Esta narradora borda. Por agujas usa aguijones y por hilos, pelo. Acompañada de ratas, arañas y gusanos de seda, cuenta historias míticas, mundanas, grotescas. En Bordado de pelo, los relatos se entrelazan para invocar una historia de amor.
Juliana Rodríguez Pabón nació en Bogotá en 1994. Estudió Literatura. Desde 2016 lleva un blog en el que escribe sobre películas y series. Ese mismo año aprendió a bordar. Ahora tiene un proyecto de bordado a mano que se llama La severa flor. Bordado de pelo es su primer libro.
En una entrevista le preguntaron a Juliana que a quién le recomendaría su libro. Ella respondió que a alguien que esté enamorado o despechado. Yo pienso que soy las dos personas, o algo en la mitad. Es decir: un fantasioso. Yo fantaseo con el amor y con el desamor. Con lo que fue y ya no pudo ser, con lo que pudo haber sido. Fantaseo con la fantasía del Amor. Ser fantasioso muchas veces, en los caminos del amor, es ser consciente de la ausencia y de la propia soledad. Un domingo abrí Bordado de pelo en mi balcón y en mi soledad sentí genuinamente que Juliana estaba a mi lado. Yo la escuchaba hablar, sentí que me tomaba de la mano para mostrarme en qué parte se forma el túnel carpiano. Me contó cómo decidió hacerse el piercing del labio y también le pregunté sobre su herida en un dedo para que ella me contara que borda. De repente ya no estaba yo solo. La lectura es fantasía sobre el amor y los amores, animales que habitan en nosotros y en otros, algunos que son nuestros amigos y viven en nuestra casa, lejanas historias sobre el origen de las cosas e historias cotidianas sobre el fin de otras. Una delicia de lectura, que hila y desborda, hace preguntas y a veces da respuestas. Otras veces nos deja con la intriga, a veces los chismosos como yo necesitamos saber más, o al menos un nombre (jaja). Mi libro favorito en lo que va del año. Un libro para sentarse y reír, llorar y sentir como la tarde se pasa ligera hablando con una amiga que borda mientras uno la escucha y la mira con detenimiento. Una amiga con la que uno puede pasarse el día fantaseando juntos.
Este libro tiene imágenes preciosas en donde se relacionan la aguja, el cabello, la escritura, los nudos que de seguro han de encantarle a cualquier persona que lleve a cabo la práctica del bordado. Juliana, en cada ensayo relaciona el que-hacer con la vida, reflexionando sobre las palabras, sus significados y en algunas partes sus antecedentes históricos. Creo que, si se busca en este libro un relato ordenado, o una novela de amor, no será una buena lectura. Es una serie de relatos que se conectan a partir de reflexiones con el artefacto aguja e hilo.
No sé muy bien qué significará tres estrellas y media pero como no hay ponemos cuatro. Porque es un libro sencillo, ameno, hospitalario que no sé si quiera ir más allá; uno lo espera, o yo lo esperé, pero se queda en la sencillez rayando la simplicidad. Y nada de esto es malo, simplemente es así.
Una bordadora tiene el nudo de pelos que llevamos todas, casi todas, en la garganta, después, antes y mientras convive un amor.
Un amor es un nudo, siempre querré creerlo.
Mientras tanto va narrando, muy parafraseadamente para mi gusto, las historias antiguas de la seda, el bordado chino, Procne y Filomena; la famosa disputa de Aracne y Atenea. Y es tan convencional en ello. A veces, lo va enlazando de una forma imperceptible con su realidad y su narración, que engarza y acoge en su intención.
Algo que me molesta, o como se dice ahora, me genera tensión, es que las autoras cuentan su historia, a través de una ficción, pero no logran volverse su narradora. Es decir, se vuelve la historia de la autora y no de su narradora, entonces no es ficción, ni auto, ni relato, sólo narración de sí misma.
Y es así, y tampoco está mal esa intuición que se maneja de una misma. Pero entonces, sin narradora, como ellas no lo logran una tampoco puede hacerlo. Una no se vuelve nunca esa narradora, no se transforma, no surge en ese personaje y esa es la razón para mi de la literatura.
No sé qué fue lo que esperaba del libro, pero me costó leerlo. Su tema, la identidad, me interpelaba. Cómo lo abordaba, a través del bordado, también. Pero no pude armar el bordado completo, me perdí entre hilvanadas y no terminé de conectar. Seguramente porque este libro era demasiado bueno para ser verdad. Y lo cargué de más. Y no pude conectar. También puede ser que esté muy dispersa y me haya costado seguir una historia tan volada entre presente, pasado, sentimientos.
No era el momento, pero cómo escribe esta autora me encantó. Volveré a ella en otro momento y seguro estas tres estrellas se conviertan en cinco.
El libro es muy bueno, el enojo por armar nudos en vez de hilos sedosos es conmigo.