Ignacio Solares fue un orfebre. Sus minucias son las pequeñas joyas que fundió a lo largo de años, aquilatando cada palabra y cada sentido.
En cada uno de los aforismos, microrrelatos y sentencias aquí compendiados, se ve al novelista que escribía como poeta y al cuentista que supo escanciar ensayos en dos líneas. Con esta obra póstuma -soñada por el autor durante años-, Solares da su primer paso en la inmortalidad.
Ignacio Solares was a prominent Mexican novelist, editor and playwright, whose novel La invasión (The Invasion, 2004) was a bestseller in Mexico and Spain. Until 2005 he served as the Coordinator of Cultural Activities for Literature and Arts at the National Autonomous University of Mexico (UNAM); he was a faculty member there and directed the cultural magazine Revista de la Universidad de México. He formerly served as director of the Department of Theater and Dance and the Division of Literature at UNAM. He edited the cultural supplement to the weekly magazine Siempre.
Un autor que jamás había leído y con el que me hubiera gustado conocer con alguna de sus novelas , en este último libro póstumo el autor nos dicta en cada página reflexiones de todo tema, amor, esperanza,miedos etc
Y siendo honesta cuando toca leer este tipo de libros me es un poco confuso el como calificarlos
No sé si así lo han decidido pero hay una reflexion que se repite, la pondré por aquí : “La vida me espera del otro lado de la angustia” ( paginas 65,95)
Es difícil calificar una obra póstuma. Por eso lo dejaré en un termino medio porque hay un valor por las letras del escritor. Ciertamente, es un libro que te refresca con su brevedad, con algunas de las reflexiones planteadas que son certeras. El epílogo es genial, apunté varios libros de Ignacio Solares de los que me gustaría acercarme, lo cierto es que, a este escritor le conozco porque mi papá ha leido algunas de sus novelas históricas.
En Minucias descubrí un libro que no se lee, se respira. Está compuesto por diminutos textos que parecen suspiros, ráfagas de memoria que llegan desde el pasado, el presente y hasta el futuro.
Cada página abre la puerta a fantasmas discretos: pensamientos que alguna vez habíamos tenido y no supimos expresar, recuerdos dormidos que se encienden de pronto, o intuiciones filosóficas que por fin encuentran una voz.
Es un compendio de microcuentos y aforismos que se prestan tanto a la lectura breve como al arranque voraz. Puede tomarse una frase y dejar que ilumine el día, o abrir al azar el libro y dejarse llevar en un golpe de lectura. Pero es engañoso: su brevedad no significa ligereza. Minucias es un banquete delicado y complejo que, como todo alimento exquisito, conviene dosificar para digerir con calma.
El efecto que produce es el de la nostalgia: no una nostalgia por lo perdido, sino por lo no dicho, por aquello que apenas intuíamos y ahora alguien nos susurra desde el papel. Hay textos que hacen sonreír, otros que despiertan ternura, y algunos que nos empujan a la melancolía o a la reflexión silenciosa. Lo trivial aquí nunca es banal; lo serio nunca se vuelve solemne. Solares logra sostenerse en ese punto medio donde lo íntimo y lo universal se tocan.
He disfrutado mucho este libro: me ha hecho sonreír, me ha hecho llorar, me ha hecho imaginar y reflexionar profundamente. Pocas veces me he detenido tanto tiempo en un solo enunciado para intentar discernir y clarificar lo que significa; no porque las palabras sean complejas, sino por el significado que despiertan en mí.
Minucias es un libro para detener el tiempo.
No se lee de corrido: se acompaña, se habita.
Es un recordatorio de que lo breve también puede ser infinito.
"Minucias" recopila las sentencias más emblemáticas de Ignacio Solares. Algunas de ellas bien podrían ser el inicio de un cuento o una novela: "Hay sueños que, creo, me robé de alguien; otros, es muy probable que me los hayan robado a mí". Otras, por su parte, son sencillamente esperanzadoras: "Por más que se prolongue, todos los caminos de la noche llevan al amanecer".
Leer "Minucias" es contemplar lo pequeño, lo frágil y lo aparentemente insignificante. Es detenerse en el detalle.
Aquí van mis favoritas: "Una tragedia dura hasta el momento en que la vemos como tal"; "La ventaja de una flecha que no acierta en la diana es que continúa volando"; "El insomne termina por volverse sombra de los sueños que no ha tenido" y "Ya que no puedo aspirar a la luminosidad plena, me conformaré con la luz primera y vacilante del amanecer".