Comencé la lectura mentalizada con encontrar una historia feel good, por la estética y el título del libro, y porque este tipo de literatura es de lo que más llega por estos tiempos. Sin embargo, me encontré con una novela que explora con crudeza aspectos de la sociedad coreana que muchas veces no se ven reflejados. Desde la presión social del trabajo y el ser "útil" socialmente, hasta expectativas machistas en lo referente al matrimonio. Jóvenes, acoso y bullying, y trastornos mentales. Prejuicios hacia la comunidad lgbt, y el revuelo que aún hoy ocasiona en un barrio. WOW, un montón, ¿no?
La historia por momentos se puede tornar confusa porque hay muchos personajes, con nombres que quizás no nos resultan tan familiares, y además muchas veces se refieren a ellos por sus apodos, lo cual hace que tengamos que recordar más datos (yo me terminé haciendo una listita que no terminé porque me cansé de anotar quién era quién). Pero a la vez, esta pluralidad de voces hace que podemos ahondar en todas estas cuestiones del día a día.
La narración en general sigue el hilo de la "familia Botero", compuesta por un padre investigador, una madre farmacéutica, y su hija, musicoterapeuta (me gustó leer un personaje con esa profesión!). No me gustó para nada el apodo que le pusieron, porque hace referencia a que tanto el padre como la hija son de contextura grande... y se menciona en exceso lo hegemónica que es la madre. Detalles. Bueno, esta familia se dedica a comercializar un producto que funciona como si fuera un viagra emocional: te permite abrirte más, dejar atrás sensaciones de malestar hacia el otro, etc. Permite ser más permeable y no estar tan a la defensiva, o tomar en cuenta todo lo que nos llega desde el exterior. Los personajes se van acercando a este producto por diferentes motivos y podemos ver diferentes formas en las que se puede manifestar o promover un amor más saludable, no mediado por la superficialidad que vemos en lo cotidiano.
Es un libro que me sorprendió, y tiene tanto sus puntos fuertes como débiles.