RODRIGO CORTÉS Y TOMÁS HIJO TALLAN CON LA PALABRA Y LA GUBIA UNA FÁBULA GRÁFICA ÚNICA
Pedro de Poco nació boca abajo y a la segunda. Ha sido monje, ladrón, santo, mendigo, pastor, nada. Su vida transcurre con la cadencia de las cosas pequeñas y las cosas grandes, que son las mismas cosas, inexplicables e ignoradas. En el mundo de Pedro de Poco hay jilgueros, grajos y buitres, sirenas y niños que tocan la vihuela, sobre un suelo lleno de milagros que no importan, maravilloso e indiferente. Pedro de Poco no es indiferente, es solamente una piedra que late. Una piedra blanda.
La piedra blanda es el fruto del trabajo conjunto entre el escritor y cineasta Rodrigo Cortés y el grabador Tomás Hijo; una novela enteramente tallada, hija de la tradición picaresca, que es también un homenaje al origen de todos los libros, al misterio y la fascinación de que están hechos los árboles del bosque.
Rodrigo Cortés Giráldez (Pazos Hermos, Orense, España, 31 de mayo de 1973) es un director, actor, productor y guionista español. Desde joven se encuentra especialmente vinculado a la ciudad de Salamanca.
Nos encontramos ante una obra atípica y profundamente sugestiva, escrita por Rodrigo Cortés e ilustrada por Tomás Hijo. Se trata de una fábula poética en forma de novela gráfica, donde texto e imagen forman un todo inseparable. Se retroalimentan de manera sagaz y son el vínculo de un mismo mensaje.
La historia, de tono mítico y simbólico, gira en torno a Pedro de Poco, un personaje que habita un mundo indefinido en el que lo real y lo fantástico conviven con total naturalidad. Entrañable a veces, ingenuo siempre.
Lejos de ofrecer una narrativa lineal o convencional, el libro se apoya en un lenguaje rico, cargado de musicalidad, paradojas y resonancias arcaicas. Rodrigo construye un universo literario que bebe de la tradición picaresca, la poesía religiosa y la narrativa y mitología popular. Cada página está escrita con precisión milimétrica, invitando a una lectura lenta, reflexiva y, en muchos tramos, profundamente sensorial. No tengas prisa. Paladea cada palabra y cuando sientas su sabor en el fondo del cerebro. Llega la segunda parte. No mires, observa.
El trabajo visual de Tomás Hijo complementa y eleva el texto. Sus ilustraciones, inspiradas en técnicas tradicionales de grabado, aportan un tono oscuro y mágico, ayudando a anclar al lector en este mundo fuera del tiempo. No son un simple adorno: dialogan con el texto, lo expanden y le dan una dimensión adicional.
Como te decía no estamos ante un libro para leer con prisa. Exige atención y sensibilidad, pero recompensa con una experiencia única. Es un artefacto literario y visual difícil de clasificar, que deja una huella duradera por su belleza, su ambigüedad y su originalidad. Un libro raro, valiente y muy distinto a cualquier otro publicado recientemente. Un libro que muestra la capacidad del escribidor, de cambiar de registro sin perder su esencia.
Muchos conocerán a Rodrigo Cortés por su faceta fílmica, otros lo harán por su faceta radiofónica y podcastera, y otros por su faceta de salud escritor. Yo le conozco por todas, y no con todas tengo buena relación. Ya he reseñado previamente Los años extraordinarios y Cuentos telúricos, y si bien me maravilla la imaginación que tiene este hombre, no conecto con su forma de escribir.
Por otro lado, Tomás Hijo es un artista que se ha dado a conocer por su particular forma de "ilustrar " ya que lo que hace este buen hombre es tallar las imágenes y luego estamparlas. Oírle hablar del proceso es hipnótico. Además es un gran fan de Tolkien, que no viene al caso pero hay que decirlo.
Estos dos se conocen desde hace años, y han querido trabajar juntos desde hace unos cuantos (5 se comenta en el libro que les ha llevado terminar este proyecto) y por fin tenemos aquí el resultado. Lo valoraré en contenido y en forma.
Por la forma, es realmente espectacular. Es un libro de gran tamaño, tapa dura, portada en relieve, una edición muy buena y con mucho mimo. Las hojas son gruesas y firmes, aunque la mayoría transparentan, lo que lejos de ser un problema se incorpora a la obra, haciendo una especie de montaje que queda muy chulo. Por este lado, muy recomendable.
En cuanto al contenido, es donde creo que más se resiente la obra. Hay una sola imagen por página, y varias de ellas ni siquiera llevan texto. La historia se entiende perfectamente, pero creo que se queda corto. Si esto fuese solo texto, sería un relato corto de no demasiadas páginas. Si se ha leído algo de Rodrigo, ya sabéis a qué me refiero, es básicamente su estilo.
Esta es una imagen a doble página, la mas grande que hay, y la que más me ha gustado:
Yo lo he leído sacado de la biblioteca, y por tanto no me puedo quejar. Pero voy a reconocer que si hubiese pagado por él, como tenía pensado en un principio, igual me hubiera llevado un chasco. Entiendo que el trabajo de Tomás ha sido arduo y largo, y Rodrigo habrá pulido la historia mil y una veces, pero en conjunto como digo arriba, se queda corto. Eso sí, es precioso para lucirlo y una buena arma defensiva si la necesitas 😜
El mismo Rodrigo Cortés que me encontré en Cuentos telúricos combinado con el arte de Tomás Hijo son un explosiva (y maravillosa) combinación que se retroalimenta, una a otra para, contar la historia de Pedro de Poco, que vive entre el lirismo de Rodrigo y la gubia de Tomás, entre la fantasía y la picaresca.
Qué maravilla de grabados, de historia y de prólogos. Me encanta como Rodrigo y Tomás hablan de los procesos creativos del otro. Da ganas de volver a leerlo una y otra vez, aunque sea un tanto deprimente.
Le doy un valor añadido porque yo también hago grabados y el linóleo lo he trabajado mucho, por lo que sé la cantidad de trabajo, dificultad y horas de gubia y tórculo que ha debido de llevarle a Tomás Hijo cada una de las estampas. La maquetación le aporta un tono de cómic maravillosa, y no entiendo que haya gente que se queje de la edición o de que algunas páginas no lleven texto, o que esté estampado en negro. Criticar eso es absurdo y es no entender el lenguaje del cómic. Hay que pensar en el trabajo brutal que lleva cada una de estas páginas y el desarrollo de esta obra. Es algo híbrido entre libro de artista y cómic.
Qué manera de tocarte los ojos un libro. Qué preciosidad, qué ganas de querer sentir el relieve d cada grabado. Una pequeña historia que en realidad contiene algo infinito: es la historia del mundo y no tiene principio ni fin, porque para explicarla realmente no habría espacio ni tiempo. Así que Tomás Hijo nos la ha excavado en un folio que se hace muy profundo y que nunca tiene fin, porque te mete dentro de él y ya tus ojos solo ven un cuchillo afilado de luz en lugar de palabras.
Maravilla de las maravillas. Me faltan estrellas para calificarlo.
Los dibujos, los textos, la historia... cada página es un giro inesperado. Una fantasía dura y cómica al mismo tiempo, desde el nacimiento del protagonista Pedro de Poco hasta su final (que no es el que se supone) pasando por todos los avatares de su vida, como santo, ladrón, pastor, monje, dándonos una visión de la vida, de la suya y de la de los demás, de una manera desapasionada, con un desapego absoluto.
Visualmente es impactante también. Mucho espacio en blanco y los impactantes grabados de Tomás Hijo (no ilustraciones al uso) en una esquina, en el centro, con mucho espacio en blanco alrededor, lo que da más fuerza a la imagen y al texto... No es una novela gráfica de viñetas, es casi un conjunto de microrrelatos acompañados cada uno con dibujo (grabado)
Para leer y releer con calma. Abrir por cualquier página, disfrutarlo en orden, leerlo de atrás para adelante, ver sólo los dibujos, leerlo rápido o parándote en cada página... Es una de esas obras que te ofrecen múltiples experiencias lectoras.
Recomendadísimo
Reto Popsugar 2025 - 26. Un libro donde un personaje adulto cambia de carrera/profesión (un poco pillado por los pelos, pero lo incluyo...)
Terminado La piedra blanda de Rodrigo Cortés y Tomás Hijo. Qué decir… no es un libro al uso, ni por cómo está contado ni por cómo está hecho. Es de esos libros que más que leerse, se viven.
Nos cuenta la historia de Pedro de Poco, un personaje que ha sido muchas cosas —pastor, santo, mendigo, ladrón— y a la vez parece no haber sido nada. Una historia rara, absurda a veces, casi sin lógica… pero que justo por eso engancha.
Tiene esa mezcla de humor, misterio y algo que no sabes explicar pero te atrapa. Las ilustraciones de Tomás Hijo no son solo bonitas, son parte de la historia: oscuras, simbólicas, potentes.
Además, la edición es una maravilla. De esos libros que da gusto tener entre manos y mirar con calma.
No es para todo el mundo, eso está claro, pero si te gustan los libros distintos, que no sabes bien si te han encantado o te han descolocado (o ambas), este hay que leerlo.
Te adentras en una historia con elementos surrealistas que fluyen como si fuera lo más normal del mundo. Y te dejas llevar y acompañas a ese personaje, Pedro Poco, cuya vida late de fondo, con una especie de susurro silencioso que va tallando un mensaje página a página.
Al terminar la lectura, te quedas pensativo y tratando de observar qué te ha dicho a ti, qué ha puesto de relieve en tu propio interior.
Merece la pena apreciar la textura de los grabados, como si fuesen los muros sutiles de este mundo imaginario que es como un grito callado porque prefiere que lo escuchen los ojos.
A caballo entre el cuento ilustrado y el cómic, me ha parecido un libro muy sugerente y lleno de detalles de lo más interesantes. Es un libro al que recomiendo acercarse sin saber mucho. Tan solo que es un cuento, que está maravillosamente grabado por Tomás Hijo y que es una narración extraña que fluye con naturalidad.
La piedra blanda es una fábula poética y ambigua sobre la condición humana. A través de Pedro de Poco (un “nadie” que encarna a todos) muestra cómo la vida está hecha de máscaras cambiantes, silencios y paradojas. En un mundo donde lo bello y lo terrible conviven, la “piedra blanda” simboliza la aparente dureza del ser que, en el fondo, late con fragilidad y misterio.
Unas láminas preciosas y una historia muy bonita. Me he quedado observando varias de las láminas durante un buen rato y la verdad es que aunque se te hace corto sientes que has estado toda una vida con el personaje.
Tiene un aura de viaje espiritual; o más bien animal. No sé decir si me siento erudito o bestia. Es un disfrute de los sentidos. Podría detenerme en cada grabado y vivir una vida en él. Pero entonces me perdería el siguiente.
El trabajo de Tomás Hijo es muy interesante, pero la historia no me ha parecido gran cosa y las páginas están demasiado huérfanas, demasiado vacías; imagino que esto es exactamente lo que los autores pretendían conseguir, pero a mí no ha terminado de llegarme.
«Un día vi a la Virgen. Me quedé estupendo. Al prior le sentó muy mal, así que me escapé corriendo. Dejé mucho ruido detrás, pero lo de la Virgen me lo llevaba».