Esta es una novela breve pero intensa, escrita con la fuerza de quien ha vivido a contracorriente y no teme incomodar. Publicada originalmente en 1982 y traducida al inglés por primera vez en 2023, esta obra que se ha convertido en un clásico de la literatura queer caribeña, nos entrega una historia que es tanto una búsqueda de identidad como un grito desesperado de libertad. Su protagonista, Noenka, es una mujer negra que, tras apenas nueve días de matrimonio marcados por el abuso, decide romper con todo: con su esposo, con su familia, con su ciudad natal y con las normas impuestas por una sociedad que espera sumisión, silencio y conformidad.
Noenka es, en esencia, una figura que encarna el rechazo radical a la opresión. Su decisión de huir no es simplemente un cambio de escenario, sino un acto de desobediencia profunda. A lo largo del relato, Roemer va desnudando las contradicciones de su protagonista, su fragilidad emocional, su fuerza casi terrosa, su deseo de amar y ser amada, pero sobre todo su voluntad de no doblegarse. Noenka no se presenta como heroína ejemplar: es contradictoria, impulsiva, a veces cruel, pero en eso mismo radica su autenticidad. Lo que impulsa su desarrollo es su negativa a ser definida por los otros: por su esposo, por su madre, por las voces coloniales que todavía resuenan en Surinam, incluso después de la independencia.
Los personajes secundarios orbitan en torno a Noenka como sombras o ecos de lo que ella rechaza y a veces también de lo que desea. Su madre, por ejemplo, representa esa línea dura del deber femenino, de la obediencia, del peso de la herencia colonial católica y patriarcal. Los amantes que Noenka encuentra en su camino no son salvadores, ni enemigos, sino vínculos efímeros que reflejan tanto su hambre de afecto como su imposibilidad de permanecer. Hay también una presencia constante del pasado: figuras familiares, rumores, ancestros, espíritus de la tierra, serpientes de plantación. Esos símbolos llenan la novela de una intensidad casi onírica, en la que lo concreto y lo simbólico se entrelazan con naturalidad.
Los temas que atraviesan esta obra son poderosos: la libertad femenina, la violencia patriarcal, la sexualidad queer en un contexto postcolonial, la salud mental, la herencia racial, el exilio interior. Todo ello está tratado desde una perspectiva profundamente íntima y política a la vez. La locura, sugerida desde el título mismo, no es tanto una enfermedad como una estrategia: una forma de desobediencia, de supervivencia, de ruptura con lo que no se puede sostener. Noenka se vuelve “loca” para escapar de lo insoportable. Y en esa locura, que a veces se siente como lucidez extrema, la novela encuentra su mayor potencia.
Roemer escribe en fragmentos, con una prosa afilada y poética que se desliza entre la sensualidad, la rabia, el delirio y la ternura. El tono es íntimo, confesional por momentos, pero también profundamente literario. La novela no sigue una estructura lineal ni fácil: salta en el tiempo, cambia de tono, mezcla registros. Pero esa misma inestabilidad formal es parte de lo que la hace tan fascinante. Es un libro que exige atención, pero que recompensa con pasajes de belleza fulminante y con reflexiones que resuenan mucho después de haberlo terminado.
Entre lo más logrado está precisamente esa voz narrativa que no busca agradar ni explicar. Roemer nos obliga a aceptar a Noenka tal como es, con sus contradicciones y su furia. La atmósfera tropical, casi febril, en la que transcurre la novela, está muy bien construida: hay una sensación constante de humedad, de selva, de cuerpos que arden y de espíritus que no se apagan. Quizás lo que más puede costar a algunos lectores es esa estructura fragmentada y la falta de una trama convencional, pero es precisamente en esa ruptura donde la novela encuentra su sentido más radical.