Sabina Urraca comparte el proceso de creación de su última novela El celo (Alfaguara, 2024), despojando de solemnidad el oficio de la escritura y desvelando lo que puede llegar a ser: una neurosis que desborda el espacio de trabajo y se presenta de forma compulsiva en cualquier lugar, evidenciando que los libros también se construyen y crecen en parques y bordillos de aceras, contaminándose de calle, sueños absurdos y conversaciones con amigas, borrachos y madres aterrorizadas.
En un primer acto en una residencia en la Costa Brava y un segundo acto en Madrid, el libro se alimenta de un anhelo que se repite a lo largo de las páginas: escribir antes, escribir con la inocencia y la falta de ambición de hace años, cuando escribir era nada más que un juego en el que no había que demostrar nada.
«Ojalá el libro me importase menos. Es como alguien de quien me he enamorado. Cuando hablo con ese alguien, me atenaza la timidez, me siento fea y hago gestos raros, forzados. Me voy contracturando. Así es como escribo este libro».
«Cuando nos estamos yendo, uno de los borrachos me grita: “¿Ya escribió todo, damita?”. Le digo que más o menos. “Nunca termina”, dice dándole un codazo al de al lado. Sonríe, hace un gesto como de que no tengo remedio y sube la música. Es una canción de un caballo loco de amor».
Después de leer El celo, que me gustó muchísimo, me costaba creerme las pinceladas que escuchaba sobre su escritura: ¿cómo se va a escribir una novela como esta en notas del móvil, en papelitos, en cuadernos? ¿Qué método enloquecido es ese? Así que fui a por Escribir antes. Si El celo fuese la cara A, Escribir antes sería la cara B. La novela y los sudores de la autora para llevarla a término. Esta es la historia de escritura de un libro concreto y creo que tiene sentido leerlo así, en orden: mirar el anverso y luego el reverso. Pero es también, a partir de ahí, una historia sobre el proceso de escritura en sentido amplio, el entusiasmo de la invención, la fe y el descreimiento, el tedio, el mundo editorial allí al fondo. La extraña relación de un libro con la vida que le rodea. Y el miedo verdadero, que llega antes que cualquier otro: ¿podré con esto, acabaré algún día, cambiará su plano de existencia esta fantasía? ¿Qué se perderá por el camino? Aquí he encontrado una relación honesta con la creación, su placer, su trabajo y su misterio, sin esto del genio creador atormentado que tanto coraje me da. Y he encontrado también otra cosa: ganas de escribir.
me gustó mucho. me dio por pensar en esta forma absurda que tenemos tantas de vivir, de filtrar la realidad: las imágenes aparecen, se sobreponen en la vida continuamente, y en vez de dejarlas correr las retenemos con un ansia viva. las recordamos continuamente para usarlas a nuestro favor (o en nuestra contra) para la escritura. una y otra vez. una y otra vez. escribir antes no era escribir, era otra cosa.
No he leído El celo, aviso. Digo que no lo he leído porque este libro se escribió paralelamente, al margen, en notas de diarios, de teléfonos móviles, hojas rotas. Pero no importa. Lo que sí importa es lo que Sabina Urraca cuenta aquí a modo de confesión, de esbozos paralelos a la vida, de visión, de desnudismo. Si algo acarrea la escritura es que lleva a otras escrituras, a otros modos de hacer, de ser, de vivir, de experimentar. En estas páginas, algunas garabateadas, la autora limita los puntos, las conexiones que dan forma a las ideas, a los libros, a los hechos entre sueño y vigilia que se dan. No quiero parecer muy optimista pero si algo me ha nombrado este libro es la profundidad de una relación humana. Estos diarios-fragmentados recogidos entre 2022 y 2024 en los que Sabina Urraca pone su cuerpo nos muestra un fervor apasionado por la vida, por la búsqueda de una identidad que nunca terminamos por concretar, por la perseverancia en la escritura pese a todo. De todos los días en los que Sabina escribe, nos contará que solo hay una semana en la que no lo hace: y es precisamente una semana en la que va a un club de lectura. Ahí está la clave: la palabra. Si Sabina no escribe, lee. Y si no lee, habla con su perro, con su madre, con sus amigos o sueña. Quiero pensar que la búsqueda de una verdad se dilata por todo el libro. Esta es la verdad de la autoficción, de lo que ponemos en un libro por azar o porque tiene que ser así. "Sé que sería idiota si no utilizase lo que la realidad me pone delante. Y también sería idiota si no inventase todo lo que me apetece", escribe sobre el tema de la autoficción. Aquí la autora recapacita, reflexiona, se alecciona a sí misma y toma por inercia otros consejos que terminan por ser los que ella cree adecuados. Sabina es cabezona, es directa y es amable con su escritura. Escribir antes... Antes de las tempestades, antes de que salga el libro, antes de la ficción que se hace verdad. Invocamos a la escritura en este libro, la leemos y nos cercioramos profundamente de la buena lección que nos da Sabina. Quiero pensar que en este libro trastabillamos con las palabras para hacerlas dotar de varios sentidos. El que le damos, el que otros le dan, el que nos otorgamos sin pensar. Sabina siente la palabra y siente pasión por ella porque no puede hacer otra cosa. Estos trozos, esbozos de páginas de diarios que no son sino señuelos de lo que Sabina es. Están muy bien elegidos, muy bien cogidos, muy bien todo. Una lee este libro del tirón y se adentra de repente en un mundo donde soñar es lo normal, donde tener visiones en yoga es también normal, y donde ir a una residencia en el Mediterráneo nos adentra en un cúmulo de sensaciones nuevas y placenteras, a pesar de que nuestro inodoro no funcione, pero no importa. Lo que importa es que Sabina Urraca se desnuda y no le importa hacerlo. ¿Eres tú, Sabina, la que nos demuestra que las palabras nos acarician y nos enseñan otros pensamientos, otras imágenes, otras ideas? Quiero creer que sí, que estas ideas no se quedarán en el mero diario, sino que traspasarán la imprenta –ya lo han hecho–. Buscar una palabra aquí no es buscar una aguja en un pajar, es encontrarla. Así es este libro. Un libro hecho de huecos que llenar, que Sabina nos ayuda a ahuecar aún más. En un momento, dice que no soporta que le digan en sus libros que no se ven reflejados en tal personaje, y yo me digo que tiene toda la razón. Que los libros no están para que nos identifiquemos con ellos, sino para ahuecar la cabeza y rellenarla con nuestros pensamientos. Algo así es este libro. Una cabeza, lo que viene antes de hacerse, antes de realizarse. Doy instancia de que este libro se releerá en el verano, bajo la sombrilla y unos ojos casi quemados por el sol. Se puede oler el mar, el salitre, la arena. Quiero hacerme amiga de Sabina y que me siga contando cosas.
Como escritora —o intento de ello—, siempre me he sentido abrumada por esos seres gigantescos, míticos y sobrenaturales que son los autores porque yo, frente el texto, me hago pequeñísima, minúscula, porque siempre surge esa voz sucia que me susurra tras el papel: ¿lo estás haciendo bien? Siempre he querido leer las notas de mi autores favoritos para saber cómo lo hacen, cómo se aferran a ellos mismos y no se dejan llevar por ese aliento inmundo. Aunque leer Escribir antes no me haya servido para encontrar esa piedra firme contra la inseguridad de la propia escritura, me ha servido para sentirme acompañada; mucho menos sola en esto que es escribir. También me ha recordado cómo era escribir antes, esos inicios torpes contra el texto en el que no escribía para nadie, simplemente para mí. Escribir antes siempre era un intento de buscar en el papel en blanco a un alguien que, quizás sí, esa vez me entendiera. Lo mismo escribir ahora debería seguir siendo eso.
Escribir antes de Sabina Urraca, ha sido como asomarme a la parte más humana y frágil de una escritora. No es un libro sobre escribir, sino sobre la razón profunda de hacerlo, sobre lo que significa convertir la vida, la experiencia, los recuerdos y las emociones en palabras. No busca explicar cómo se escribe, sino que recuerda que la escritura nace de lo más íntimo y cuando surge desde ahí, consigue llegar y emocionar. No escribir con un objetivo, porque cuando se persigue un fin concreto, a veces cuesta encontrarse en lo que se quiere contar. En cambio, cuando se hace como algo que forma parte de nuestra vida, las palabras fluyen y se quedan. Como hacerlo sirve para entenderte, para sentir más intensamente, para no olvidar, para guardar lo que duele y lo que te sostiene. Desnuda su experiencia personal y en esa honestidad es donde se encuentra la inspiración.
Stephen King dice que la escritura no está en el centro de nada sino que todo lo contrario, a un costado, en una esquina desde donde vemos la vida pasar y, a menudo, debemos limitarnos a observar. Este libro explora y sintetiza esto que sostiene King; nos habla del pesado sentimiento de tener que defender una frontera interior, un conjuro contra todo lo que te empuja a abandonar. Capaz se lea -este libro- como un ejemplo de nostalgia de una forma de escribir anterior, yo lo absorbí como una larga carta de amor al oficio, una renovación de los votos con el hacer. Si el estilo es un medio para insistir sobre algo pues acá es sobre esto: el silencio justo, el aislamiento necesario, lo que sea que haga falta para estar en paz. Una renuncia, una entrega; la ofrenda a nuestro Dios particular.
Madre mía, cómo me ha gustado este libro. Fragmentos de sus diarios, tremendamente humanos y sinceros. Ligero y poético al mismo tiempo, profundamente reflexivo, pensamientos sin filtro ni orden concreto que revelan TANTO con tan poco.
Me ha regalado el abrazo y la pausa que necesitaba justamente ahora, acompañándome con sus dudas, sus miedos, su maravilloso desorden...
Me quedo con un buenísimo sabor de boca, mezcla de sensaciones contrarias y al mismo tiempo motivadoras: quietud y acción, dudas y confianza, temor y fuerza.
"Prepararse antes para lo que se escribe ahora"
Gracias por crear este libro, por creer en él y publicarlo.
Cinco o mil estrellas. Lugares viejos y nuevos, y la emoción de volver a leer textos que estaban en un pie de post de Instagram (porque Instagram puede ser nuestras novelas y un texto en una plataforma cuanto menos cuestionable puede ser bien digno y hermoso).
Me gusta mucho leer sobre procesos de escritura, tal vez demasiado para alguien que escribe tan poquito.
Disfruté mucho leer este diario de escritura de Sabina Urraca, sobre todo por esa idea de lo fácil que era "escribir antes", antes de la expectativas, antes de una audiencia, antes de entender que te podías equivocar.
Lectura obligatoria (para mí) DESPUÉS de leer “El celo”. Hacerlo así es delicioso. Es ver la mente de Sabina desde dentro. Quiero encontrarnos por Usera y que me cuente lo siguiente.
El celo ha sido una de las novelas que más he disfrutado leyendo de los últimos años, así que asistir al behind the scenes y vivir y sentir la locura de la escritura me ha parecido un regalo
“Después nos besamos. Pero yo me había quedado ahí, en la cicatriz”
Hace un par de semanas, en la feria del libro de Madrid, fui a que Sabina Urraca me firmase “El celo”. Estando allí, supe de la existencia de este libro y lo compré, porque pensé oh, cómo no me va a gustar algo que haya escrito esta mujer. Y no sé cómo es posible que un libro que vaya sobre escribir un libro pueda ser incluso mejor que el propio libro (y eso ya es mucho decir). Empezar a leerlo a ciegas en mitad de una residencia artística ya me ha parecido sobrenatural.
En la dedicatoria, Sabina escribió: “para Inés, que quizá escribió antes y escribe y escribirá, ¡gracias!”
No, gracias a ti. Escribiré. Nunca antes había sentido tan propio algo ajeno. “Si no empatizas con una asesina, con una madre malvada, con un personaje que no ama a nadie, con alguien que daña a los demás sin poderlo evitar, con un jefe desalmado, con unos niños que hacen bullying, con un campesino que mata a otro con una azada porque le quitó lo que más quería (sus tierras, una mujer, un saco de doblons de oro), lo siento, pero no te estás observando a ti misma lo suficiente. Te conoces muy superficialmente. Porque estoy prácticamente segura de que en algún rincón de ti, aunque jamás vaya a salir a la luz, existe una madre malvada, una persona que es incapaz de amar, un jefe desalmado, un niño que hace bullying, un asesino.”
Me gusta la sinceridad de Sabina. Me cae bien Sabina (hasta donde puede caerme bien alguien a quien no conozco). El libro tiene buenas reflexiones, con destellos de genialidad repartidos en 160 páginas.
El problema, si lo hay, es mío: he leído demasiados diarios. Demasiados libros fragmentarios. Obras que se escriben mientras se escriben otras.
Y, claro, algunos de esos libros eran verdaderamente extraordinarios.
Un respiro en estos días de calor y ansiedad. Este libro ha sido una prolongación del disfrute que ya me produjo El Celo (y que siempre me produce la escritura de Sabina Urraca). Aunque suene terrible, su ansiedad y sus neuras pueden resultarme reconfortantes, me distraen de las mías.
"Sólo así dejo de oír el sonido de engranajes de la vida avanzando. Si la historia que me cuentan me abduce de verdad, desaparezco".
‘Mi voluntad, como digo, a veces es imposible de derribar, cemento duro que me solidifica frente a la tarea, me hace permanecer. Y de pronto se transforma en un charquito de sopa que se puede saltar de un paso. No conozco la mesura, el feliz equilibrio; sólo el control absoluto o el desparrame’
manual biblia un abrazo o una palmadita de una profesora preferida el emoticono del corazón vendado churros en agosto un rayito de sol un tirar palante
Una escritora a la que su madre le pide que deje de escribir autoficción - por lo que asumo a la escritora como escritora de autoficción - publica un libro de fragmentos ordenados de su proceso de escritura, y entonces es más fácil asumir la realidad de la literatura como si la literatura pudiera ser real, porque el pacto ficcional te hace estar más cerca de pensar que esto no es ficción. Es el contexto perfecto para reírse de la autoficción, cosa que no sé si hace pero me encantaría que hiciera. Lo disfruté mucho.
Qué experiencia tan interesante haber leído este librito un poco a la par que “El celo”, asomarse por una ventanita a la cabeza de la autora y admirar el interior.
Dice Annie Ernaux sobre el diario de escritura: "escribir sobre la escritura, cuando una no llega a decidirse, es, a pesar de todo, una forma de escribir... ". Ojalá todos los libros trajeran un diario de escritura como este.