Seleccionada por Alan Pauls, Carla Maliandi y Julián López como ganadora del Premio Futurock Novela 2024. Lucas y su novio Javier hacen cuarentena en el convento de las hermanas de San José de Pinerolo, ubicado en medio de la Pampa cordobesa argentina. El encierro, la enfermedad, y algunos viejos rencores llevan a los personajes a un límite donde ni la fe de las hermanas es garantía de la supervivencia de la comunidad.
Se nota cuando un tword escribe una historia sobre twords, básicamente porque sabe de qué está hablando, qué cuenta, como nos vinculamos. Es realmente entretenido, el encierro, el miedo, tirar día a día y acompañarse.
Leer "San José dormido" fue para mí una experiencia visceral. De esas que incomodan, interpelan, te hacen reír y llorar sin pedir permiso. De esas que te recuerdan que estás vivo. Que todavía se puede escribir desde un lugar incómodo y luminoso a la vez. No quería que terminara (y eso que habla de la cuarentena por Covid).
La novela de Pepe busca verdad. Y lo hace con una sensibilidad filosa. Una verdad que no se impone, sino que se desliza como un susurro, como una pregunta sin respuesta clara.
Presenta vidas que, en teoría, son opuestas: la de un convento de monjas y la de una pareja de varones homosexuales, obligados a pasar catorce días aislados con ellas. Es una maravilla cómo la narración mantiene un equilibrio entre esos mundos, que se tensan hasta el límite y también logran distenderse en la cotidianidad de una nueva normalidad. Porque, al final, nadie es tan distinto a nadie. Y está bien ser un puto católico, qué tanto.
Jugar con lo religioso para vaciarlo, humanizarlo y volverlo carne. Y no cualquier carne: carne queer, frágil, marginal, deseante, contradictoria. En ese gesto de relectura y reescritura hay un acto político sutil pero poderoso. No hace falta que grite. Su potencia está en la literatura misma: en el ritmo, en los cruces de tramas y personajes, en la respiración de cada frase, en los silencios.
Pepe escribe escenas que incomodan, que raspan, y también otras que acarician y reparan. Es sincero y sensible con múltiples temas: el deseo, el miedo, la enfermedad, la otredad, la culpa, el sexo, el castigo, la fe, la muerte, el amor…
Hay libros que se leen. Y hay libros que se atraviesan. Este es uno de esos. A diferencia de San José, que duerme, esta ficción hermosa es una forma de estar más despiertos.
Tal como el otro premio galardonado en la última edición del Premio Novela Futurock, Antártida, de Luz Pearson, la figura que mejor representa la ópera prima de José Ignacio Scaserra es la de un círculo. No se trata en absoluto de un círculo plano, idéntico a sí mismo cada vez que se llega al punto en donde comenzó todo. Se trata, en todo caso, de un círculo mutante, cercano a las figuras que nos convida la topología contemporánea. Un círculo, entonces: la figura de la repetición, pero también, de una repetición que, por su propio hartazgo, necesita encontrar una fisura, un quiebre, una ruta de escape.
El círculo, entonces: una pareja que viaja a Córdoba y que permanece encerrada en un convento por disposiciones municipales frente a la amenaza del COVID. El círculo, entonces: la dinámica eclesiástica, el sol -que siempre sale del este-, los horarios insoportables (de la cena, del trabajo, de la charla telefónica con los padres enfermos). El círculo, entonces: la repetición sin posibilidad, al menos durante la primera gran parte del libro, de fuga.
¿Cómo construir una fuga sobre la base de un círculo? ¿Cómo quebrar una repetición que endurece mis vínculos y los avejenta, que me transforma y me vuelve tanto más insensible, tanto más violento? ¿Cómo permanecer en el círculo, atento, expectante, preocupado, pero sin perder la amabilidad, el tacto y el cariño?
San José Dormido nos invita a pensar esta experiencia, sin duda atada a nuestra vida contemporánea. De qué círculos somos presas y de qué círculos somos responsables; y, por sobre todas las cosas, en dónde, bajo qué modulaciones y tesituras, se encuentra nuestra voluntad y nuestra fuerza, para romper con esa figura geométrica que ejerce sobre nosotros una fuerza de ley implacable.
¿Qué es una escapada, un cigarrillo escapista, un paseo por el bosque al interior de una institución que parece tener toda su cuadrícula profundamente vigilada? ¿Qué es esperar la muerte de un otro amado -el círculo, por definición- siendo yo también un círculo?
Es una historia de pandemia, religiosa y gay, sin embargo bien balanceado todo y bien realizados los personajes, me gusto bastante, un poco odie al protagonista tho, todos los demás hermosos
Este libro me dejó una sensación hermosa en el cuerpo, de esas que cuesta explicar con palabras. Es una historia profundamente humana, sensible, que nos interpela a todos porque transcurre en un tiempo que vivimos colectivamente: la pandemia, el aislamiento, las distancias, el miedo, el dolor… y también la necesidad de abrazarnos, de sentirnos cerca. Lucas y Javier son dos personajes que se ganaron mi corazón por completo. Sentí su amor, su ternura, sus luchas internas, sus silencios. Los acompañé en su reclusión dentro del convento de Jovita, un espacio cargado de simbolismo y de humanidad. La historia que comparten es íntima, conmovedora, y me hizo empatizar desde el primer momento. Giampiera fue mi personaje favorito. La amé, la vi, la escuché. Sentí su presencia como si estuviera a mi lado. Y también sentí con fuerza el dolor de Lucas, su adolescencia marcada por la falta de amor y apoyo familiar, contrastando con la contención y el afecto incondicional que tuvo Javier. Esa dualidad en los vínculos me llegó profundamente. No puedo dejar de mencionar las palabras de Osvaldo a su hijo, tan desgarradoras, tan reales, que me tocaron el alma y me hicieron pensar en mi propio padre. Fue un momento difícil de leer, pero necesario. Por momentos no quería seguir, no porque no me gustara, sino porque no quería que terminara. No quería soltar a estos personajes ni despedirme de este mundo tan vívido y lleno de emociones. Hasta ahora, es mi lectura favorita del año. José Ignacio Scasserra escribió con tanta precisión, sensibilidad y belleza que me sumergió completamente en su universo. Recorrí Jovita, habité el convento, conocí a las monjas, y por supuesto, a Carolina, que llenó de luz cada página en la que apareció.
Gracias, de corazón, por esta historia tan bella. La recomiendo sin dudar.
"Si Dios existe, es un Lechón Viajero [...] Nos reúne, nos da alegría y hasta nos puede salvar. ¿Qué otra cosa es Cristo en la cruz?"
Es un libro PRECIOSO. Es increíble como un libro tan chiquito puede hacerte sentir tantas emociones. Habla de muchísimas cosas, del amor, la familia, la religión, la comunidad, los vínculos. No es una lectura fácil, tiene momentos trágicos, tristes y duros de leer (sobretodo porque la pandemia de COVID dejó una herida colectiva que todavía no cierra del todo). A pesar de eso, la historia también tiene momentos de luz y amor que te enternecen el alma y te sacan una que otra lágrima.
Es una novela hermosa que me hizo llorar a lagrimones, primero d ela risa, después del dolor y al final de la emoción. Catártica y embebida de justicia, una pareja que encuentra la felicidad en el lugar y el momento menos pensado. Religión, sentimientos y comunidad. Súper recomendable.
Suelo descartar libros con temática COVID pero este me llamó la atención. Es muy hermoso, honesto, gracioso, bien narrado, creíble. Como extra me hubiera gustado más de la historia con Ruben pero de morboso nomás.
jugar con lo religioso para darle forma a un relato queer quizás suene extraño, pero wow qué bien se sintió leer este libro. una historia que resignifica lo sagrado desde la intimidad, la incomodidad, el deseo y la ternura.
Posta que no puedo creer que haya ganado el premio futurock*. No safa de ningún lado, salvo por ahí la temática, que se yo. Tiene un abordaje de la experiencia gay que parece la versión de clase B de una de Almodóvar y una exploración de la espiritualidad que no supera la profundidad de un ateísmo reciente y precoz. Esto sería—no digo perdonable, pero sí tolerable — si estuviese sostenida por una buena escritura. No es el caso, está lejos de ser el caso. Agarras una página promedio de la novela y te vas a encontrar con 15 oraciones cortas que luchan para formar un párrafo, dos párrafos de una oración y el resto diálogo de ascensor. Esto en el mejor de los casos. Bueno, ok, no tenes que ser Saer para escribir bien, por ahí buscó conseguir fuerza en una estructura más sencilla??? No, error otra vez. Es todo muy muy plano, superficial, tanto en la descripción como en la metáfora. UNA Y OTRA VEZ TE MANDA UN SUBTEXTO O FIGURA PELOTUDISIMA Y ACTO SEGUIDO TE LA EXPLICA.
*Bueno, quizá no sea algo TAN sorprendente en retrospectiva...
Terminé este libro hermoso en tres días. La premisa es simple: una pareja gay viaja a Jovita a ayudar a los padres de él porque enfermaron de COVID en plena pandemia, apenas llegan tienen que hacer la cuarentena en un convento de monjas ultra conservador. El manejo del diálogo es excelente. Me reí, lloré, pude ver cada una de las caras de las monjas moverse como pingüinos por el claustro. me emocioné mucho con el final, hasta sentí envidia de la familia de Javier. Una historia re simple con una herida fresca como fue la pandemia. Me encantó.
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Me atrapó desde el inicio por el contexto: dos argentinos encerrados en cuarentena (COVID) en un convento de monjas en un pueblo perdido de Cordoba. Se tocan temas como el desgaste de la pareja, la relación de la religion con las personas de la comunidad y otros. Logré sentir algo de empatía por las monjas y eso lo reconozco como un triunfo de la novela en ser compleja. Nada aquí es blanco o negro. Por otra parte, los personajes principales (la pareja) son entrañables y con toques humorísticos. Por momentos recordaba las novelas de Manuel Puig.
San José Dormido me atravesó. Es uno de esos libros que no solo se leen, se viven. José Ignacio Scaserra logra algo muy poco común: escribir con belleza sobre lo íntimo, lo espiritual, lo erótico y lo doloroso, todo en una misma historia.
Como lector gay y católico, me sentí profundamente identificado. Hay momentos en los que me vi reflejado con una claridad que me incomodó, que me conmovió, que me sanó. La forma en que el libro explora la tensión entre la fe y la sexualidad, entre el rechazo y el perdón, me pareció tan real, tan honesta, que me tocó en lugares que creía ya cerrados.
También quiero destacar cómo el autor maneja las emociones: pasás de la excitación a las lágrimas en cuestión de páginas, sin que se sienta forzado. El erotismo está presente, y está muy bien logrado. Es tierno, crudo, intenso, pero también necesario. Hablar del cuerpo, del deseo, del placer, en este contexto, es un acto de libertad. De afirmación.
Hay escenas que se te quedan grabadas por su fuerza simbólica, por lo que insinúan más allá de lo que dicen. Un beso que incomoda, una cocina que se vuelve altar, una cita bíblica dicha con humildad: cuando se recuerda que Jesús fue a comer a la casa de Zaqueo, alguien marginado por su entorno. Esa escena, en particular, me pareció profundamente sanadora. Porque muestra que el amor —el real, el humano, el que incomoda y abraza a la vez— también puede ser un lugar de encuentro con lo divino.
Y esa culminación simple, a través de una comida compartida, donde las diferencias se disuelven y la fraternidad se siente palpable, fue para mí un cierre que invita a creer en la posibilidad de puentes verdaderos, de encuentros genuinos más allá de prejuicios y barreras.
San José Dormido no es solo un libro hermoso: es necesario. Me dejó con el corazón lleno y revuelto a la vez. Lo recomiendo con todo mi ser.
Estos últimos días estuve de viaje, recorriendo las profundidades de la subjetividad de Pepe Scasserra y, a la vez, asomándome a mis propios abismos. Leer “San José dormido” es como encarar un largo viaje en auto por las rutas argentinas… de esos paréntesis necesarios que te dan tiempo para repensar la vida, reflexionar sobre el presente y revisitar el pasado.
Además de contarnos una hermosa historia de amor, que es el hilo conductor de la novela, Lucas nos deja conocer su pasado y nos transfiere la incomodidad que lo habita esos días por tener que hacer cuarentena en un convento. Como al pasar y en poco más de 200 hojas, hace también una radiografía delicada y muy graciosa de los pueblos perdidos en las provincias argentinas. Toda la historia del Lechón viajero es hilarante y apela directamente a la memoria afectiva de quienes venimos del interior.
Como tiene lugar durante la pandemia, un tiempo al que como sociedad no hemos querido volver, resulta inevitable revivir esos meses de miedo, aislamiento, frustración y desconsuelo, más que nada para quienes estuvimos cerca de personas que perdieron a sus seres más queridos.
Escrita en primera persona con una sinceridad refrescante, usa un lenguaje claro y preciso para llevarnos con agilidad entre su pasado y ese presente. Sin perder el ritmo en la lectura, pasás por todos los estados de ánimo. En una página te estás riendo con los chismes del pueblo, en la siguiente te encontrás llorando desconsoladamente.
Por último, aay sutilezas sublimes en la forma que está escrito. Comparto las dos muy originales:
(1) Cada capítulo corresponde a un día de cuarentena, pero hacia la mitad del aislamiento, los capítulos ya no separan tan tajantemente los días.
(2) La descripción de cada personaje es liviana y se da apenas a partir de la forma particular en la que cada personaje se expresa o a través de comentarios o chismes sobre esas personas.
4.5 San José dormido encarna la pregunta sobre la construcción vincular queer en lo que es-pero-no-es/se-siente-pero-a-la-vez-no el fin del mundo. Y es aún más dulce, triste y cómica de lo que esperaba. Los personajes son tangibles y, a la vez, tienen personalidades complejas lo que Scasserra retrata en acciones y decisiones que son tan lógicas como desesperantes y, por ende, lo suficientemente humanas. El elenco de trolos, monjas, padres y niña se balancea perfectamente y la comida emerge como un protagónico atinadísimo, justo. El vínculo con la religión católica y la familia emerge como otro eje ordenador y se siente como una travesía emocional que, quizás por mi condición gay y de escuela religiosa, atraviesa por completo, por momentos, como patada ninja pero también como conversación larga de madrugada. Me encantó la historia, la argentinidad y orgullo gay con la que la narrativa se sostiene así como se cierre acertadamente. Recomiendo, recomiendo y recomiento. Y si, por esas casualidades hay algo, de La flor púrpura o Papá nos quiere que te resuena de la relación familias problemáticas-catolicismo, acá tenes un acercamiento menos dramático, más cercano pero no menos sentido. ¿Qué más tenes Scasserra? Estoy.
es una obra que avanza con una mezcla muy cuidada de sencillez y profundidad, como en puntas de pie para no depertar a nadie en un convento por las noches, conmoviendo muchas veces de manera inexplicable.
el libro se abre desde lo emocional, aunque también ofrece capas más profundas para quien quiera pensar en temas como las relaciones humanas, la espiritualidad, el amor, el deseo. Tiene una melancolía dulce, una tristeza luminosa, como si abrigara algo primitivo y universal, y sin caer jamás en la pretensión.
La relación entre los protagonistas tiene algo de lo idílico, sí, pero también de lo real, de lo posible. Es un vínculo que toca algo profundo en quien lo lee, quizás por su ternura, quizás por lo que representa. Esa cercanía emocional es una de las grandes virtudes del libro.
Hace mucho que una lectura no movilizaba tanto desde ese lugar. Es, sin duda, una obra muy disfrutable, con una voz narrativa que se siente cercana y honesta, y que invita a ser leída con el corazón más que con la cabeza.
San José dormido me atravesó por completo. Lo que más me impactó fue lo real que se siente todo: esa sensación de encierro, de silencio, de convivencia forzada pero también íntima, me llevó directo a mis propias vivencias durante la pandemia. La historia de Lucas y Javier me tocó especialmente. Su relación, con ese cruce de mundos —uno más urbano, el otro más de pueblo- me recordó mucho a la mía. Ver cómo sus costumbres se mezclan y cómo construyen algo propio me hizo sentir identificado y conectado con ellos desde el principio. Hubo momentos que me emocionaron profundamente, y otros que me llevaron al éxtasis 🔥 . Logro con su escritura algo que no es fácil: hacer sentir, de verdad. A Pepe Scasserra solo me queda decirle gracias. Gracias por compartir esta historia, por ponerle palabras a lo que tantos sentimos, y por regalarnos una obra tan sincera y potente.
No espere que iba a gustarme tanto. Pensé que la dualidad entre la religión y la diversidad sexual iba a ser tratada desde un lado político, y que no haya estado ni cerca de eso es lo que hace especial esta historia. cuando alguien dice “tengo un libro donde dos pvt0s pasan la pandemia en un convento de monjas” lo primero que se te ocurre es en las diferencias que podrían llegar haber, y aunque están presentes, no se siente como un libro que trate de eso. Los sentimientos están retratados de tal forma que te hace sentir identificado con todos los personajes. Lagrimié, me reí, lo termine con un sabor a dulzura en la boca.. Lo volvería a leer. Giampera mi preferida obvio
Qué lindo es leer historias de putos que no caigan en clichés, que cuenten un amor real. El coqueteo con la religión torna la historia muy interesante y ocurrente desde el inicio; gran guiño a todos los que tuvimos una educación católica. Triste de a ratos, pero tierna en todo momento, es una hermosa novela para devorar. Me gustó mucho.
seguramente lo que más me ha enganchado de todo el libro es lo bien que se plasma qué es la ternura, el amor, el cariño y la bondad, algo que falta mucho últimamente en este mundo, y que se puede encontrar en las pequeñas cosas. que libro tan bonito y que precioso es querer a una persona tanto como se quieren los protagonistas
Narrativa que recuerda a tiempos de pandemia y de un pueblo cordobés y sus costumbres,. Circula la erotica, el amor y los desencuentroa en una escritura honesta envuelta en lo místico de un convento. Preciosa novela que hace fluir la lectura, conmueve.
Es una belleza, no lo pude soltar. Una historia conmovedora y tierna que en varios momentos me hizo emocionar. Hace mucho no me pasaba esto con un libro.