la típica casona de indiano, a la que llama “La Luz de Lara”. Al cabo de varias generaciones, que están completamente descritas en la novela, en el momento actual en la novela solo queda Jaime Herrera y una joven pareja, Eugenio Solís y Mercedes Lanza, siendo Eugenio hijo de su Matilde Herrera, hermana ya fallecida de Jaime. Eugenio y Mercedes viven en la casa solariega junto a su hija Cecilia, que es todavía una bebé.
La historia de la familia Herrera no es la de una familia bien avenida. En general, los hombres han sido personas débiles, gobernados por sus mujeres o por las madres. Aparece la figura del hijo preferido que se queda con toda la herencia, postergando a los hermanos. Jaime sufrió esta postergación, abandonó la Luz de Lara a los 10 años para ir a un internado, sin apenas tener contacto durante más de 50 años con el resto de la familia. De la herencia de sus padres no le tocó nada, habiendo pasado la casa a su sobrino Eugenio.
Al tío Jaime, al cabo de los años le vuelve el sentimiento por la casa en la que nació, por la conservación de la casa, como un símbolo del poderío y honor de la familia. Decide ir a visitar a su sobrino y su pareja y ver cómo mantienen la casa y de qué viven. Esta visita que empieza como un encuentro familiar, de compartir historias, recuerdos, etc pronto da un giro y muestra las intenciones de Jaime, que es un ególatra, un soberbio, controlador de todo. Todo tiene que estar a su gusto sin considerar las circunstancias de los demás.
La novela está muy bien escrita. Siempre aborda el punto de vista de Jaime, aunque aparecen los otros puntos de vista en los diálogos. La historia de la familia está muy bien descrita. La figura de Jaime me pareció como de otra generación, como extemporáneo, viviendo en una época arcaica con ideales trasnochados.
Es una novela muy entretenida. Bien estructurada. Quizás puede haber cierto paralelismo entre el personaje de Jaime y la vida del autor, ya que Jaime habla de dejar sus cosas resueltas antes de morir. Seguro que repito con Guelbenzu. Que no quede este autor en el olvido.