Lo que alguna vez fue un barco es un conjunto de cuentos en estado de alerta, de espera, o incluso de perplejidad, ante la pérdida o la ausencia. Desde el plano cerrado de quien se asoma a la puerta del cuarto de su hija para chequear que esté bien hasta el panorama despejado sobre la pareja que flota a la deriva en medio del río, los personajes de Schurman se mueven siempre en espacios de incomodidad, de tensión, en escenarios cotidianos (aunque con lugar para la fantasía). Son honestos y cercanos, tangibles, algo frágiles. En algunos cuentos se cuela la voz del niño, para desmentir la idea de que no se puede volver al territorio de la infancia; no solo se puede, sino que resulta inquietante, porque se vuelve para descubrir que las cosas no han cambiado demasiado.
Javier Schurman nació en 1977 en la Ciudad de Buenos Aires.
Como periodista, trabajó durante veinte años en diarios de Argentina y colaboró con medios de Perú, Portugal, Estados Unidos y Uruguay. Fue docente en las carreras de Periodismo, Periodismo deportivo y Producción de radio y medios audiovisuales.
Coordinó talleres de escritura en Mandrágora Libros y Cultura (Buenos Aires) entre 2019 y 2022, y también de manera independiente, para adultos de Latinoamérica, de forma virtual.
Su cuento «A fuego lento» integró la antología Letras y sabores (2014), compilada por Diego Paszkowski. Otro de sus cuentos, «Papá no viene», fue finalista del Premio Itaú de Cuento Digital (2023). En 2014 publicó su primera novela, Gómez, reeditada en 2019.
En 2022 se editó «Puertas adentro», una antología de relatos de 33 autores y autoras escritos en el taller de escritura que coordinó en Mandrágora Libros durante la pandemia por Covid19.
Desde 2023 vive en Montevideo, donde coordina talleres de escritura narrativa.
En 2025 publicó su primer libro de cuentos «Lo que alguna vez fue un barco», editado por Criatura en Uruguay.
Me encantó cómo los vínculos —de todo tipo— son el hilo conductor de todos los cuentos. Me reí, lloré, me desesperé y hasta me puse nerviosa. Algunos relatos me dejaron con una sensación difícil de nombrar, como si algo se hubiera movido adentro sin hacer ruido. Obvio que le doy 5 estrellas <3 Fui testigo del detrás de escena y no deja de emocionarme que el libro haya quedado tan bien.
No existe la imparcialidad (en ningún lado, pero acá menos) porque Javi es quien me enseña a escribir mejor a mí y por ende considero que, a nivel general, es muy bueno. Dicho eso, estos cuentitos son un rejunte muy lindo sobre muchos tipos diferentes de vínculos, y asombra la capacidad de Javi de describir sensaciones súper específicas como si las hubiera vivido todas en carne propia. No necesita un hilo conductor; es la vida: tener amigos, novios, exes, hijos, padres, existir en el ecosistema donde las relaciones nos sostienen como personas. Desde lo más conmovedor a lo casi ridículo (y solo en 100 páginas), Lo que alguna vez fue un barco nos pasea por ese hilo que nos une con las demás personas y nos hace sentir más terrestres, más vivos, y más acompañados.
Entra en el top 3 favoritos del año. La forma en la que está contada cada historia es brillante, preciosa. La que da nombre al libro me movilizó el corazón.
Hace rato que no leía cuentos que me atraparan tanto. Cortos, ágiles de leer pero no por eso menos profundos. Una mezcla justa entre ternura y oscuridad entretejidas en cada relato que te abrazan por igual y te dejan algo inquieta.
Qué lindos que son los cuentos cuando están bien escritos. Cuando te muestran mucho y te dicen poco, cuando te hacen parte de la construcción como lector. Qué crack, Javi.
Alguna de las narraciones te atrapan, otras deseaba que se terminara como las que estaban relacionadas al fútbol. En general es un buen libro, de lectura fácil y para pasar un rato.
Cuando compré este libro, jamás imaginé que me iba a generar todo lo que me generó.
Está compuesto por varios relatos que te hacen atravesar todas las emociones: de la intriga al llanto, del llanto a la sensación de soledad, la ausencia, la angustia, la nostalgia… y todo lo que se les ocurra.
Es un libro magnífico, humano y cercano, que te hace reflexionar y te toca cada fibra del cuerpo.
Divino libro, empezando por la ilustración que va cobrando sentido con los sucesivos cuentos. Los primeros son excelentes, tienen esa mezcla de narrativa sencilla y trama en apariencia cotidiana. Los últimos por alguna razón cierran un poco menos; no es que sean historias menos entrañables pero sí, al menos, más llanas.
«Y es que el tiempo se hizo eterno y el espacio insignificante, peligroso en la deriva. Todo nos golpea sobre la cara: sol, viento, lluvia, agua. La falta de perspectiva, sin tierra a la vista. A veces soñamos. Una gaviota, una sombra en el horizonte, un aire diferente, una esperanza fundada en lo que alguna vez fue un barco, en lo que alguna vez creíamos saber sobre navegación.»