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Yo y tú, objetos de lujo

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Vicente Verdú, uno de los analistas de los cambios sociales más prestigiosos del panorama intelectual español recorre en este libro la evolución y las alteraciones del comportamiento de la sociedad en este arranque del siglo XXI. Estamos, según todos los indicadores, ante un cambio de tendencias o de paradigma social. Desde el fin de la segunda guerra mundial hasta la caída del muro de Berlín imperó la aventura colectiva y revolucionaria que, tras su fracaso, derivó en un individualismo extremo. La insatisfacción provocada por la acumulación de bienes y el exagerado consumismo ha frustrado también este proyecto hiperindividualista produciéndose una mutación hacia ¿una suma de la individualidades? con la llegada de una nueva época presidida por la emotividad y la búsqueda de la nueva subjetividad. Una etapa que es, sobre todo, emocional, biológica, mediática. La enorme presencia de la mujer y de lo femenino en lo social -junto con otras actitudes- ha influido en este cambio de ambiente, reflejado también en la pintura, en la arquitectura, en la morfología de los coches, los muebles o en los electrodomésticos cotidianos, donde abundan cada vez más las formas orgánicas (cálidas y cercanas) y, en la ciencia, donde la biología y las tecnologías de la reproducción ocupan un lugar central de la investigación. Yo y tú, objetos de lujo , es el libro que revela esta mutación en marcha, describe el cambio de modo de vida y la apoya a partir de los múltiples indicios que desde diferentes campos del saber están anunciando este giro hacia un mundo más moral de lo que suele creerse y más, decididamente, interesado por lo humano de lo que propaga el entretenimiento oficial.

208 pages, Hardcover

First published January 1, 2005

86 people want to read

About the author

Vicente Verdú

41 books8 followers
Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard.

Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. A lo largo de su carrera, ha sido galardonado con diversos premios. En 1996 fue premiado con el Premio González Ruano de periodismo. Posteriormente recibiría el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes por su artículo La vista sorda, publicado en El País el 30 de octubre de 1997.

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Displaying 1 - 6 of 6 reviews
Profile Image for Scarlet Cameo.
670 reviews410 followers
May 27, 2017
Entiendo porque mucha gente habla acerca de como este libro podría ya no estar tan "actualizado" pero creo que más bien es que este tema ha sido sobreexpuesto a partir del 2010, aun así creo que pocas veces ha sido explicado de una manera tan sencilla y al mismo tiempo profunda.

-RTC-
Profile Image for Libertad.
38 reviews
February 10, 2015
A veces los libros tienen fecha de caducidad, algo obvio cuando se trata de temas sociales. Parte de las tesis de Verdú sigue vigente, aunque con matices: diez años y una crisis sistémica a todos los niveles (no sólo el económico) han reconfigurado la sociedad que describía entonces. Y los avances tecnológicos (que parecen cambiar cada seis meses) y la forma en que nos han cambiado a nosotros y a nuestra forma de comunicarnos merecerían un nuevo análisis ya que el que hace, leído con diez años de diferencia, no sólo resulta obsoleto sino excesivamente naïf.
Profile Image for Alexandre Alphonse.
Author 18 books56 followers
August 22, 2019
Con la perspectiva que dan los 14 años que han pasado desde la publicación de este libro en 2005...:

6 de los puntos que me parecen más certeros :

1) La defensa del videojuego como herramienta educativa y como cultura contemporánea (noveno arte). No sé si menciona los deportes tecnológicos o eSports, porque esa industria está en un muy buen momento y son buenas noticias (más posibilidades de participar en el mercado y más riqueza creada).

2) La crítica a los profesaurios y sus planes educativos tradicionales (en realidad, es peor: en Filología no me obligaban a ser un ratón de biblioteca, sino a hacer trabajos en equipo usando YouTube, a estar pendiente de Moodle cual informático o adicto a redes sociales, ir a clase como en la guardería, etcétera [ahora se mezcla lo peor de los dos mundos, vaya, y, encima, un cutre grado en lugar de una decente licenciatura]) y la defensa de otros tipos de educación que está teniendo lugar fuera de las clases, ante las mil pantallas, en sus dormitorios o en los cibercafés. TreeHOuse y Lambda School ya han revolucionado los estudios informáticos (ahora, falta que vuelvan al tradicionalismo en las carreras de humanidades o que cierren, porque son fábricas de parados mediocres [la gran mayoría de los que tienen talento, entre los cuales conozco a varios superdotados y escritores buenos [cosa también fácil de comprobar históricamente en el mundo del arte, sobre todo en el siglo XX con Dalí y Picasso, Cela y Pessoa, etcétera], suelen ser autodidactas y ser más de bibliotecas que de aulas]).

3) Contra los críticos de los milennials (en España, ninis), Vicente Verdú los defiende indirectamente al mencionar que son la primera generación más pobre que la anterior y con peores perspectivas de futuro (Jóvenes resentidos contra la precariedad de los empleo, desengañados políticamente y necesitados, como nunca antes, de las consolas, la Champions, el porno, la droga y el home-cinema).

4) La cultura de los payasos o entertainers, celebrities..., o, dicho de otra manera, pan y circo, pero no por un complot político como en la Antigüedad, sino por una necesidad del mercado (quien entreteniene más, gana más [¿alguien quisiere ser Rosalía de Castro en la época de Belén Estebán? Yo no, y soy nacionalista gallego...]): El libro triunfa, y triunfa el escritor no en cuanto escritor propiamente dicho, sino en cuanto estrella intercambiable por una actriz o un futbolista. Sería lo mismo que escribiera, que cantara o que fuera un famoso atracador. Su identidad no pertenece a una disciplina profesional, sino al orden de las "celebrities". Quien consigue producir espectáculo es tenido en consideración, puesto que el público no desea exactamente leer sino, en general, presenciar accidentes.
Con todo, Dalí ya se quejaba de esto en su época: lo reconocían por la calle... y no sabían por qué (era famoso primero y pintor o lo que sea después [ah, profundizando más, Leopardi, a comienzos del XIX, ya lamentaba lo mismo, esto es, que la fama importaba más que la calidad y que, imagino que pensando en él mismo, uno no podía presentarse ante nadie como gran poeta o lo que sea sino como célebre y aplaudido por el perro público, en todo caso]).

5) El capitalismo como solución inesperada a la pobreza, al desarrollar el caso de Muhammad Yunnuns y su banco Grameen, dedicado a los microcréditos.

6) El consumismo como malditismo y liberación más que alienación (el derroche, tan propio de poetas: Bécquer, Baudelaire, Wilde, Arturo Borja [este último se fundió la herencia familiar a los 20 y se suicidó acto seguido, como quien dice]), por una parte, y parte del juego de mercado y sistema capitalista por otra (si nadie consumiese, se para la máquina, apagan las luces y corre el telón).


6 de los puntos que me parecen más erróneos:

1) Hiperconectividad internáutica: Facebook, Twitter, Instagram, YouTube... han enganchado más que liberado y deprimido más que alegrado.

2) Globalismo: la derecha radical dando voz a la mayoría silenciosa no es una buena noticia, pero la utopía multicultural se derrumba año tras año. La cultura nos separa y la biología nos condiciona. Todos somos tribales y todos preferimos a los «nuestros», lo que, paradójicamente, uno descubre más que nunca, contradiciendo la famosa sentencia de Baroja sobre el nacionalismo, viajando.
Yo, que soy cosmopolita, en tanto en cuanto me he movido por muchos países y me muestro abierto a sus culturas y costumbres (común, y erróneo, confundir cosmopolita con urbanita)... cuando estoy en ellos, no desde el mío, donde soy regionalista, tradicionalista (mezquitas no, gracias, que tenemos iglesias y catedrales majestuosas y casi milenarias) y secesionistas como el que más (al contrario que el catalán promedio de los medios, yo sí estaría a favor, si es lo que al gente quiere, de ultrasecesiones).

3) El optimismo general, y cito: El optimismo empieza aquí: una vez agotados los discursos más tristes, las ideologías profundas, la larga cultura de la lamentación y el prestigio del martirio.
Ahora los discursos son vacíos o violentos; en lugar de larga cultura, tenemos idiocracia; en lugar de lamentación, tenemos insatisfacción, resentimiento, impotencia, rabia (tantos productos, tantas posibilidades y tan poco dinero [como dice Houellebecq: expansión del deseo y dificultad para satisfacerlo]); en lugar de martirio ennoblecedor, quemarse trabajando como los japoneses o quemarse como muchos programadores autodidactas necesitados de trabajo bien remunerado.

4) Algunos apuntes sobre la sociedad civil: Verdú considera bueno que odie las doctrinas fuertes (como reacción a la acción vacua de los gobiernos representativos, la extrema derecha está seduciendo a muchos consumidores desencantados que quieren salir de casa sin miedo), lo cual es cierto en países pequeños y/o con democracia directa, pero que los políticos no tengan alma en la democracia representativa de grandes estados sólo le da votos a los nuevos con carácter (como Vox, mal que me pese [aunque en Galiza ni un escaño les hemos dado]); considera que el pueblo no existe más allá del turismo rural (yo diría más bien que a su pesar, como en los pueblos costeros gallegos, que son pueblos diez meses al año y atracción turística los otros dos); por último, también considera que el enemigo no se materializa ya en burgueses avaros o invasores estrafalarios, lo que también me parece falso, pues hasta Silicon Valley está perdiendo su magia otrora juvenil, crítica, lúcida, iconoclasta, innovadora en prejuicio de lo que manden, regulen, controlen, en fin y en suma, los empresaurios de turno; y con respecto a los invasores, creo que la inmigración musulmana en Europa es considerada por muchos como bastante estrafalaria, sí, en efecto, e invasora.

5) Algunos ángulos de su «personismo», como que supera la histeria de la identidad, que ha terminado en una exasperación de la diferencia tan anonadante y estéril como el anonimato: al viajar, uno cobra más conciencia de su identidad que nunca o, parafraseando a Joseph de Maistre, uno se da cuenta de que no todos somos Personas sino franceses, chinos, etcétera. El identitarianismo progre es un cáncer porque no todos los blancos o negros son iguales, pero el conservador, que no considera igual a un gallego que a un andaluz ni que a u español que a un inglés, no tiene nada de malo sino que es simple naturaleza humana, condicionamiento cultural y sentido común. Por todo esto, paradójicamente, la identidad regional o nacional es más personista y concreta que una Humanidad que no existe en la práctica. Por último decir qeu el personismo superficial es aún más histérico, abstracto, impostado (todos somos españoles, todos somos europeos, todos somos ciudadanos del mundo) que la identidad.

6) El ciudadano «sobjeto» despojado de los caracteres que blindan, esan estos el fanatismo religioso o racial, el gen intraducible o el nacionalismo paleto.
Evidentemente, lo presenciado durante el último decenio en Europa lo contradice completamente: fanatismo islamista que ha desembocado en una reacción de signo contrario, racismo blanco que ha desembocado en una fraternidad entre caucásicos que no se había visto en casi un siglo, un interés por la pureza de la raza que tampoco se había dado en casi un siglo (como reacción a la cultura general culpabilizadora o, por poner un caso concreto, la portavoz de Black Lives Matters tuiteando que los blancos son una raza inferior y que ruega a Alá fuerza para no matarlos [con progres así, "liberals" en USA, lo raro será que Trump no muera en el puesto, porque se lo ponen muy fácil...]). El nacionalismo españolista es muy paleto («poco educado y de modales y gustos poco refinados», según la primera acepción del DRAE), sí: el vasco, catalán o gallego (no confundir tampoco nacionalismo con secesionismo liberal o anarquista, ni nacionalismo de socialista que capitalista, que hay de todo), bastante menos (los países pequeños, paradójicamente, suelen ser más abiertos [tienen que serlo]: https://www.youtube.com/watch?v=c7u_9...).
10 reviews1 follower
February 24, 2020
Un libro que como ya han comentado otros usuarios ha quedado algo anticuado. El autor sustenta sus argumentos en webs y servicios que si bien en su momento podrían haber sido de referencia, a fecha de hoy es posible que ni existan. Dichos argumentos palidecen cuando cita elementos con total familiaridad pero de forma incorrecta, como "el Xbox" o la "Play Station", así como otorgándoles una importancia creo que algo abultada (ej. los podcast), síntoma de que parte de referencias de terceros y no de un conocimiento directo.

El libro no deja de ser por ello interesante. Intenta explicar que hay detrás de eventos como el que yo mismo realizo ahora, una persona anónima en internet publicando una review de un libro de en una web, algo que hasta hace poco se encontraba reservado a críticos literarios que publicaban en revistas/periódicos.

En cierta manera, mi propia realidad como sujeto/persona siempre ha sido como describe Vicente Verdú en el libro. En ese sentido, una de las cosas que más me llamó la atención es ver qué aspectos de la misma le iban pareciendo como cambios trascendentales, dejando entrever cómo era la situación años atrás. Una especie de nostalgia se podía tejer entre líneas. Una visión del sujeto/ciudadano más pasivo pero a la vez más estable, tranquilo, ordenado.

En resumen, un libro que transmite como es la visión de alguien como Vicente Verdú (n. 1942) a los acontecimientos y cambios tecnológicos que han acaecido en la primera década del siglo XXI.
77 reviews12 followers
August 9, 2011
De nuevo el bisturí de Verdú nos pone frente al espejo de nuestros hábitos consumistas, de nuestro atrapamiento en las redes del marketing y la publicidad, de nuestra naturaleza hedonista... Se acabó la era del consumo por necesidad, llega la era de las sensaciones, de la búsqueda de "sobjetos" (atentos al palabro) que son, en realidad, extensión de nuestra sensaciones, gustos y placeres. Es la era del personismo, en el que no queremos un mp3, sino un iPod, y así hasta el infinito. Nuevo ejercicio de vistuosismo descriptivo y analítico por parte de un hombre capaz de poner a toda una sociedad bajo el microscopio. Un genio.
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