¿Porque el inspector Maigret habría de hacer caso a un anónimo que indica que en un pueblo de menos de 1000 habitantes se cometerá un crimen en la iglesia durante la primera misa del día de los difuntos?, sobre todo cuando el anónimo ha sido ignorado por casi todos.
Pues porque resulta que Maigret ha nacido precisamente en este pueblo, y después de muchos años, nunca regreso.
Existe un doble seguimiento, por un lado vamos buscando al sospechoso y los motivos, en un segundo plano vamos siendo testigos de los recueros que afloran en el inspector con cada lugar conocido, una de las cosas más tristes es que nadie recuerda a Maigret, para los habitantes desde la mujer bizca que lo atiende en las comidas, hasta el cura, el solo es el inspector de policía, un extraño.
La historia es intensa, se centra en una mujer que encarna el poderío y la decrepitud, pero también los pecados, y las consecuencias; es el sol alrededor del cual los demás personajes giran, sin alejarse demasiado.
En las novelas de Simenon es mejor adentrarse en las complejidades de los personajes y sus relaciones, más allá del misterio, que siempre resulta ser un pretexto para la exploración de la condición humana y sus comportamientos.
Como anécdota, Simenon describe un paisaje ventoso como si fuera visto a través de una campana de cristal sucia, me asombro por la metáfora similar a la usada por Silvia Plath, mucho después para ser título de su libro más reconocido La campana de cristal, me pregunto si ella leía a Simenon.
Me gustó el planteamiento, las relaciones que se van desarrollando pero sobre todo ese ambiente enrarecido que emana de esos pueblos que se ven tan angelicales e inmaculados.