En ‘Por si un día volvemos’, María Dueñas vuelve a demostrar su talento para entrelazar la historia con lo íntimo, tejiendo una historia que recupera con maestría varios de los elementos que convirtieron ‘El tiempo entre costuras’ en una obra memorable: una protagonista fuerte y compleja, un contexto histórico turbulento y una trama marcada por el exilio, la reinvención personal y el poder de la resiliencia. Ambientada en la Argelia colonial del siglo XX, la novela se erige como homenaje a la memoria de los exiliados españoles que buscaron una segunda oportunidad en tierras africanas, especialmente en la ciudad de Orán. En este contexto cargado de tensiones sociales y políticas, emerge la figura de Cecilia Belmonte, una protagonista cuya historia conmueve y atrapa desde las primeras páginas.
Orán. Años 20, siglo xx. En esta ciudad africana desembarca una joven con el falso nombre de Cecilia Belmonte. En apariencia, ha cruzado el Mediterráneo para escapar de la miseria. Su razón, sin embargo, es más turbia. La urgencia por sobrevivir la obliga a dejarse la piel en plantaciones y lavaderos, como empleada doméstica y operaria de fábrica a destajo. Hasta que una madrugada participa en un delito por el que paga con su sometimiento a un hombre despreciable. Su entereza será lo que la libere y le aporte el coraje para rehacerse y emprender un camino repleto de quiebros, logros y desafíos a lo largo de tres décadas vibrantes.
No me equivoco si digo que ‘Por si un día volvemos’ es, sin duda, una de las novelas más relevantes del año. No solo por la historia que cuenta, sino por cómo la cuenta: con sensibilidad, intensidad y un profundo respeto hacia sus personajes. Un relato vibrante que combina ficción con hechos históricos y que hace un recorrido por varias décadas —desde los años veinte hasta los turbulentos sesenta— donde los grandes acontecimientos del siglo XX se filtran a través de los ojos de quienes vivieron en los márgenes de la historia.
Al igual que miles de españoles que escapaban de la miseria, la represión y la violencia, Cecilia huye de España tras un episodio dramático. A través de sus ojos, asistimos al choque cultural, al desarraigo y a la difícil integración en una sociedad marcada por jerarquías coloniales y tensiones identitarias. Desde el inicio, su experiencia estará marcada por la incertidumbre, la soledad y la necesidad urgente de adaptarse a un entorno nuevo, muchas veces hostil. Sin embargo, lo que podría haber sido una historia de derrota se transforma en un poderoso testimonio de resistencia.
Uno de los mayores logros de la novela es la creación de su protagonista. Cecilia no es una heroína al uso: es una mujer que sufre, ama, se equivoca, tropieza, pero, sobre todo, se levanta. Enfrenta condiciones laborales abusivas, agresiones, traiciones y pérdidas; sin embargo, también encuentra alianzas inesperadas, redes de apoyo femeninas y vínculos que le permiten rehacerse. Lo que comienza como un intento desesperado por sobrevivir se transforma en un proceso profundo de reconstrucción personal. A lo largo del relato, su carácter se moldea hasta convertirse en una figura sólida y compleja. Dueñas narra su evolución con honestidad: Cecilia no es infalible, y el camino que va de la vulnerabilidad al empoderamiento no es lineal, sino lleno de matices que la convierten en un personaje profundamente humano.
A lo largo de sus páginas, la novela aborda temas como la migración forzada, la reconstrucción del yo, la sororidad, la culpa, el deseo de redención y el peso de la memoria. En todos ellos, Dueñas demuestra su habilidad para conectar con las emociones del lector y para dotar al relato de una autenticidad palpable.
El contexto histórico está integrado de manera natural, sin imponerse sobre la historia personal. La Guerra Civil Española, el avance del nazismo en África del Norte, o el conflicto por la independencia de Argelia aparecen como parte del paisaje vital de la protagonista, dando profundidad y densidad al relato sin convertirlo en una lección de historia. La autora logra que el lector comprenda el impacto de estos sucesos a través de las pequeñas tragedias y los logros cotidianos de sus personajes.
La galería de personajes secundarios enriquece notablemente la narración. Cada figura representa una dimensión distinta del exilio y de la vida en la Argelia colonial, y todos ellos ayudan a construir el mundo en el que Cecilia se mueve, acompañándola en su crecimiento de forma orgánica.
El estilo narrativo es fluido, cercano y ágil, con diálogos bien logrados y descripciones que transportan al lector a la ciudad de Orán, con su atmósfera vibrante, sus calles polvorientas, sus cafés coloniales y sus mercados bulliciosos, creando una narrativa envolvente que facilita la inmersión del lector en la historia, sufriendo con Cecilia en sus momentos de adversidad y alegrándose sinceramente de cada logro que nace de su coraje y perseverancia.
‘Por si un día volvemos’ rescata un episodio olvidado de la emigración española, el de los “pieds-noirs” españoles cuyas vidas se entrelazaron con el devenir de una Argelia multicultural y convulsa, y habla de segundas oportunidades y la capacidad humana para rehacerse. Historia conmovedora cargada de fuerza y emoción, con una protagonista, Cecilia Belmonte, que no se olvida fácilmente y que se queda contigo mucho después de haber cerrado el libro.