La desaparición de un niño siempre es un golpe brutal. La tensión se multiplica porque, a diferencia de un adulto, resulta difícil pensar que un pequeño haya podido ganarse enemigos de tal calibre como para hacerlo desaparecer. Entonces la mirada recae inevitablemente sobre su entorno más cercano. En el caso de Gonzalo, un niño de altas capacidades, ese entorno está plagado de sospechosos. Padres separados de clase alta, personal docente cuyas declaraciones sobre el niño resultan ambiguas, una hermana con amistades de dudosa moralidad... todos parecen tener algo que ocultar. Y eso hace que la búsqueda, ya de por sí angustiosa, se convierta en una cuenta atrás frenética que atrapa al lector.
En La víctima perfecta, de Trifón Abad, asistimos a la desaparición de Gonzalo en un entorno en apariencia tranquilo. La angustia se cierne sobre sus padres que parecen profundamente afectados, aunque pronto entendemos que no podemos fiarnos de nadie. Todas las miradas recaen sobre ellos y sobre cualquiera que rodea al pequeño y el lector comparte la incertidumbre de los investigadores desde el primer momento.
La investigación avanza de la mano de un equipo policial con peso propio en la narración. No son simples piezas funcionales al servicio de la trama, sino personajes con fondo, con sus luces y sus sombras, con historias personales que se van entretejiendo y que los vuelven muy reales. Este equilibrio entre el caso y la vida privada de quienes lo investigan enriquece la lectura y nos invita a implicarnos en su búsqueda casi como un miembro más del equipo.
El caso se complica, los sospechosos se multiplican y el ritmo no decae. El autor logra mantener la tensión mientras deja que el lector formule teorías y conjeturas. Y cuando parece que todo está claro, llega el final: sorprendente, distinto, con una motivación del culpable que rompe los esquemas y obliga a detenerse a reflexionar sobre lo leído.
Personalmente, he disfrutado mucho de este thriller. Me ha atrapado desde la primera página, con una escritura ágil y una trama bien construida. El desenlace me ha resultado especialmente destacable: original, inesperado y muy bien llevado. La víctima perfecta me descubre a Trifón Abad como una voz a seguir dentro del género.
Recomiendo esta lectura a quienes disfruten del thriller y, en particular, del subgénero de desapariciones. También para quienes busquen finales sorprendentes, culpables con motivaciones diferentes a lo habitual y dilemas morales sobre los que volver una y otra vez. A los que disfrutan haciendo conjeturas, jugando a adivinar quién es el culpable y encontrando que a veces los inocentes también tienen una implicación indirecta en lo sucedido, esta novela les resultará tan adictiva como a mí.