“Los cuentos que el abuelo nunca me contó” es una serie cuentos que nos llevarán en un viaje imaginario por lugares y sensaciones conocidas, pero no por ellas menos fantásticas. En “Año Nuevo, vida nueva” Roberto encarna a un personaje común, con el cual muchos se sentirán identificados o también pueden llegar a decir “esto a mí también me pasó”. “El esclavo”, nos hace ver cosas que, no hace tanto tiempo en la historia de la humanidad, pasaban como algo cotidianamente injusto, cuyo personaje cuenta en primera persona los vejámenes sufridos. Es una invitación a transitar emociones impensadas. “La pelea del siglo”, es un cuento situado en algún pueblo del interior con sus costumbres arraigadas, que con tal de salir del letargo son capaces de todo. “La Fe” es un relato descarnado del dolor, que nos hace cuestionar eso “Los designios de dios…”. Inés sufre lo peor que una persona es capaz de soportar, lo que pone en duda su fe. En “La herencia”, Ítalo se anticipa a su inevitable final, como la de cualquier ser humano mortal y decide dejar claro qué se debe hacer cuando eso ocurra. Nos muestra lo que pasa cuando nos vamos y lo que pasa con los que quedan. En el cuento “La ventana” la fantasía y la realidad se funden para concretar, de alguna manera, lo todos deseamos y no nos animamos a concretar. “Ramón y Victoria”, son dos personajes entrañables que encarnan las vicisitudes que atravesamos muchos de nosotros en el aislamiento a causa de la reciente pandemia mundial ocurrida en 2020. En “La condena” podemos transitar las emociones de quien es injustamente condenado. Lo que nos obliga a reflexionar sobre lo que los humanos somos capaces de hacer en nombre de la ley. A la que consideramos infalible. “Vuela esta canción para ti, Lucía la más bella historia de amor que tuve y tendré…” donde Augusto es atravesado por los versos de Serrat y vive una historia a su imagen y semejanza. En este cuento podremos ver la facultad que los los hombres en tenemos para mentirnos y las barrabasadas que podemos hacer en nombre de esos engaños. Finalmente en “Los hijos” el autor nos lleva por los caminos de la paternidad en su persona con todas sus vivencias que quienes tenemos descendencia hemos transitado, sufrido y disfrutado. En cada uno de ellos, Josué Maranz explora la conexión entre los sucesos cotidianos y aquello transformador que ocurre cuando un hecho único, para nosotros se convierte en algo extraordinario.