Mucho se ha dicho sobre la obra única de Adolfo Couve, pero al entrar en ella a través de una mirada de conjunto todas las ideas previas quedan de lado para exponerse a la rica aventura del lenguaje y a la búsqueda de la belleza que su prosa nos depara. Es un peregrinar hacia un lenguaje depurado y hacia una belleza a la que —como con fortuna caracterizó el propio Couve—"le gusta Kafka".
"Couve [escribe] decantadas miniaturas que, por lo mismo, portan una especie de belleza mutante y deformada, orgullosamente artificial. La declarada voluntad de síntesis del autor hace que muchas descripciones, en vez de construir la ilusión de un mundo literario autónomo, la destruyan: el efecto es similar al que produce un cuadro tan obsesivamente delineado que obliga al espectador a retroceder varios pasos para poder apreciar el conjunto" -Alejandro Zambra
Pintor y escritor: debutó en 1965 con Alamiro y en 1971 llegó incluso a abandonar la pintura para consagrarse a la literatura. A partir de 1983 regresó a la primera, pero ya sin abandonar la segunda. La crítica lo define como un escritor de realismo descriptivo, y lo considera miembro de la Generación Literaria de 1960, a la que también pertenecen Antonio Skármeta, Mauricio Wacquez y Carlos Cerda.