El nuevo libro de Pilar González es un canto al destino y a la redención, un susurro entre las páginas que recuerda que, aunque el libre albedrío trace nuestros pasos, el amor deja siempre su huella indeleble, iluminando incluso los rincones más olvidados del alma.
Solo la lluvia es una historia que entrelaza varios hilos temporales. En el presente, seguimos a Candeloria, nuestra protagonista, que gracias a su mal llamado “don” ayuda al inspector Víctor de la Policía a resolver casos que la investigación tradicional no consigue cerrar. Paralelamente, viajamos al pasado con el mago Dai Vernon, quien nos sumerge en momentos históricos que marcaron una época: el verano rojo de Texas, la Gran Depresión de 1929, la creación del Paseo de la Fama de Los Ángeles o el ascenso a la fama de Houdini, mientras él lucha por abrirse camino como creador de ilusiones ópticas. Aunque ambas historias parecen muy distintas, el desenlace revela una conexión mágica que une el pasado y el presente de los protagonistas, dando visibilidad a ese hilo invisible que las enlaza.
Es un relato donde el espiritismo, la capacidad extrasensorial y la hipersensibilidad laten con fuerza, explorando a fondo las emociones sin detenerse en los detalles. La investigación policial queda en un segundo plano, sirviendo como hilo conductor hacia un fin más íntimo: el intenso sentimiento de amor de Candeloria por el inspector y la sensación de experimentarlo.
Es importante destacar la minuciosa labor de documentación de la autora, que se refleja en cada detalle relacionado con la UME, la asociación de médiums y espiritistas, así como en el tratamiento de fuentes sobrenaturales y energías. Este rigor aporta verosimilitud y profundidad a la historia, permitiendo que lo extraordinario se sienta cercano para el lector.
La prosa de la autora es emotiva y cuidadosamente elaborada, llegando en ocasiones a ser desgarradora. Candeloria, marcada por una vida difícil y por la sensación de estar siempre fuera de lugar debido a su don, transmite con intensidad sus emociones, haciendo que el lector sienta cada conflicto, cada anhelo y cada dolor que la define.
No obstante, nos ha costado empatizar con Candeloria, y en algunos momentos la lectura se nos ha hecho cuesta arriba. No es por la historia en sí, sino por las expectativas generadas por la sinopsis, que resalta la ayuda policial y la investigación de casos, cuando en realidad estos no son el eje central de la narración. Sin embargo, los libros, como decimos siempre, son también cuestión de momentos y perspectivas y, aunque este título no haya sido para nosotras, si disfrutas de lecturas que exploran lo más profundo del ser humano y se enfocan en la dimensión emocional más que en la policial, es muy probable que sí conecte contigo.