Raris. No esperaba mucho de este libro y aun así me decepcionó un poco. Lo compré en una feria de libros usados porque estaba barato y la sinopsis me pareció interesante. Al autor ni lo conocía; en el momento ni leí el nombre y ni pensé que sería un hombre quien escribió la novela.
Es una novela de romance que mezcla el misterio y lo sobrenatural. Es la típica historia de chica buena conoce chico malo y comienzan a salir, muy de la época en que salió el libro (2014). Y no me quejo tanto por eso (aunque tengo una anotación en el libro: "tan 2014 que duele"), pero tiene sus cositas.
Zoe, la protagonista, está buscando a su madre que desapareció de un día para otro como si nada, y para ella el padre no hace nada. Milo, un vampiro —no es spoiler porque ya lo dice la portada, la sinopsis y el primer capítulo narrado desde su punto de vista—, está buscando "sangre nueva" para su clan. Ahí es donde se cruzan sus caminos.
Mi problema es que, al llamarse Milo, pensé que el libro hablaría más de su historia, pero no es así. Se cuenta mucho más sobre Zoe.
Hay cosas que no me gustaron, como que de un día para otro se enamoran, pero no muestran cómo ni por qué. Más adelante lo explico. La verdad, me costó engancharme. Me generó un bloqueo lector de casi cinco meses, hasta que decidí terminarlo. Cada vez que avanzaba, lo juzgaba más.
Los principales, Zoe y Milo, no me gustaron. Más Milo que Zoe, pero ambos me cayeron mal, y como la historia se centra en ellos, costó leerlo.
Zoe es una amiga de mierda, y eso que Christian también hizo sus cosas, pero ella se mandó el doble o el triple de cagadas. Aun así, solo recuerdo que se disculpó una vez, capaz que dos.
Christian es el tercero en discordia. Pobrecito. Me daba pena, aunque al principio me cayó mal por acosar a su mejor amiga "porque sí". Pero después se muestra como una buena persona, sacando eso.
El padre, Walter, tenía la historia más interesante que los adolescentes. Creo que eran los capítulos que más disfrutaba.
Y ahora mi personaje favorito: Lucy Fernández. Esa mujer es LA mujer. Tiene sus cosas, pero la amé. Y eso que aparece muy poco. Ayuda un montón. Aclaro: solo quiero a Lucy, no a sus hijas.
Una de las cosas que me hizo complicada la lectura fue que el autor escribe en tercera persona, y no estoy acostumbrada a eso. Me costó mucho.
Diego Gualda es periodista, y hace poco escuché una reseña de otro libro escrito por un periodista... parece que la mayoría escribe igual: como si estuvieran informando una noticia, no contando una historia de ficción.
Como dije antes, hay cosas que no se muestran. Por ejemplo: ¿cuándo se enamora Zoe de Milo? Solo se cuenta desde el punto de vista de Christian que se van juntos a algún lado, y al siguiente capítulo Zoe confirma que están saliendo. Pero no se ve cómo nace el sentimiento.
Otro detalle: es una novela contemporánea. Se mencionan redes sociales, series, películas y libros populares de la época. No tengo problema con eso, pero leer sobre redes me sacaba un poco. Es algo mío. Igual, los chistes y referencias a series/películas sí me gustaron.
Lo que me shockeó: los vampiros de este libro son más clásicos, tipo siglo XX. Se transforman en murciélagos, mueven objetos con la mente, pueden volar, teletransportarse... no me lo esperaba, y quedé bastante sorprendida.
Se toca el tema de la amistad, y creo que eso está bien logrado. Zoe y Christian se equivocan, pero eso también refleja que ninguna amistad es perfecta.
El romance, en cambio, para mí no se desarrolla bien. Solo se menciona cuando Zoe dice que está enamorada o cuando Christian muestra que le gusta Zoe (eso sí fue tierno).
El libro fue muy predecible. A la mitad ya sabía qué había pasado con la madre de Zoe, por ejemplo.
No sé si lo recomendaría. Últimamente leí varios libros sobre vampiros y tengo planeado seguir leyendo más, pero no creo que este llegue a la altura para recomendárselo a alguien fan del género.
Es una trilogía. Tengo el segundo libro, pero no sé si voy a seguir... aunque les soy sincera: al final del primero se puso interesante. La acción apareció, personajes que no hacían nada finalmente hicieron algo.
Solo por ese final le sumé una estrella más (originalmente iba a ser solo una).