Un Gil Kane pletórico ilustra una serie de historias que van de lo anecdótico (casi todos los cruces con Alan Scott), a lo histórico (la primera aparición de Guy Gardner... ya me diréis si eso no es un hito), pasando por las aventuras olvidables pero entretenidas que son la tónica del tomo. No nos engañemos: aquí Broome, Fox y el resto de guionistas son unos secundones, porque la estrella es Kane, sobre todo cuando se entinta a sí mismo, pero cuidado, que Sid Greene tampoco desmerece, dotando a los lápices del gran artista letón de unas ricas texturas que llegan a realzar el magnífico trazo de este. Los cruces con Flash y Batman... olvidables, pese a Carmine Infantino en el primero. Yo preferiría que, a no ser que sean imprescindibles, se olvidaran de cruces en estos volúmenes, pero bueno, es lo que hay.