Vuelve el Enrique Vila-Matas de Bartleby y compañía.
Vidal Escabia, el protagonista de esta historia, ha seleccionado setenta y un libros en un cuarto oscuro de su casa con la idea de escribir un canon desplazado, intempestivo e inactual, disidente de los oficiales. Cada mañana, elige al azar uno de ellos, y saca a la luz un fragmento con destino al Canon, pero lo que desentraña su lectura influye en su vida y también en su escritura.
Las sospechas crecen en torno a si el narrador de Canon de cámara oscura es un androide, un Denver-7 infiltrado entre la gente corriente de Barcelona o si, por el contrario, utiliza el Canon para dar sentido a su vida ante el amor desorbitado que siente por su hija ausente.
Un Vila-Matas extremo que va más allá en su indagación sobre el sinsentido, el simulacro y la ficción como extrañas formas de vida, y también en su visión del arte literario como transmisión, colaboración y modificación de ideas ajenas. Una búsqueda, en definitiva, de un sentido último de la escritura, al tiempo que explora temas como el doble o la ausencia infinita que dejan aquellos a los que amamos, "la misma ausencia que Eurídice le dejó a Orfeo y de la que muchos creen que nació la escritura".
Enrique Vila-Matas is a Spanish author. He has written several award-winning books that mix genres and have been translated into more than thirty languages. He is a founding Knight of the Order of Finnegans, a group which meets in Dublin every year to honour James Joyce. He lives in Barcelona.
Un Vila Matas contemporáneo, y no por inactual en sus palabras, que introduce la inteligencia artificial en una trama original sin perder su estilo característico, culto, pero extrañamente gracioso, muy disfrutable, en la búsqueda de una conciencia empática superior y en la recreación de un canon por hacer más divertida la lectura, y por tanto la vida.
Escribo esto a escasas páginas de terminar "Canon de cámara oscura" de Enrique Vila-Matas, su última novela. Durante toda la lectura, que ha durado dos mañanas de miércoles y jueves santo, he tenido la impresión de estar asistiendo a la fabricación de un diminuto animal de papiroflexia en las manos de un gigante. Vila-Matas sentado en su escritorio un día cualquiera, no en pijama sino en americana y con los zapatos puestos, la barbilla sobre la camisa y las manos juntas sobre las piernas, manejando el papel con atención distraída y, sin embargo, la destreza que da la experiencia. Una vez terminado el perrito o pajarito de papel, que ha realizado con pausas para mirar la inmensa biblioteca que tiene a sus espaldas, Vila-Matas lo coloca con cariño sobre el escritorio. Lo observa durante unos segundos y, acto seguido, arranca una hoja de su cuaderno de notas para reiniciar el proceso.
Ya la he terminado. Ese perrito o pajarito de papel es "Canon de cámara oscura". Me ha gustado el planteamiento, la idea del replicante dedicado a tareas literarias cuya humanidad, limitada, se limita a lo literario. La sorpresa llega para mí con las referencias cinefilas y musicales, pues ese gigante que es Vila Matas hace papiroflexia mientras escucha Billie Eilish o después de haber visto Perfect Days de Wim Wenders. Este último caso, por cierto, es descrito en la novela con un detalle que me hace conectarlo, inevitablemente, con el propio autor, pues de Hirayama, el protagonista, dice Vila Matas que ha encontrado su ikigai, es decir, su razón de vivir: en la rutina de trabajo, lectura, escucha de música y fotografía de árboles ha encontrado la felicidad. Vila Matas es Hirayama, pues su ikigai está en su obra, esa mezcla de ficción y diario personal que en "Canon de cámara oscura" alcanza su última y más libre expresión.
No entiendo, no trata de nada y sin embargo me ha gustado... Hablando en serio, el argumento aquí no importa, es solo frases y frases y literatura, pero de algún modo me llega. No lo sé explicar. Es muy raro esto
Un poco de odio para uno de mis autores favoritos.
En Canon de cámara oscura, Enrique Vila-Matas coquetea con los códigos de la ciencia ficción, pero lo hace desde una postura que evidencia más una instrumentalización del género que un verdadero diálogo con sus posibilidades estéticas o filosóficas. Lejos de expandir el horizonte narrativo, la incursión en lo especulativo funciona como una coartada más para sostener la arquitectura autorreferencial de su literatura, sin llegar a comprometerse con las implicaciones del género.
La ciencia ficción aparece en la obra como una superficie decorativa: ambientaciones difusas, guiños a futuros posibles, sombras de tecnología o distopía, pero nunca una construcción coherente del mundo ni una exploración crítica de lo humano desde lo no humano. Vila-Matas no se interesa en el "qué pasaría si", motor fundamental del género, sino que utiliza el decorado del futuro como excusa para volver, una vez más, sobre la figura del escritor melancólico, del autor desplazado y de la literatura que duda de sí misma.
Quedé tipo: ¿¿¿??? Qué necesidad... 1. No hay ciencia ficción dura 2. No hay ciencia ficción blanda. 3. No hay ciencia xd. 4. El universo de los Denver nunca se explica. No sé qué putas es un Denver. Grave error. 5. Nunca se explica o desarrolla la idea del apagón. Esta idea del apagón es FUNDAMENTAL, pues es el que justifica la aparición de los Denver. 6. El recurso de la C.F fue un distractor: entorpeció la lectura todo el rato.
Ese uso superficial del género resulta problemático, sobre todo porque desactiva uno de los núcleos más potentes de la ciencia ficción: su capacidad para interrogar el presente desde una alteridad radical. En lugar de eso, Canon de cámara oscura transforma lo futurista en una estética sin consecuencias, una escenografía tenue que apenas sirve como telón de fondo para las mismas inquietudes metaliterarias de siempre.
El resultado es una obra que pretende abrir nuevas rutas, pero se queda atrapada en su propia órbita. El gesto de apropiación genérica, en lugar de ampliar la poética de Vila-Matas, la encierra aún más en su zona de confort, donde todo —incluso la ciencia ficción— es reducido a símbolo de la crisis del autor o de la imposibilidad de narrar.
Estoy seguro de que la propuesta podría haber sido mejor. Un robot explorando la "sed literaria", que creemos propia del género humano. Un robot ha significado su existencia a partir de la construcción de un canon fragmentado, además de edificado por humanos. La idea de ¿sobre qué escribiría un androide, para qué lo haría, por qué?, ¿Cuál es el sosiego de una máquina al encontrarse con una obra cuyo público objetivo es el ser humano? Ño c, desazón. Lo bueno es que fue un regalo editorial jaja.
Una mala ejecución. Sin embargo, seguiré esperando con ansias una nueva obra de este man, que es uno de los mejores escritores vivos.
pd. la parte ensayística y crítica literaria es GOD, pero el recurso de la C.F lo amarga.
La premisa tan improbable funciona porque, ¿qué podrían tener en común Blade Runner y una novela de Vila-Matas? La paranoia, el juego de identidades, la aventura urbana. Tiene un tono triste este narrador solitario, viudo, medio enfermo, dedicado a su obra final o su legado, en plena crisis existencial que acude con urgencia a la literatura que le pueda dar consuelo y un sentido a su mundo. Misteriosa, inventiva y muy disfrutable aunque después del goce máximo de 'Montevideo' esta se siente un poco apagada.
“Lo exageradamente ficticia que es la vida de cualquier neurotípico, esto es, de cualquier persona de las que se considera normal. Porque todos fingen todo el rato y lo que sucede es que jamás pueden ser ellos mismos, y a su manera, están tremendamente encerrados en algo que no existe y que tiene todo el aspecto de, en el fondo, no tener sentido alguno. Hablo del mundo, claro”.
Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) vuelve a indagar en los límites entre realidad y ficción con “Canon de cámara oscura”, una meditación fragmentaria sobre la identidad literaria y el acto de escribir. Como ya hiciera en “Montevideo” (2022), el autor barcelonés incorpora elementos de la literatura de género, en esta ocasión la ciencia ficción, para integrarlos con su inconfundible estilo lúdico y referencial, dando un paso más allá en su continua exploración sobre el sentido último de la escritura.
Regresa el personaje de Vidal Escabia, ya presente en su segunda novela, “La asesina ilustrada” (1977), y cuyo proceso de escritura quedó para siempre inmortalizado en las páginas de “París no se acaba nunca” (2003). Y regresa convertido ahora en algo parecido a un replicante novelesco, sin origen ni destino, sin memoria ni aparente evolución, un avatar que solo habita el presente que le ha sido concedido, como también le ocurriera al (in)mortal Roy Batty con su creador, el Dr. Eldon Tyrell en “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982).
“¿Quién me ha creado y con qué propósito?”, parece preguntarse Vidal Escabia, una identidad móvil, una máscara intermitente que va apareciendo a lo largo de la obra de Vila-Matas y que puede ser llevada a distintos lugares y épocas sin tener que dar razones de su existencia. Alguien que, aunque pronto se nos desvele el misterio de su humanidad (¿androide Denver-7 o un simple ser humano sin atributos?), no dejará de desprender un halo misterioso a lo largo de toda la novela.
La obra se estructura en una serie de fragmentos breves –destellos, teselas, aforismos narrativos– en los que el protagonista, encerrado en una habitación en penumbra, elige al azar 71 libros de una biblioteca heredada y lee y reflexiona sobre un pasaje de ellos cada día, como si de ese gesto dependiera también su cordura, su vida, mantener encendida la llama de la literatura. Los fragmentos, construidos casi in media res, generan una lógica de ecos y superposiciones más que de linealidad. Cada uno de ellos podría leerse de forma autónoma, provocando y dispersando pensamientos, aunque todos convergen en una armonía secreta para el lector.
Estos insertos se acomodan en la página con milagrosa facilidad, al igual que ocurría con W. G. Sebald, al insertar fotografías en sus narraciones, o con David Markson, que utilizaba mecanos de aforismos como párrafos de sus novelas. Son collages textuales que no son mero adorno ni capricho, sino forma de pensamiento. Si en Sebald las imágenes se tornan en texto, las citas en Vila- Matas se disuelven entre la madeja narrativa y crean: las palabras de otros no aparecen como ajenas, sino que se funden con la voz que las piensa, que las transforma, que las hace suyas y las comparte, y hay algo profundamente conmovedor en ello, no tanto paródico ni posmoderno, sino más bien íntimo; Vila-Matas se emociona con sus lecturas, al igual que sus personajes, y se rige por la máxima de lo indecible, aquella que reza que, aunque todo esté dicho, todo es posible.
A partir de esta máxima, del estilo, se edifica la trama, una lluvia incesante de ideas que sucede en espacios interiores, entre soliloquios silenciosos, canciones y listas de reproducciones de Spotify: una novela barcelonesa y global, en definitiva, de ecos replicantes.
Los libros que irán formando el canon de Vidal Escabia no obedecen a una lógica académica ni a un orden establecido: Montaigne, Kafka, Ovidio, Musil, Ribeyro, Valeria Luiselli, Pablo Martín Sánchez, Camila Cañeque… No es una lista erudita, sino una red de afinidades. Vila-Matas no cita como quien exhibe, sino como quien construye con otros. Los lectores más juguetones podrán tratar de encontrar un verso de Antonio Gamoneda que se encuentra agazapado entre las páginas de la novela, ya para siempre un verso también de Vila-Matas.
El estilo, más sobrio y sintético pero no falto de lirismo, parece emular por momentos la voz de una conciencia artificial donde el lenguaje tuviera que despojarse de adornos y rituales. Y sin embargo lo extraño se vuelve habitual, lo inverosímil se convierte en verdad. Esa economía verbal, casi robótica, paradójicamente vuelve más humano el relato, como si estuviéramos leyendo las memorias de una máquina que ha empezado a sentir. En esta infinita ficción la identidad y el yo narrativo se dispersan en múltiples planos de voces que escuchan, transcriben, inventan: una aparición mariana en forma de voz interior llamada el Auctor, como el Pepito Grillo de Pinocho, dicta a Vidal Escabia y le propone o incluso impone escenas de una vida que, aunque por momentos pueda no parecer suya, tampoco le es ajena.
¿Quién dicta a quién? ¿Dónde termina nuestra voz y empieza la de otros? La novela, más que un juego metaliterario, es una pregunta existencial: ¿quién nos escribe? Vila-Matas insiste en esa obsesión metafísica: la del autor como figura desdibujada, como fantasma que atraviesa esa bruma insensata que es la ficción.
También hay algo de oulipiano, por supuesto, en permitir que los libros elegidos al azar por Vidal Escabia puedan reconfigurar los sucesos de la vida del protagonista. Como Georges Perec, Vila-Matas también dicta (¿el Auctor?) restricciones que ordenan el caos narrativo: el azar deviene en arquitectura secreta, una discontinuidad formada por un canon desplazado e intempestivo de libros cuya lógica, sin embargo, entra en concordia y rima con Vidal Escabia y con el lector.
Y al final de la novela, mientras pasa la vida sembrada de incertidumbres, una advertencia resuena: “Y hasta en el aire percibo el Mal indefinido que está por llegar”. “Canon de cámara oscura” no busca revelar nada: es una novela que habita la penumbra, que se desplaza en silencio entre libros leídos, voces escuchadas y escenas que podrían ser sueños o residuos de otra conciencia. Leerla es como entrar en una cueva y hallar 71 pinturas rupestres dibujadas hace siglos en sus paredes. Las miramos, tratamos de descifrar un orden, pero lo que queda al final es la belleza de no comprender del todo lo que vemos, la sospecha de que leer y escribir es lo más cerca que estaremos nunca de saber quiénes somos. ∎
Vila-Matas es desconcertante. No escribe una historia, que sí que la hay, te das cuenta que no es lo importante, lo que le interesan son esos fragmentos de obras que ha leído y reflexionado, ¿escribe sobre la escritura misma? Podría. Mi primer encuentro con Enrique Vila-Matas ha sido impactante. Confieso que al principio me disgustó su estructura fragmentada, pero una semana después, el poso que ha dejado es imborrable. Es una obra que se construye a trozos de pedazos, como un espejo roto que, al final, refleja una verdad incómoda. Si buscas una trama lineal, huye. Pero si buscas una indagación extrema sobre el alma humana, este es tu libro. Vila-Matas no te cuenta una historia; te invita a su cámara oscura.
Pienso que ponerle más nota significaría haber entendido mucho más un libro que siento haber leído a medias. Sin embargo, para ser mi primera lectura de Vila-Matas, me ha parecido muy divertida la manera en la que está narrado: leyendo, imitando, escribiendo, borrando y escogiendo.
Una crítica pausada, casi distraída –desplazada–, casi murmurada –porque lo que sucede en realidad sólo está a punto de arreciar en el interior, que en realidad avanza desplazándose lateralmente, de fragmento en fragmento literario, con la pausa que da el gozo de la contemplación (por supuesto, interior)– del simulacro apático en el que la realidad –el alma humana– ha devenido en la actualidad, bajo la ideología de consumo imperante. Se trata de un mensaje importante: la humanidad –la maravilla, el amor, la admiración– es posible incluso allí –aquí– donde no lo parece.
Lo he comprado hace media hora. No lo he leído, pero quería ser el primero en escribir una reseña sobre la última novela de este autor. Grandísimo autor. Termino esta reseña sin decir nada, no vaya a ser que...
El maestro Enrique Vila-Matas nunca decepciona. Es un escritor de altura, dotado de un conocimiento profundo y vasto de la literatura, capaz de alcanzar cotas reservadas únicamente a unos pocos, aquellos que, como él, atesoran tanto la sabiduría como la experiencia.
Canon de cámara oscura (2025), nos traslada a una Barcelona actual o cercana en el tiempo, y vuelve a poner en escena a un escritor, Vidal Escabia, que reflexiona sobre otros escritores, pues se halla inmerso en la confección de un canon literario. Un canon que elabora de una forma singular: al azar, tal como le fue legado por su mentor, Altobelli, escritor ya fallecido. Su cometido no es otro que culminar esa obra inacabada.
La narración entrelaza la construcción de dicho canon —donde el protagonista va incorporando autores, libros y fragmentos memorables— con los hilos de su vida cotidiana. Al mismo tiempo, día tras día, se enfrenta a un conflicto interno: el pulso entre su dimensión humana y su faceta cibernética, expresado mediante un abundante y lúcido monólogo interior. En este punto, Vila-Matas se muestra especialmente contemporáneo, en plena sintonía con el debate actual sobre la inteligencia artificial y su impacto en la identidad humana.
El narrador —personaje principal de psicología compleja— lucha contra la sombra de la pérdida y la ausencia de sus seres queridos, mientras intenta construir un porvenir sobre las ruinas inciertas del presente.
—Me niego a saber lo que piensa de los hombres de talento alguien que no lo tiene... —Admiración, maestro, admiración—.
Me recordó al libro de Aura García-Junco. Trata de una biblioteca heredada y en este caso de las lecturas seleccionadas. Es un libro muy entretenido. La memoria, la palabra y la identidad son los temas que trata Vila-Matas haciendo un listado de lecturas y algunos temas de actualidad. Me gustó.
Un libro complejo, pero fascinante. Me ocurre con este autor. Su nivel de erudición en materia literaria y su forma de adentrarse en la ficción, antes de parecerme pedantería, me atrapan, porque veo que lo que quiere es precisamente, lejos de h cualquier tipo de narcisismo, agradar y estimular al lector_ El libro encierra varias lecturas. Por un lado, esa visita a la ficción, con el desdoble de un personaje narrador y un personaje autor, con la trampa de dar a entender que se trata de una voz narrativa androidey, al mismo tiempo, un canto al amor desbordado por su hija ausente. Y todo esto, en un contexto meta literario sublime. El protagonista, ahora autor, ahora narrador, tiene una biblioteca, digamos, formada y ordenada, según sus gustos, gustos, y trata de hacer un canon literario. Cada fragmento de esos libros conlleva una forma de interpretar la ficción y hasta la escritura. Me ha gustado mucho, un texto excelente, aunque considero que es un tanto complejo.
Escribe muy bien, pero no tiene imaginación, sus tramas simplemente no interesan o no le interesan ni a sí mismo. Emula a Houellebecq, pero no lo consigue. Me gustan sus referencias literarias, se nota que su vida es la literatura, pero debería de escribir ensayos y no novelas. Estoy seguro de que a la hora de escribir no planifica nada.
Canon de cámara oscura (Seix Barral, 2025), del escritor español Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948), es una novela compuesta por citas o fragmentos, que, en su conjunto, muy al estilo de Vila-Matas, nos muestra, una vez más, su mayor y única obsesión, que no es más que la desbordada pasión por la literatura. Su protagonista se llama Vidal Escabia, un escritor que muchos asumen como un Denver-7, un androide con inteligencia artificial de prolongada vida gracias a un gran apagón ocurrido en Barcelona, y que ha tenido como dueño y maestro a otro escritor llamado Antonio Altobelli, ya fallecido, conocido también como “El Fracasista”. Altobelli, quien era amigo de Francisco Casavella, antes de morir, le pide a Vidal Escabia crear un canon desplazado y disidente a partir de la biblioteca que le deja como herencia. La única condición es que este canon contenga 71 libros de literatura que deben permanecer en una habitación mal iluminada porque sus sombras no dejarán de tener relevancia. Además, estos títulos deben citarse sin dejar de mencionar a sus autores, que van desde Montaigne, Lope de Vega, Sterne, Musil y Kafka hasta llegar a Robert Walser, Samuel Beckett, Italo Calvino, Stefan Zweig, Elías Canetti, Peter Handke, Anne Carson, Julio Ramón Ribeyro, Sergio Chejfec, Valeria Luiselli y la reciente desaparecida Camila Cañeque, entre otros más. Y mientras Escabia cumple esta peculiar misión, su novia Violet, museóloga y antigua novia de Altobelli, no se cansa de decirle, casi como un hartazgo, que él todo lo convierte en literatura, razón suficiente para sospechar que es un Denver-7, sobre todo al verlo como un ser poseído por los libros, sin dejar espacio para nada más, mucho menos para ella, por eso no se cansa de recriminarle de no recibir su atención, lo que produce discusiones y peleas. Sin embargo, Vidal Escabia sí toma en cuenta otras cosas, muy a parte de la literatura, que nunca se agota, y que siempre está presente en cada fragmento, incluidas las situaciones cotidianas que terminan convirtiéndose, por obvias razones, en más literatura. Esta excepción es su hija Ryo, producto de su matrimonio con mujer una llamada Ayko, fallecida en Japón producto de un suicidio. La bella Ryo tiene un parecido con Louise Brook, no solo en sus facciones sino también en el corte de pelo. (Esto explica la imagen que aparece en la portada del libro).
Esgrimir el término de micro-ensayo o ensayismo mágico para definir las novelas metaliterarias del autor barcelonés Vila-Matas no sé si es lo más adecuado… Que sus tramas son originales, sin duda. Y no se queda atrás la trama de «Canon de cámara oscura» novela publicada a principios de 2025, en la que introduce el tema de la inteligencia artificial para delectarse más que nunca en ese estilo erudito cargado de ironía de Vila-Matas que como siempre mezcla ficción y diario personal. Hay quien califica «Canon de cámara oscura» de divertimento, de ejercicio literario curioso, de libro de fragmentos y pensamientos valiosos; otros lo califican de aventura urbana, o juego de identidades, pero ponen en duda que sea de lo mejor de Vila-Matas, por mucho que coquetee con los códigos de la ciencia ficción, especialmente con Blade Runner, pues los utiliza simplemente como un decorado difuso para acabar centrándose como siempre en la figura de un escritor melancólico en plena crisis existencialista y en la literatura como consuelo, como refugio. Por eso esa necesidad de su protagonista, el androide-escritor Vidal Escabia, de construir un canon con los libros de una biblioteca heredada, un canon a oscuras, al azar, pues azarosa es la vida…
La pregunta podría perfectamente ser cómo realizar un elogio de la cita. Con el paso del tiempo hemos compuesto un libro que lleva el título de los pasajes y que no existe como tal. Walter Benjamin estuvo tomando notas durante varios años para poder componerlo y son esas notas para intuir cual sería el futuro de ese libro no escrito y solo construido con unos retazos de otros autores. El nuevo libro de Vila-Matas es un elogio de la cita porque cada pensamiento, acción o situación remiten a un autor o a una frese que aparece en un libro. Esos libros que invitan a crear un canon. Me pregunto si sería capaz de crear un canon de los libros que más me han influido en los últimos años, aquellos que sirven de referencia, esos libros sobre los que vuelvo de forma constante. Y no es una idea que me disguste. Serviría para comentar con los seguidores de YouTube algunos libros con ideas impresindible para comprender el pensamiento contemporáneo. Escribir significa leer, apreciar los estilos, los giros, las maneras de componer. Todo ello para que después tú mismo seas capaz de hacer lo mismo. Vila-Matas es un ejemplo a seguir, en todos los aspectos. Este libro elogia una cita que sirve para ampliar el conocimiento.
Otra vuelta de tuerca más, ya conocemos a Vila-Matas: esperamos lo mejor, nos tememos lo peor. Y lo peor es que la literatura del buen escritor catalán ha caído definitivamente en un monotema, quizá monomanía, sin solución, y ya también, por reiterativo, bastante cargante. Si su obra alumbró alguna vez alguna trama, alguna intención o alguna idea, ahora se regodea sin pudor en un manierismo circular e insalvable que no llega... O mejor escribiré que a mí, que leía con devoción sus primeros libros, me va sonando a tomadura de pelo. Montevideo y este último —no te leo más, Enrique— Canon de cámara oscura son un continuo de un continuo que viene de lejos y que consiste en elucubrar sinsentidos al hilo de citas de libros y autores conocidos o apócrifos. El libro que nos ocupa, si algún mérito tiene, es el de la invención negligente del "micro-ensayo", es decir, el calibre de una obra apelando a la ocurrencia, a la anécdota o a la extravagancia. · Lo dicho: no te leo más, Enrique. Gutta cavat lapidem.
Demasiado intenso para mi… un robot con inteligencia artificial tiene que vivir en un mundo en el que no puede descubrir al resto lo que es, porque acabarían con el. Estos robots, llamados Dénver, tenían una duración determinada, pero se produjo un fallo eléctrico y eso provocó que sean inmortales. Se pueden reproducir, vivir vidas independientes, pero por lo que sea los humanos les tienen manía y quieren reducirlos.
Este Dénver vivió como mayordomo de un escritor, y a su muerte quedó encargado de crear un canon literario con sus obras favoritas.
Hay mucha meta literatura en el libro, y mucha reflexión. No hay en sí misma acción. Esta bellamente escrito, pero no conozco a muchos autores de los que habla y tampoco he leído sus obras por lo que me desconectaba bastante del relato.
También me pareció que la primera parte, hasta la mitad del libro, era un poco más activo, la segunda parte es más pasiva.
Me parece el peor que leí de Vila-Matas, realmente el único suyo que no me ha gustado. Lo veo como un experimento fallido, este hombre tocando cosas de ciencia ficción de andar por casa, tal vez intentando darle un barniz metafísico al asunto, queda como a un Cristo dos pistolas. No sé si quería hacer algo al estilo de La posibilidad de una isla de Houellebecq pero le ha quedado bastante ridículo, casi más como algo de Eduardo Mendoza a lo cultureta sin caer en lo cómico del otro. Es cierto que, como siempre, empapa los libros de interesantes referencias literarias y cinematográficas, y es lo único que se salva porque la historia es inexistente.
En esta obra, el protagonista selecciona 71 obras con la finalidad de hacer un canon. Lo que va extrayendo de los fragmentos de cada obra contribuyen a darle un sentido a su vida o a buscarlo a través de ellos.
Para hacer esta reseña me ciño a lo que expone Eduardo Laporte en la revista 'República de las letras': "La obra se lee como un divertimento (...). Sin esa hipótesis, Canon de cámara oscura se queda en un ejercicio literario curioso que vuelve al recurso de las citas, todavía dentro de esa visión de la literatura, de los escritores, tan magnificada, mitificada y elevada (...)".
Siempre resulta ser una grata aventura y un reto intelectual leer a Vila-Matas. Enrique es alguien que vive en, incluso más que por, la literarura. Con un areanque magistral, el libro avanza lentamente y a mi entender, de mas a menos. Es uno de las dificultades que entraña comenzar de una manera tan brillante. Pero el libro deja algunas escenas inolvidables, con banda sonora incluida, como la de la canción Love Concert, de Cocktail Naïf. Solamente por eso ya merece la pena leerlo.