En mi casa siempre se ha hablado mucho, y es algo que luego he visto en frases motivacionales de las redes sociales, de lo importante que son los finales en cualquier relación y en cualquier historia. Porque siempre son los que, al final, definen cuál ha sido tu trayectoria en cierta situación y qué recuerdo te llevas de ella. Y eso, por supuesto, es perfectamente válido para las lecturas, especialmente para las que son más de un libro. Y, por supuesto, define perfectamente cuál ha sido mi experiencia con la “Trilogía de Tesalia”, que finalmente he terminado este enero. El primer libro de la saga, “La Ciudad Justa”, lo leí por el 2023 y me encantó, si mal no recuerdo, de hecho, estuvo entre mis mejores lecturas de este año. Pero en 2024 su continuación, “Los Reyes Filósofos”, me dejó un amargo sabor de boca. Con todo lo que me gustó el primer libro, la pena de que el segundo se me quedara en una historia más plana en todos los sentidos, que sentí que nunca llegó a despegar del todo. Por eso, casi dos años más tarde, y eso es algo que creo que puede haber jugado un poco en mi contra en esta ocasión, tenía tanto miedo como interés por saber qué me iba a deparar el cierre de la trilogía con “Necesidad”, saber si me iba a dejar una impresión más parecida a “La Ciudad Justa” o a “Los Reyes Filósofos”. Y, sobre todo, ya no solo saber qué final le iba a dar Jo Walton a esta historia tan rocambolesca que incluye mitología griega, robots y mucha filosofía clásica. Saber también cómo iba a hacerlo. Porque una de mis grandes pegas de las dos novelas anteriores fue lo precipitado que me resultó el desenlace de ambas.
Así pues, ¿qué me ha parecido “Necesidad”? Pues me alegra decir que me ha gustado mucho y, a grandes rasgos, me ha dejado muy buen sabor de boca. Quizás no haya llegado a gustarme tanto como “La Ciudad Justa”, pero me ha parecido un cierre de historia estupendo y para nada decepcionante.
Han pasado 40 años desde que el dios Zeus trasladó a la Ciudad Justa y el resto de las ciudades remanentes a un planeta del espacio exterior. Durante este tiempo, los habitantes de las ciudades han tenido contacto con diferentes razas alienígenas. Pero por fin parece que van a reencontrarse con la humanidad, justo el mismo día en el que muere Piteas, permitiendo que Apolo recupere su divinidad. En estas, la diosa Atenea ha desaparecido misteriosamente. Parece que en su insaciable búsqueda de conocimiento ha decidido ir a donde nadie más se ha atrevido, dejando tras de sí una compleja red de pistas a lo largo del tiempo y el espacio que Apolo, acompañado de dioses alienígenas, descendientes suyos, compañeros filósofos y un personaje que se creía desaparecido, deberá resolver si quiere que todo por lo que han luchado para mantener el ideal platónico siga adelante.
Probablemente la propuesta de la galesa Jo Walton sea una de las más originales que hemos tenido la suerte de que haya llegado traducida a nuestro país gracias a la labor del sello Duermevela. “La Trilogía de Tesalia” aúna viajes en el tiempo, filosofía, ciencia ficción, mitología y una trama que se caracteriza por la manera en que trae los debates filosóficos del mundo platónico y de la cultura clásica a nuestro tiempo. Las ideas platónicas y de diferentes filósofos a lo largo de la historia son colocadas sobre la mesa para crear diálogos en los que se trabajan distintos temas de rabiosa actualidad con los que cualquier lector del momento puede sentirse cercano. Demostrando la importancia de una rama que muchas veces es tan despreciada como la filosofía y hasta qué punto pueden llegar a ser atemporales unas ideas concebidas mucho antes del nacimiento de Cristo, y la gran inteligencia narrativa de su autora para crear una trama llena de crítica actual de una manera afilada y fresca. Al igual que en sus antecesoras, en “Necesidad” nos encontraremos con gran cantidad de debates y diálogos filosóficos, en los que se tocarán temas tan potentes como el libre albedrío, el poder de los gobernantes y la necesidad de cuestionárselo todo. Y es que uno podría pensar que estos momentos solo sirven para ralentizar la trama. Pero la historia de Jo Walton funciona porque no es una mezcla de elementos dispares, colocados al tuntún, sino que todos funcionan de una manera pulcra e inteligente. La trilogía es una historia filosófica y de ciencia ficción en la que estos debates son parte intrínseca de la propia trama y su principal motor emocional, sin ellos esta trama no tiene ningún tipo de sentido. Y demuestran la riqueza y complejidad de la ciencia ficción y cómo este, aunque a veces se nos pueda olvidar, no deja de ser un género que ha nacido al servicio de la actualidad, para echar un vistazo y criticar lo que está pasando en los momentos en los que sus diferentes obras fueron escritas, y hablarnos, al igual que la filosofía, en definitiva, del hombre y todo aquello que siempre le ha preocupado o le rodea en cada momento histórico. La gracia es cómo aquí Jo Walton sabe manejar elementos muy dispares, de una manera que resulta potentemente original, y cómo consigue que ninguno desentone respecto al otro, que todos tengan sentido dentro del argumento y una historia más que convincente, entretenida y poderosa en sí misma.
Siguiendo la estela de las dos novelas anteriores, “Necesidad” está narrada con una prosa directa y un ritmo narrativo suave, pero no por ello carente de agilidad. Además, la novela se divide en capítulos contados desde los puntos de vista de los diferentes protagonistas, lo cual aporta mucha frescura y agilidad a la narración y permite al lector enterarse de diferentes sucesos que tienen lugar a la vez. Para mí, es ahí donde creo que se debe estar más atento, ya que hay diferentes saltos temporales y capítulos en los que les pasan cosas a los personajes antes o a la vez que a otros personajes, lo cual se explica mejor posteriormente. Walton ya había manejado al principio de la trilogía el concepto de los viajes en el tiempo, pero en este libro se ahonda más en este aspecto, que es uno de los más relevantes argumentalmente. Walton no explica de buenas a primeras cómo funciona, al igual que tampoco lo hace con algunos de los conceptos que van a aparecer a lo largo de la novela, como el que le da título. Nos da pistas de qué son y cómo funcionan, pero mantiene en ascuas al lector, incluso cuando por fin se decide a explicarlo. Quizás nunca llegues a sentirte cómodo con la manera en que funcionan, o en cómo se dan los viajes en el tiempo, dentro de su particular revisión de la mitología griega, pero tampoco te sientes del todo perdido ni te frustras. Y, además, siempre resulta muy agradable encontrarse con que dentro de esta historia aún hay enigmas o nuevos elementos que hagan su aparición por primera vez, que incluso en su cierre sea capaz de sorprender y de poner sobre aviso al que lee. Eso da la sensación de que el worldbuilding es incluso más complejo de lo que podría ser esperable en esta mezcla de planetas en el espacio y dioses griegos.
De todas formas, también tengo que reconocer que parte de que haya habido momentos en los que me haya gustado enfocarme en la historia, sobre todo al principio, se debe a que han pasado casi dos años desde que leí “Los Reyes Filósofos”. Era inevitable que muchas cosas se me hubieran olvidado, de ahí que en varias ocasiones me haya visto obligada a volver a los dos libros anteriores a buscar cierta información para poder ubicarme dentro de la historia. Pero incluso con ese pequeño hándicap, también hay que reconocer que Walton, aunque empiece a escribir dando por hecho que el lector recuerda lo que sucedió en las novelas previas, sabe dar pequeñas pinceladas de información que pueden servir de guía en este aspecto al lector más olvidadizo, o que le haya pasado como a mí, de manera que no se sienta del todo perdido.
Pero volviendo al tema, otra cosa que también me ha gustado mucho del tercer libro es cómo Walton nos muestra cómo ha ido evolucionando la Ciudad Justa y su entorno a lo largo del tiempo y la manera en que se ha ido adaptando a todo tipo de cambios. El sueño de Atenea de forjar una ciudad cimentada en los ideales platónicos quizás no haya sido tan puro como a su precursora le hubiera gustado, pero no por ello ha ido tomando una deriva compleja y muy interesante que la autora ha sabido manejar a su favor perfectamente. Ahora, los filósofos viven en el espacio exterior y han entablado todo tipo de relaciones con diferentes razas. De hecho, la humanidad a la que en un principio pertenecían es para ellos más extraña y lejana que algunas de las nuevas razas que tan importantes serán en este tercer libro. El simple hecho de que tras 40 años haya ciudadanos que hayan nacido directamente en el espacio exterior y no conozcan la Tierra es algo que aporta mucho a la trama y a la manera en que todo se mueve, o que se haya forjado un consejo entre los dirigentes de las principales ciudades filosóficas y otras especies alienígenas. Y eso da un juego increíble en toda la trama que, como ya os digo, aporta mucho y resulta más que relevante. Pero, sobre todo, nos demuestra lo bien medido que está todo y lo natural que es esta historia por su gran sentido de lo orgánico y lo verosímil. En esta ocasión, además, también resulta muy interesante por la variedad de personajes que aparecen entre estas páginas. Las nuevas incorporaciones darán mucho juego, ya que serán muy relevantes para la trama. Pero, a la vez, Walton no se olvidará de viejos conocidos, recuperando algunos personajes que ya aparecían en las anteriores novelas y dándoles en esta su propio espacio y su importancia para el desentrañamiento del misterio principal, que es descubrir dónde diablos se ha metido Atenea. Me ha hecho especialmente ilusión leer las partes narradas por el robot Croco, que nos ha demostrado cómo es la vida de los trabajadores en el planeta Platón, y cómo se ha ido desarrollando su conciencia, a la vez que descubrimos cómo es posible que un robot pueda ser tan profundamente humano y enternecedor. Y, por supuesto, mención especial para la aparición estelar de uno de los personajes más queridos de toda la trilogía, si no el que más. La vuelta de este personaje no solo revoluciona todo, también a mí me ha supuesto una gran alegría porque fue mi favorito en “La Ciudad Justa”. Y no digo más, porque sería una pena chafaros la sorpresa si aún no habéis leído estos libros. Tan solo me quedaré con que todos estos personajes, para bien o para mal, dan mucho salseo a toda la lectura. Sí, digo bien, salseo. Porque no todo va a ser filosofía y viajes en el tiempo, crítica social y preguntas trascendentales. Walton sabe meter una historia de corte más amoroso que ya está esbozada al principio de la lectura, pero que explota cuando menos te lo esperas. Y que se desenvuelve de una manera inesperada, pero, a la vez, fuertemente relacionada con todos los ideales platónicos y la manera de hacer las cosas de las diferentes especies y ciudades que nos encontramos en este libro. De una manera sencilla la autora sabe sacarle todo el jugo de una forma que para mí ha sido brillante y hasta un poquito encantadora, por lo bien que casa con todo lo demás que compone el libro.
Y la guinda del pastel ha sido el desenlace. O mejor dicho, la manera en que se ha desarrollado. Porque una de mis mayores quejas con “La Ciudad Justa” y “Los Reyes Filósofos”, al igual que para muchos lectores, fue lo precipitado de las últimas páginas de estos dos volúmenes, la manera tan rápida en que se cerraban estas historias, de forma que resultaban insatisfactorias por ello, y a mí, como lectora, por lo menos me frustraron mucho. Y es que, en varias entrevistas, la propia Walton ha reconocido que cuando llega al final de sus novelas, quiere terminarlas rápido para ponerse con la siguiente. Pero en esta ocasión, hay que reconocerle que ha hecho los deberes. Se nota que es el final de la trilogía y quiere despedirse de sus personajes y de la trama como se merece. Los últimos capítulos de “Necesidad” tienen el mismo ritmo ágil, pero suave, que ha tenido todo el libro, su desarrollo es mucho más tranquilo y detallado que lo que vimos en los anteriores. Y, a la vez, la autora lo lleva a cabo con las puntadas justas y necesarias para dejar bien cerrado todo el entramado que ha sido “La Trilogía de Tesalia”, sin aportar nada más que lo necesario, y dejando por ello muy buen sabor de boca. De hecho, yo diría que las últimas líneas del libro me han conmovido profundamente, ya no solo porque hayan sido el cierre que necesitaba y pedía esta historia, también por lo especiales que me han resultado y el golpe de efecto emotivo que Walton ha metido en unas poquitas palabras. Quienes lo hayan leído me entenderán perfectamente, seguro.
Sinceramente, no me hacía muchas ilusiones con cómo fuera el final después de los dos libros anteriores, pero me alegro mucho de que la autora se haya contenido en pisar el acelerador y le haya dado a una trilogía tan especial un desenlace tan bueno. He disfrutado “Necesidad” durante toda su lectura, y esta trilogía ya ocupa un lugar especial en mi corazón, terminarla me ha producido un pellizquito de pena en el corazón. Al final, aunque el segundo libro no termine de gustarme, siempre pensaré en ella con mucho cariño. Y no descarto leerla en algún futuro.