«En esta casa habita mi memoria y mi primer recuerdo nítido es el de la tristeza». Desde pequeño, Juan Francisco siempre se ha sentido dislocado dentro de su familia. A raíz de la muerte de su madre, se irá fraguando lentamente la necesidad de huir de su pueblo, de ser otro, de crearse una nueva identidad. De esa urgencia, comenzará su éxodo en donde el arte será su único asidero para sentirse partícipe de la vida y con él irá reconstruyendo los fragmentos de su pasado, haciéndonos parte de la pregunta que ?a lo largo de la lectura? nos haremos ¿qué tan real es aquello que nos contamos como nuestros recuerdos? ¿Qué tan fiable, al final de cuentas, es nuestra memoria? María del Mar Ramón teje, con una prosa impecable, bellísimas imágenes en torno a la lenta caída de un hombre que se creyó la historia que se contó sobre sí mismo y sobre la gente que lo amó. «A través de una minuciosa y sólida composición de personajes, tres hermanos colombianos a los que sigue a lo largo de su vida, María del Mar Ramón explora en su nueva novela un tema que, desde siempre, ocupa grandes páginas la familia. Y nos regala una historia llena de matices, porque esta familia, como dijo Tolstoi, es infeliz a su manera. Los secretos, los traumas infantiles, los duelos tempranos, la soledad, los mandatos familiares, la culpa, los miedos, el amor y el desamor, aparecen en una trama que avanza como un río, gracias a su prosa fluida y delicada. Un mundo masculino que la autora se permite mirar con sensibilidad». —Claudia Piñeiro
María del Mar Ramón (Bogotá, 1992) es autora de la novela La Manada (Planeta, 2021) y del libro de ensayos Tirar y vivir sin culpa. El placer es feminista (Planeta, 2019). Es columnista de Vice y escribe en diversos medios latinoamericanos. Con el cuento "El deseo es una cicatriz" formó parte de la antología Cuerpos (Seix Barral, 2019). Actualmente trabaja en radio y en el desarrollo de contenidos audiovisuales. Desde 2012 reside en Buenos Aires.
un dramón de aquellos bien escrito tres hermanos, un acierto de la autora, las voces masculinas, las emociones masculinas, las relaciones filiares entre machos el mejor personaje de todos es la memoria, esa que falla, que te esquiva, que te hace trampas y que te lleva a que olvides las cosas tal y como sucedieron
aunque en realidad, en la vida, nada es como es, más bien es como la recordamos, o no? qué cuenta más, la verdad o el recuerdo? creo que es el recuerdo lo que nos deja huella, lo que impide ser felices, hay que tener cuidado con lo que recordamos (o no)
no estaba segura de haber disfrutado del libro, ahora creo que sí no me gusta que los hermanos se hablen de usted, me molesta que se digan mijo, no sé pero me encanta, me encanta el hermano de en medio, Juan Francisco, porque es un caos y porque no mejora y porque no es ningún héroe, ni alguien definido, sino un humano tan errado como cualquiera de nosotros será así o será cosa sólo de sus recuerdos?
a ver cuando más lo lean que opinan, a mí me gusta
MI MEJOR LECTURA DEL AÑO. 1.- qué exquisita la prosa de esta autora, necesito leer TODO lo que ha escrito. 2.- qué buena historia, es un dramón suuuuuper bien construido que neta te hace cuestionarte situaciones, recuerdos y comportamientos de tu propia vida. 3.- personajazos. se sienten reales, cercanos. y la forma en que la autora los construye, con todos sus matices, heridas y errores hacen que de verdad quieras gritarles o abrazarlos.
“Soy lo que recuerdo, así no me guste, porque el recuerdo es una herida que no cicatriza, que supura para siempre en la profundidad. Porque he olvidado todo lo que no me lastimó y no tengo nada más que mi memoria.”
Juan Francisco es un hombre septuagenario, artista, colombiano emigrado a Madrid que se ve obligado a regresar a la casa donde creció por temas familiares y administrativos. Solo volver a su pueblo implica enfrentarse al dolor de los eventos de su niñez que le impidieron durante toda su vida, al fin de cuentas, ser feliz. «La memoria es un animal esquivo» es la historia de un hombre y su familia, la relación con sus hermanos, con su padre, y con su madre y su muerte temprana. Es una historia que se revela por capas, que te lleva a través de las diferentes perspectivas de los miembros de la familia sobre las vivencias compartidas en la niñez. Nos invita a reflexionar sobre los vínculos, sobre el perdón, sobre los recuerdos que muchas veces moldeamos a nuestra tolerancia, o incluso los mezclamos con fantasías. Los personajes están muy bien creados, son muy dinámicos y verosímiles. La prosa es hermosa, fluye, y cuando te querés dar cuenta, te leíste medio libro. Me hizo llorar más de una vez. Es muy conmovedora. La recomiendo mucho, mucho.
Esta novela fue una maravillosa experiencia de lectura. Las frases que construye María para narrarnos los recuerdos de Juan Francisco son preciosas. Los personajes son sólidos y aun siendo consecuentes con su historia personal, nos reservan sorpresas conforme se desarrolla el relato.
Un precioso texto que se disfruta y nos convoca a pensar el poder de la memoria y la construcción de la identidad personal. ¿Somos lo que logramos recordar?
un libro precioso. de una sensibilidad terrible, que te trae al pasado y presente de tu propia vida y te cuestiones quién eres: pablo, luciano o josé francisco, o quizás un poco de todos. tremendo libro. muy recomendado.
Lo disfruté mucho. Compré todo el tiempo lo que les pasa a los personajes. Una locurita full psicoanalitica (con el permiso de mi amiga Guada para usar el término) de cómo realmente nuestra memoria reaparece una y otra vez, repetitivamente, en nuestra vida, pero de una manera muy poco controlable. Ni cómo, ni cuando ni qué recordamos, y cómo esa memoria se entrelaza, con el mismo sin control, con nuestro presente. Recomiendo
Es de mi top 5 de favoritos de este año sin dudas. La escritura de María del Mar es fascinante, sólo me produce profundas ganas de leer más novelas escritas por ella. En cuanto al libro en sí, creo que es un universo perfectamente construido. La forma en que te lleva a analizar las situaciones desde las distintas ópticas, según quién las viva -narre- sin perder nunca la capacidad de atraparte y empatizar, ya sea para querer dar un abrazo o para buscar meterte entre las hojas a gritarles. Las vicisitudes en la vida de Juan Francisco, su protagonista, y qué hizo con todo aquello que le sucedió, son el gran eje del libro. Y finalmente, la gran pregunta: ¿Qué tan fieles somos a nuestros recuerdos? Lo recomiendo mucho mucho sin dudas.
Esta novela, muy bien escrita, nos muestra las vicisitudes e inseguridades de un artista de la tercera edad, que regresa a su tierra natal a saldar cuentas de su pasado. Tenemos que seguirle la pista a esta autora.
¿Qué es la memoria? ¿Lo que nos contamos de uno mismo? ¿Es aquello que nos hicieron, lo que hicimos, lo que dijimos, lo que creamos? Esta palabra nos toma de los tobillos y nos somete, sin darnos tregua ni escapatoria. Parece una marca indeleble, una presencia persistente de la que no podemos prescindir.
¿Podemos, acaso, huir de todas las circunstancias que nos formaron? ¿Podemos negar lo que hicieron de nosotros? Y si no tenemos las herramientas para transformar todo eso en algo distinto… ¿qué nos queda, sino un destino semejante al de un dios griego condenado a un castigo eterno? Como Prometeo, atormentado una y otra vez por el águila que devora su hígado sin descanso.
La memoria es un animal esquivo, de María del Mar Ramón, me ha volado la cabeza —y lo digo con toda la intención y asombro que esa expresión conlleva. Ha sido una lectura que me ha emocionado profundamente, que me ha dejado sin palabras por la potencia y la belleza de sus imágenes. Es una obra llena de símbolos y escenas que se quedan vibrando mucho después de cerrar el libro.
El arte aparece aquí como un refugio, como una forma de redención frente a lo que no puede cambiarse, como una herramienta para dar sentido —aunque sea fugaz— a lo que duele. Y eso, como artista, ha conmovido no solo mi espíritu, sino también mi creatividad. Ha tocado fibras muy hondas y me ha hecho mirar hacia adentro con una honestidad brutal y necesaria.
Es, sin duda, el tipo de libro que uno no solo lee: se vive, se respira, se lleva consigo. La memoria es un animal esquivo se ha convertido, sin exagerar, en mi libro favorito.
Una novela de una complejidad textual preciosa y cuyos personajes tienen una potencia afectiva fuerte. La novela pone de relieve la mentira que podemos crearnos sobre la imagen, la narrativa, que hacemos de nosotros y cómo ésta puede romperse frente a otros que recuerdan de manera distinta. Es imposible no conmoverse con esta novela y no padecer con ella la lucha por conservarse incólume en el tiempo y contra el olvido.
Una novela extraordinaria. ¿El haber vivido violencia y maltrato justifica violentar y maltratar a otros ? El daño tan grande que puede hacer el desamor o la desaprobación de un padre Personajes bien construidos Un protagonista humano, enfermo, con reacciones que vienen desde la herida “Quiubo papito”
Sería un 3.5 Muy bien narrado pero quizá no era el momento para mi de leer esta historia que me agobió y la que me costó terminar. De todas formas hay que reconocer la habilidad de la autora para retratar a este personaje y todo lo que conlleva. Memoria, dolor, violencia, recuerdos, familia. De todas maneras lo debatiremos en club de lectura.
Una novela que ayuda a pensar acerca de como construímos nuestra narrativa personal. Identidad, memoria y duelos (sin elaborar) son los temas que vamos a encontrar y no parar de reflexionar.
Uno de los mejores libros que leí en el año y la prueba viviente de que la literatura latinoamericana está en su mejor momento.
La autora tiene una prosa preciosa; cada palabra está elegida a la perfección y la narración es súper poética y fluye. No hay nada librado al azar y de a poco vas juntando las piezas de la compleja historia de vida de un personaje igual de complejo. El narrador es bien gris como los personajes que más me gustan, pero no es para nada detestable precisamente porque escuchar la historia desde su perspectiva lo humaniza.
Trata dos de los que vienen siendo de mis temas favoritos en mis lecturas: la familia y el duelo; y es tan desgarrador como poético y hermoso.
Si está todo el mundo hablando de este libro, es por todas las razones correctas.
Una novela escrita en primera persona que explora cómo la memoria personal es engañosa. Juan Francisco me pareció un personaje patético, a medida que avanzaba su relato comencé a sentir un rechazo culposo hacia él, siempre pensaba en que su personalidad y sus trabas se debían a los abusos que tuvo que vivir de niño, sin embargo, su diálogo final con su hermano reflejó todo lo que sentía: fue una persona egoísta cuyo ensimismamiento hizo que su memoria lo obligara a esquivar sus responsabilidades y a alejarse de las personas que más lo amaban. En su interés por diferenciarse, terminó siendo un ser vacío y solitario. A medida que avanza, la autora logra que nosotros mismos notemos cómo la personalidad del protagonista interfiere en su memoria y, por ende, en el relato que leemos. Me gustó mucho la forma en que escribe la autora, aplaudo el capítulo que nos regala enfocándose en Pablo, fue mi favorito.
Me gustó. Toda la construcción del pueblo de ellos me encanta, la facilidad con la que los hermanos de JF vuelven y el no puede, se asfixia, se vuelve loco. Otra cosa que me gustó es esta honestidad del protagonista. A veces lo queres, lo entendes, otras veces te parece un garca y un egoísta. Hay algo en esa profundidad que me hace empatizar con él. Todo el tema de él y su arte es algo que no se menciona mucho en las reseñas, pero que también está muy muy bien construido. Ahora algunas cosas que no me convencieron: siento que el tema del seminario es tan pero tan definitivo y absoluto que podría haberse profundizado más. También, en tema redacción, siento que algunas oraciones eran largas al pedo. Pero solo esos dos detalles. El resto me gustó mucho. Disfrute, particularmente, la segunda mitad del libro.
La línea temporal va y viene como oleaje donde parece que está todo dicho, donde uno cree que ya entendió todo, que Juan Francisco es así porque lo hicieron de esa forma, que su sensibilidad es la cruz que le toca cargar. Pero el relato avanza (con un ritmo que es increíble, natural, melódico) y hay un Zadik que se va develando con una carga de oscuridad y lástima con la que uno también empatiza. No se puede hacer nada, solo acompañarlo mientras se sumerge en ese agujero negro creado por los otros, siempre son los otros, y verlo develar cómo el autoflagelo termina siendo el único calor que lo acompañó durante su vida. Lo real como aquello que se teje en la memoria durante años al punto de abandonar todo concepto de verdad, a lo último ya no importa qué pasó ni quién dijo qué. Es hacerse carne con el monstruo que uno mismo se creó.
pero que hermosura de libro, pocas veces he leído un libro tan genuino, sensible y sincero como este la forma en la que está escrito es maravillosa, una descripción de los sentimientos y los ambientes precisa, que te envuelve y te involucra me reí, me dio pena, me alegró, me hizo pensar, es un libro que evoca absolutamente todas las emociones posibles la forma en la que retrata la complejidad de las familias, magnífico para quienes hayan disfrutado “Tan poca vida” se los mega recomiendo, porque este libro es incluso mejor, es más sincero, menos morboso, más real, genuino y cercano, en especial para quienes son latinos
Tremenda novela. Fuerte. Dolorosa. Dulce por momentos. Lloré incontables veces, sufrí casi todo el libro, quise abrazar a Pablo y Juan Francisco pequeños y quise golpear a Zadik muchas veces. Es la primera vez que leo a Maria del Mar y definitivamente voy a seguir leyéndola. Hermosamente escrito.
“Soy únicamente lo que puedo contar. Soy cada una de las palabras que he dicho, soy las veces que he jurado, soy los olores que me despiertan nostalgia y las imágenes que me traen tristeza. Soy todas las personas a las que amé y que no me amaron, y soy únicamente lo que yo puedo decir de ellas.”
Una novela cargada de emociones: intensa, de prosa limpia y envolvente, tan bella como dolorosa. ¿Podemos fiarnos de la memoria? ¿Qué tan real es aquello que recordamos? Las neuronas rellenan los vacíos con invenciones, pero ¿Al menos permanecen fieles a la emoción del recuerdo? Tengo mi verdad, y eso es lo que puedo contar.
Brillante y conmovedor. La frase final te destruye. Es verdaderamente impresionante lo que hace del Mar Ramón con los personajes y con sus memorias. ¿Por qué nos aferramos al pasado? ¿Sirve de algo realmente?