Raúl despierta en la cama de un hospital tras un grave accidente de moto. Inmóvil y sin poder hablar, observa a la mujer que ocupa la otra cama, Ángela, de 64 años, quien parece llevar allí más tiempo del que quisiera. Sin más compañía que sus propias miradas y los gestos de las manos, ambos comienzan a entablar una conexión inesperada. Ángela, con su experiencia y su manera serena de afrontar la vida, comparte con Raúl sus recuerdos, sus miedos y sus silencios. Él, obligado a detenerse por primera vez, empieza a replantearse sus prioridades, sus decisiones y el rumbo que ha seguido hasta ahora.
Precioso Es un libro que te llega al alma, que te acaricia y que te hace sentir una empatía por los protagonistas brutal. La historia de dos personas totalmente distintas, unidas por un hospital y unas circunstancias difíciles que las hacen entablar una bonita relación de amistad. La una con un pasado difícil y un presente solitario, el otro con una vida que no es la que quiere y una decisión difícil de tomar. Aprendizaje, amor, complicidad, amistad y nostalgia. Un sin fin de sentimientos que te atrapan en la historia. Sin duda se nota que la autora habla desde el corazón y así nos lo quiere transmitir.
Uno de esos libros que te abrazan y te calientan las manos cuando hace frío.
Cuando te encuentras un libro que te toca el alma, lo guardas preciosamente cerca de ella. A pesar de haberlo acabado en un día, la huella quedará en ella por mucho tiempo, como la de Ángela.
Más ventanas que contar es la primera novela de Elisabet Mingo. Una historia de tránsito entre la vida y la muerte; cuando sentir a la parca cerca, aunque aún no seas el elegido para irte con ella, provoque un cambio en tu forma de ser y de pensar.
Raúl ha tenido un accidente de moto y debe permanecer inmovilizado en el hospital. Para más inri, ha perdido temporalmente la voz y no puede conversar con su compañera de habitación, Ángela. Será en esos primeros días cuando se cree un vínculo entre ellos; ella hablará de su vida en el hospital: de todo el tiempo que lleva allí, de cómo los edificios de en frente, que ve desde la ventana, se han empezado a construir e, incluso, a recibir a los primeros propietarios que salen al balcón mostrando sus inquietudes; todo ello sin saber que Ángela los observa con gran interés. Raúl, con una vida hecha, un trabajo estable, una novia con la que se va a casar y que espera tener muchos hijos con él, ve tambalearse su mundo perfecto cuando descubre las penalidades que Ángela ha sufrido y que la van apagando poco a poco.
El espacio temporal de la trama se reduce a los días que Raúl pasa en el hospital, y los posteriores mientras visita a Ángela. La novela se centra en sus reflexiones internas, siempre dirigido por su familia sobre lo que debía hacer en la vida y no lo que él realmente quería. Después de sufrir un accidente en el que podría haber muerto, y tras ver la situación de Ángela, Raúl se replantea toda su existencia, decidiendo dar el paso hacia el cambio que siempre ha buscado.
Una historia de superación interna, tanto para alcanzar tus propios propósitos, como para afrontar el hecho de que no somos eternos y la pérdida y la muerte son parte de la vida, aunque cueste aceptarla cuando un ser querido se va con ella. Incluso, aun habiéndose conocido hace tan solo veintitrés días, Raúl y Ángel ya tienen un vínculo de amistad y cariño, así como de complicidad que ya nunca se va a romper. Se ayudan y animan él uno al otro; la soledad no es una opción para ninguno de los dos.
En definitiva, una novela emotiva con la que seguro empatizaréis si habéis perdido a alguien y os animará en la forma en que se superan los miedos y los malos pensamientos, si hasta en el último momento nos cogen fuerte de la mano para no sentirnos solos.
Un libro tremendamente intimista, la relación entre los protagonistas es como un delicado hilo de seda que se va enhebrando a través de la quietud y el respeto en un lugar de abierta vulnerabilidad. Un libro sobre comienzos y finales y la importancia de las relaciones humanas y la comunicación para encontrar tu propio desarrollo vital.
Por la sinopsis parecía un libro precioso (estilo "Les gratitudes" de Delphine de Vigan) pero ha resultado un poco decepcionante. No transmite calidez. Tal vez la autora es demasiado joven (pinta a una señora de sesenta y tantos como una ancianita) o tal vez se equivocó al poner de protagonista a un chico en lugar de una chica ...